¿Esto es Julio Iglesias?

Francis Doctor Deseo a solas, cantando 'Luna de miel' de Gloria Lasso. /ÓSCAR ESTEBAN
Francis Doctor Deseo a solas, cantando 'Luna de miel' de Gloria Lasso. / ÓSCAR ESTEBAN

Francis Doctor Deseo y Corcobado destacaron en el homenaje a la canción melódica española de los 70 organizado en el Teatro Arriaga por el ciclo Izar & Star

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Unas 500 personas acudieron el miércoles al Arriaga a atestiguar el homenaje que, dentro del ciclo de versiones Izar & Star, un puñado de grupos vascos contemporáneos de pop rindieron a grandes mitos de la canción melódica española de los 70: Nino Bravo, Mocedades, Julio Iglesias y varios bonus más. La parte más veterana de los parroquianos no culminaron sus expectativas: al acabar la primera pieza, una pareja de la primera fila se levantó y se largó, y una dama de la sexta fila se quejó del alto volumen de la propuesta; y al terminar su pasaje el grupo McEnroe, protestó indignado un caballero de la fila 10: «¿Cómo se puede decir que esto es Julio Iglesias?».

Lo que quedó claro este jueves es que el pop independiente de hogaño no resiste la comparación con el pop comercial de antaño, por mil razones, desde la profesionalidad en la ejecución y la originalidad de la creación hasta la mera actitud escénica o la profundidad de las letras. Esto dejando al margen la frialdad reinante en el Arriaga y por no hablar del abuso de los atriles. Como comentó Óscar Esteban al acabar la velada: «si llevas semanas preparando un repertorio de veinte minutos, igual puedes plantearte dejar de mirar en algún momento el atril. A ratos ha parecido una audición del conservatorio». Por cierto, Óscar compró entradas en primera fila porque deseaba ver al donostiarra Rafael Berrio adaptando a Cecilia, pero a la postre se cayó del cartel por enfermedad.

En total intervinieron cuatro grupos en casi dos horas (114 minutos). Los mejores fueron sin duda Corcobado, que repasó su repertorio habitual, y Francis de Doctor Deseo, que participó de invitado al final luciéndose en una pieza en solitario. Por cierto, fueron los únicos que no leyeron las letras. También nos gustaron mucho McEnroe, pero a otros espectadores les parecieron horribles, hasta tildarlos de tomadura de pelo.

Empezando por lo menos bueno, digamos que los guipuzcoanos Frank, pilotados por Sara Comerón, abrieron plaza y en 16 átonos minutos ejecutaron cuatro piezas de Nino Bravo en quinteto preparado para la ocasión pero poco empastado y con la lideresa Sara entonando con miedo y demasiado grave y lineal. 'América' les quedó demasiado grande, 'Puerta del amor' floja y desfondada, y algo mejor una 'Elizabeth' llevada a su terreno de country oscuro y 'Un beso y una flor' que trascendió por la mera calidad del original. «Un abrazo a Nino Bravo, allá donde estés», dijo al acabar Sara. Ah, este fue el último concierto de Frank. «No me extraña», ironizó Óscar Esteban.

La Bien Querida no pudo con el reto de Mocedades.
La Bien Querida no pudo con el reto de Mocedades. / ÓSCAR ESTEBAN

Lo peor de la velada, de la gala como la llamaron ellos mismos, lo sirvieron en último lugar Ornamento y Delito con La Bien Querida, todos ellos músicos vizcaínos mudados a Madrid que asumieron el reto imposible de intentar adaptar a Mocedades, «el grupo más importante y universal de Bilbao», como lo presentó G.G. Quintanilla. Sin embargo, en formato sexteto oficiaron lentos y sin ensayar, no perdieron ojo a los atriles con las letras ('El vendedor'), y encima La Bien Querida, elegantísima a lo Bunbury con su traje blanco, cantó mal, llegando a desafinar (por ejemplo en 'Le llamaban loca'; un fan la justifica diciendo que no se oía por monitores).

Este pasaje final de 33 minutos y 8 piezas (incluyendo 'Luna de mil' de Gloria Lasso interpretada a solas con una guitarra acústica por Francis Doctor Deseo en uno de los mejores momentos de la velada), fue lo más fútil, automplaciente, olvidable y atropellado de las dos horas de cita. Tocaron fondo con 'Los amantes' y hasta desdibujaron la claridad de la letra de 'Secretaria'. Esta parte no la levantó ni Corcobado cantando con ellos 'Eres tú' como si estuvieran en misa, aunque 'Amor de hombre', con Francis, también destacó positivamente entre el desastre.

Javier Corcobado repasó su repertorio habitual sin leer las letras.
Javier Corcobado repasó su repertorio habitual sin leer las letras. / ÓSCAR ESTEBAN

La primera gran ovación la cosechó Corcobado, crooner maldito madrileño y suicida frustrado que ahora reside en Bizkaia. Fue el tercero en subirse al tablado. Lo hizo con su banda habitual, en cuarteto (trombón, guitarra eléctrica y a la batería Nacho Colis), y en unos 20 minutos versionó sin mirar al atril y con fundamento cuatro piezas pertenecientes a su repertorio habitual, al que nomina 'Canciones enfermas de amor', y que fueron estas: 'Ella ya me olvidó' de Leonardo Favio, un trágico soul gótico en plan Loquillo sin tupé; dos cimas absolutas de la cita como 'Te estoy queriendo tanto' de Raphael, con Corcobado en plan histrión contenido (sirva el oximorón), y un 'Amigo' de Roberto Carlos con Corcobado sintiendo la letra hondamente y colocándose al borde del escenario; y, a modo de colofón, el 'Getsemaní' de Camilo Sesto en 'Jesucristo Superstar', a lo Nick Cave y muy bueno a pesar de cantarla varios tonos por debajo. El mejor de la sesión de este Izar & Star fue sin duda Corcobado, con su conservadurismo descarnado.

Ricardo Lezón, de McEnroe, cantando a Julio pendiente del atril.
Ricardo Lezón, de McEnroe, cantando a Julio pendiente del atril. / ÓSCAR ESTEBAN

A pesar de estar cogido con pinzas su repertorio, McEnroe, los segundos en el orden de la irregular gala, molaron en quinteto con Ricardo Lezón a la voz sostenida, frágil y pesarosa, la gorra del gallo, las gafas para leer las letras y la mano lánguidamente elevada al modo de su tributado Julio Iglesias. En 24 minutos decrecientes versionaron 5 temas de Julio, y de hecho se podrían haber saltado la última revisión, 'La vida sigue igual'. Su óptimo lo hollaron en su primera selección, 'La carretera', una balada llevada a su terreno alt co, y muy bien les quedó también el sereno 'Hey', desarrollado entre el góspel y el country decadente.

Ricardo Lezón alegó que lo hacían «con todos los respetos por las canciones de Julio Iglesias, que son más difíciles de lo que parecían. Yo las solía cantar en el coche y creía que me quedaban bien». Y a pesar de los reparos, también bonita les quedaron 'Un hombre solo', esa sincera visión del hombre de éxito con trasfondo soul, y 'Me olvidé de vivir', en modo más melódico.

Sí, fue una cita irregular en un ambiente frío, con bastantes nervios entre los músicos y con honda decepción en los espectadores más mayores y desavisados.