Maite Larburu agota los discos

Maite usó una guitarra acústica y dos eléctricas./Carlos Gª Azpiazu
Maite usó una guitarra acústica y dos eléctricas. / Carlos Gª Azpiazu

La guipuzcoana estrenó en La Alhóndiga, en el quinto festival Loraldia, su debut en solitario, 'Hezurren azpian', y vendió todos los CDs que llevó

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Uban Uzin, rectora del sello discográfico Gaztelupeko Hotsak, se sorprendió al vender todos los CDs, una caja con 35 digipacks (a 10 euros cada uno; también se despacharon un puñado de discos de su grupo Neighbor, el políglota que montó en Ámsterdam), del debut en solitario de Maite Larburu, 'Hezurren azpian', tras el concierto de estreno que dio este jueves en la Alhóndiga, en el quinto Festival Loraldia, dedicado a la cultura en euskera y desperdigado por 12 recintos bilbaínos a lo largo de 22 días.

Maite ofició en cuarteto: ella a la voz, tres guitarras y el violín de sonido añejo (es máster en música antigua), su pareja el valenciano Carlos Toroncher al clarinete bajo, más dos percusionistas que participaron poco y de modo muy delicado: Aida Torres (de Lisabö y Jupiter Jon) y el polifacético Beñat Iturrioz (Koyotito Mamita Tekila Kaktus). Nos dicen que hubo 180 personas en la sala (vimos a Natxo de Felipe, ex Oskorri), con lo cual una de cada cinco compró el disco: ¡todo un éxito!

Fue un concierto de 11 piezas (9 del CD novedoso más dos de su grupo ahora en dique seco Neighbor: 'Ezin' y 'Marnie Lock') durante 63 minutos que no llegaron al nivel de magia y química del disco, pero ya lo barruntábamos. No obstante, la velada vespertina en la Alhóndiga, en una sala ancha con poca luz, techo bajo y paredes blancas, cursó sin flaquezas aunque desaparecieron tonalidades de la grabación, caso de lo indie, la psicodelia y, si nos apuran, incluso lo étnico (pero sí hubo folk).

Maite presentó en euskera los 11 temas. Arrancó sin encajar del todo con el clarinete bajo ('2daia1', o sea 'Bidaia bat', un viaje), cambió de tono vocal de modo recurrente ('Kamareren egia', con un xilófono en la percusión) y a la tercera, en solitario y con la tercera guitarra, alcanzó el primer hito mediante 'Maletadun maitalea', una letra de Harkaitz Cano que Maite interpretó como si fuera el Jabier Muguruza actual con su guitarrista ex Napoka Iria, o sea dos por una.

Master en música antigua, al violín le extrajo un sonido añejo.
Master en música antigua, al violín le extrajo un sonido añejo. / Carlos Gª Azpiazu

Siguió por lo elevado en 'Ezin' (lo tocaba con Neighbor, ya hemos dicho), aquí con su violín y el clarinete sonando minimales algo a lo Michael Nyman y también generando un ambiente oscuro al gusto Nick Cave, y en 'Gona' los cuatro parecieron destilar una suerte de banda sonora muy teatral, algo Pippi Calzaslargas.

Folk americano pareció 'Triangeluak', y ya hasta el final la hernaniarra Larburu dio lo mejor de sí de modo continuado: 'Marnie Lock' (la otra de Neighbor, una historia de ladrones, también con minimalismo Nyman), 'Extrasistolea' (vanguardia low fi euskaldun), 'Hezurren azpian' (donde rascó el chasqueo con swing de los dedos del público antes de redirigirse al neofolk), y en el bis otros dos cúlmenes: ella a solas con la guitarra acústica en 'Katekorratzarena' (imperdible), una recogida y sentida balada con letra de Cano, muy ortodoxa para lo heterodoxa que es Maite, y el cierre definitivo en cuarteto con el 'Himno del perro verde' ('Berdin bihurtu ginen'), seguramente inspirado en ella misma, lo escribimos sonriendo.