«El pelotón se va a poner en fila de a uno antes de subir a Estibaliz»

Beloki posa frente al santuario de Estibaliz, donde hoy concluye la etapa./AFP
Beloki posa frente al santuario de Estibaliz, donde hoy concluye la etapa. / AFP

Joseba Beloki explica que la subida al santuario «no es dura» pero que tiene dificultades que deberán superar los ciclistas

GAIZKA LASA

Vive en Vitoria, anda –mucho– en bici y atesora como pocos la capacidad de análisis y divulgación que requiere una etapa como la de hoy en la que, aparentemente, no tiene que ocurrir «nada». Joseba Beloki (Lazkao, 1973), ciclista astuto, experto a la hora de leer las situaciones de carrera, se pasó un lustro agudizando el ingenio para derrotar la tiranía de Lance Amstrong. Fue uno de los únicos que le incomodó. Para el recuerdo quedará aquel ataque en el Alpe D'Huez de 2003, año de la fatal caída que frustró sus esperanzas cuando más alto parecía que podía volar.

Hoy por hoy reivindica este oficio en un medio especializado como 'Ciclismo a Fondo' y resulta didáctico en sus comparecencias en Radio Euskadi. Sabe que también en esos días en los que no ocurre «nada» hay claves a tener en cuenta. No se llega al podio del Tour de otra manera. Beloki invita a disfrutar hoy de la vertiginosa «fila de a uno» que se va a formar en las rectas previas a las rampas que conducen al santuario de Estibaliz, final de la tercera jornada de esta Vuelta al País Vasco.

Es consciente de que la etapa no va a decidir la carrera, pero defiende que «las vueltas tienen que ser completas y en ellas tiene que haber de todo. No puede ser que todos los días sean trampa, con emboscadas y muros imposibles. Soy crítico con eso». Explica que el recorrido permitirá «ver movimiento desde la salida». «Es la clásica llegada a Vitoria, donde siempre se deja una escapada con tiempo para luego apretar, pero en este caso hay un terreno complicado después de subir Goñi –9 kilómetros al 4,7% de desnivel medio–, donde se rueda por Tierra Estella, con kilómetros de desgaste, de viento, aunque no será determinante. Y cuando se entra en la zona de Opakua, todo pica para arriba, durante ese tramo que pasa por San Vicente, hasta llegar a la cima del puerto (4,6 kilómetros al 4,7%)».

Quedan casi 60 a meta, bastante favorables, aunque en el ciclismo no todo el atractivo se lo llevan los puertos. El que se relaje a partir de ese punto puede pagarlo caro, según la exhaustiva descripción que Beloki realiza del tramo final.

Tras bajar Opakua «entramos en una zona que es rápida, por Larrea, Marieta, Ullibarri Gamboa, Durana... bordeando todo el pantano. Es un recorrido muy rápido y, sobre todo, donde van a tener que estar atentos para cuando llegue la parte clave. Me refiero a ese punto, una vez haber pasado por Arkaute, donde se toparán con el estrechamiento de Illarratza».

La etapa ya ha consumido 187 kilómetros, pero todo empezará de cero en los cuatro que quedan hasta meta. Beloki subraya que en Illarratza «va a pasar la carretera de tener dos carriles amplios con dos arcenes, por la antigua N-1, a otro camino muy diferente. De los últimos cuatro kilómetros hasta el santuario de Estibaliz, salvo el último kilómetro y medio, donde la carretera vuelve a ser buena, el resto es tan estrecho que no pasan dos coches en paralelo».

Un pelotón fustigado por las órdenes que calentarán los pinganillos entrará a bloque en ese embudo «como si accediera al carril de salida de una autovía». «Atravesará un paso a la altura de la iglesia, y a partir de ahí, encarará una larga recta que va a Cerio, que está como en un pequeño alto. Ahí, si vamos dos coches de frente, uno tiene que parar. Si en Illarratza el pelotón se estira, no hay sitio material para recomponerse después. Es pasar por Cerio, que son tres casas que se pasan muy rápido, y a partir de ahí, hasta llegar a Argandoña, recorrer una recta larga, picando ya para abajo, muy estrecha, donde se irá muy rápido y en fila de a uno. El que quiera ganar la carrera, a cuatro kilómetros de meta ya tiene que estar delante. Si no, lo va a tener muy complicado».

Baldosas y baches en la meta

Una vez que se pase el momento más tenso del día, Beloki asegura que «la subida final no es dura». Explica que «desde la rotonda de abajo, el kilómetro y medio que hay hasta meta es de porcentajes suaves, de subir con plato grande. Pero con los últimos 200 metros con baldosilla, bacheado, llega un terreno un poco complicado, en zona semipeatonal. Ahí sí que va a ser importante la potencia de los últimos metros. Se llegará muy estirado. No va a ser un sprint limpio como el año pasado en Valdegobia, se va a estirar tanto tanto que disputarán la victoria tres o cuatro corredores como mucho».

Lo corrobora subido a su bici. Deja atrás la rotonda de Arrandoña y la carretera se ensancha. «La parte más complicada está aquí abajo», dice. «Después de la pancarta del último kilómetro suaviza un poco hasta llegar a los últimos 200 metros, de paso peatonal, y un poco de curva. Es un final botoso». No tiene que esprintar. Nunca ha sido su fuerte. Pero quienes quieran desplegar aquí su punta de velocidad tendrán que hacer muchas cosas y bien durante los últimos cinco kilómetros para llegar con opciones de victoria.

«Es la etapa más limpia para un corredor esprinter. Ssí que habrá equipos que vayan a controlar la carrera. Porque tampoco después de pasar por Opakua veo un riesgo de abanicos. De haberlos, los puede haber en los últimos cuatro kilómetros. Si pega viento sur, va pegar de costado y va a poder hacer daño», advierte. En definitiva, considera que es una etapa «más tipo clásica y para corredores potentes».

Da la explicaciones sin síntomas de fatiga. Sigue en forma. De hecho, tiene una agencia de viajes, organiza un campus en Calpe y varias salidas en Mallorca y Pirineos. «Así me obligo a hacer algo y ando muy a gusto», bromea. No todos los días se puede rodar junto a un podio del Tour, piensan sus clientes. Cuando se baja de la bici, trabaja en Ikolan «ayudando a estructurar las organizaciones con voluntariado».