partidos y siglos

partidos y siglos
Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

El documental 'Nadal-Federer y el partido del siglo' (Movistar+) es un título equívoco. El del libro en que se basa lo es más: 'Strokes of Genius: Federer-Nadal and the Greatest Match Ever Played'. O sea, el partido más grande jamás jugado. Con el título del documental piensas que, vale, la final de Wimbledon en 2008 podría ser el partido del siglo XXI, porque el Borg-McEnroe de 1980 (con su tie break del cuarto set) había tenido lugar en el siglo XX, pero ¿el más grande jamás jugado? Hombre. Hoy hasta podrías pelearle el Nadal-Del Potro del otro día.

Pero son ganas de hablar, y de escribir, porque en el documental, el Nadal-Federer del 2008 se muestra paralelamente al Borg-McEnroe del 80. E incluso a las finales de Chris Evert y Martina Navratilova (¿se acuerdan de que todo esto lo veíamos en TVE?). Con ellas, con ellos hablando. También de Nadal y Federer. El documental es estupendo. Nadal y Federer cuentan sus dudas e inseguridades, sus certezas y sus fortalezas, sus parecidos y sus diferencias. «Cada bola la juego con la intención de molestar al rival», dice Nadal. Y un Nadal de 16 años: «Mi ambición sería llegar lo más arriba posible. De momento estoy aquí. Estoy el 112 del mundo y falta mucho. Hay que seguir mejorando, no es nada fácil». Pero siendo muy recomendable el documental, no se acerca ni de lejos a la emoción de haber visto esos partidos en su día. Y digo en televisión, claro.

Hay quien sostiene que los toros en televisión, y da igual que la retransmisión sea técnicamente insuperable, no tienen nada que ver con una corrida vista en la plaza. Es parecido a lo que contaba Victoria de los Ángeles de Jussi Björling. Que los discos nunca registraron su voz, su grandeza. Lo que se oía en las grabaciones no era lo que se oía en directo. El tenis en la tele puede ser igual de emocionante que un 'Che gelida manina' de Björling con chicharras. Y Nadal emociona gane o pierda. Porque como Rocío Jurado le diría a Lola Flores, «España entera te debe la gloria del arte de España». Aunque no me emociona tanto como Borg y McEnroe. Será la nostalgia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos