Alaphilippe salta su segundo Muro

Alaphiilippe entra por delante de Fuglsang en el Muro de Huy. /Afp
Alaphiilippe entra por delante de Fuglsang en el Muro de Huy. / Afp

En un final agónico ante Fuglsang, el francés revalida su triunfo en la Flecha Valona, con Valverde decimoprimero

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El Muro de Huy son tres minutos. De calvario. En realidad, esta empinada calle belga donde acaba la Flecha Valona se llama Camino de las Capillas. Son seis. Cada una con su alegoría. 'El dolor', 'la muerte'... Avisados están los peregrinos. Los ciclistas que cada año suben por ahí lo saben, como sabían que iba a suceder lo que al final pasó. Que ganó como en 2018 Julian Alaphilippe, el heredero natural de un Valverde al que pesan ya sus 39 años. Pero no resultó tan sencilla la victoria del francés. Ya se encargó el danés Jakob Fuglsang de convertir la ceremonia de Huy en un camino de espinas.

Y todo en tres minutos. En ese kilómetro vertical. El resto, los otros 194 kilómetros, se los llevó el viento. Literal. El aire, en contra, de lado y a favor, convirtió la clásica en una tortura. Azotó con ráfagas a un pelotón maltratado también por caídas como las de Ion Izagirre, Adam Yates y Pozzovivo. El dolor avisaba. Tras la paliza contra el viento y después del trabajo de Enric Mas en la penúltima cota, Chrerave, para proteger a Alaphilippe, solo quedaban esos tres minutos de agonía.

El francés, con Valverde a rueda, cruzaba miradas con Ulissi, Fuglsang, Wellens, Schachmann, Kwiatkowski... A 800 metros de la meta está el número 1 del Camino de las Capillas. Un cartel asusta. El 19% de desnivel. El viento, encima, seguía de frente. Eso hace más complicado calcular la detonación final. Los pistoleros jadeaban. Tenían que mantener firme el pulso en plena asfixia. El piso es botón. Todo vibra. Todos se miraban al paso por la primera capilla.

En la curva dedicada a Claude Criquielion, ganador dos veces aquí, la cuesta sube al 25%. Ya no valen los cálculos. Faltan unos 300 metros. Algo más de un minuto. La quinta capilla está dedicada a la muerte. Y Fuglsang salió ahí a acabar con todos. De lejos. Consciente de que su única llave para la victoria era ahogar a los más veloces. Solo le resistió uno, el peor, el mejor. Alaphilippe. Inquieto, ardilla, el francés se giraba para ver si Ulissi o Lambrecht se acercaban. No. A rueda de Fuglsang, el menudo galo cruzó bajo el cartel de 200 metros. Ya nadie tiene ahí aire. El único con fuelle era el viento. Empeñado en frenarles. Con la pancarta al fondo, Alaphilippe se elevó sobre los pedales, boca abierta, para dar todo, lo que tenía y lo que no. Fuglsang parecía sentenciado. Casi.

El sucesor de Valverde

El danés, que el pasado domingo acompañaba a Alaphilippe cuando a veinte metros de la meta de la Amstel Gold Race les pasó como un tren Mathieu van der Poel, no se rendía. Pura clase. Mantuvo el pulso hasta el metro final. Y lo perdió. Alaphilippe, pez fuera del agua, solo pudo celebrar su segunda Flecha Valona con un brazo. En cuanto pudo se tiró al suelo, encogido contra las vallas. Pedía agua. O mejor, aire. Le daba igual que al fondo se viera la chimenea de la central nuclear de Tihange. Necesitaba toda la energía que le habían quitado Huy y Fuglsang. A unos metros entró Ulissi, tercero. Valverde, decimoprimero, cumple mañana 39 años.

Su lugar lo ocupa Alaphilippe. En la Flecha de 2015, el recién llegado francés acabó segundo tras el murciano. Como el año siguiente. En la edición de 2018 se dio el relevo. Alaphilippe pudo con Valverde, el poseedor, con cinco victorias, del récord en la Flecha. Es ley de vida. El galo tiene 26 años. Está en su era si Van der Poel, que no estaba invitado en esta clásica, no se lo quita. Ese duelo entre el Alaphilippe y el portento holandés le ha puesto levadura a esta vibrante temporada de clásicas. Al francés, ganador de la Milán-San Remo y la Strade Bianche, solo le ha derrotado el joven holandés, en la Flecha Brabanzona y, sobre todo, en la Amstel del domingo. De esa derrota tan inesperada sacó Alaphilippe la rabia para esos tres minutos eternos que cuesta saltar el Muro. Su segundo salto en Huy.