«Ves horrores en televisión y enseguidase convierten en algo casi imaginario»

Antonio Muñoz Molina, fotografiado en Barcelona el pasado lunes./EFE
Antonio Muñoz Molina, fotografiado en Barcelona el pasado lunes. / EFE

Publica 'Tus pasos en la escalera', una novela sobre los engaños de la memoria y la confusa percepción de la realidad que a todos afecta

César Coca
CÉSAR COCA

Un hombre se instala en Lisboa y mientras espera la llegada de su esposa, una investigadora en asuntos relacionados con el cerebro y la memoria, va decorando la casa y recordando aspectos de su vida en común en Nueva York, donde estaban el 11-S. Antonio Muñoz Molina se adentra en 'Tus pasos en la escalera' (Ed. Seix Barral) en el delicado asunto de la recreación del pasado y la fidelidad de nuestros recuerdos. Yen esa mezcla de hechos excepcionales y tareas cotidianas que, asegura, «es fascinante para un escritor».

Otra novela ambientada en Lisboa. Se está convirtiendo en su ciudad literaria.

– No estaba previsto, pero fue así. Los libros se escriben prácticamente solos en el sentido de que llegan o no llegan. Esta vez pasó mientras estaba allí, y se alimentó de todo lo que había a mi alrededor. Es como a quien le inspira poemas siempre la misma persona. Cada vez soy más flexible a la hora de escribir. Cuando algo llega tienes que experimentar a ver qué sale, y salió esto.

Surge de una forma inesperada, tras una avería en el ordenador donde trabajaba con otra cosa. También el libro anterior fue la consecuencia de una novela en la que se atascó. Benditos incidentes, ¿no?

– Ha sido el mismo proceso. Aquella ya estaba acabada y el narrador protagonista era un neurocientífico. Una idea que aprovecho ahora porque ese oficio es el de la esposa del protagonista de esta.

¿Publicará aquella novela?

– No. Aprovecharé cosas. Esa parte del neurocientífico, con su mundo de investigación, es la que he trasladado a esta, y ya no volverá a aparecer.

El narrador de 'Tus pasos en la escalera' se revela pronto como alguien poco fiable. ¿Desde el narrador omnisciente del siglo XIX el lector ya no se puede fiar de nada?

– Y ni siquiera de aquel narrador del XIX y antes, porque nunca era del todo omnisciente y porque pareciendo objetivo no lo era. No hay más que ver lo que hacen Cervantes y Flaubert. El narrador de una historia siempre determina en gran parte lo que se está contando. Casi todo lo que sabemos del mundo es porque alguien nos lo ha contado.

¿Por eso es tan importante?

– Claro, porque es alguien con su punto de vista y sus intereses. Necesitamos que nos cuenten historias, una voz que nos persuada, pero al tiempo es muy saludable preguntarse qué te está contando esta voz.

– Su narrador habla de grandes incendios, olas de calor, terrorismo... y de gente indiferente a todo ello, que hace cosas banales. ¿Es también una preocupación suya?

– Hay indiferencia ante lo que sucede, es cierto, pero debemos contar también con las posibilidades del cerebro humano. Se trata de un órgano muy rico pero marcado por las limitaciones. Hablo de eso en el libro porque cuento, en la voz del protagonista, algo que me marcó mucho:la experiencia del 11-S en Nueva York.

¿Cómo fue?

– Sabías lo que pasaba y veías cómo, al mismo tiempo, en barrios alejados la vida seguía con una cierta normalidad. Algo parecido me contaba mi padre sobre cómo la gente iba al cine en plena Guerra Civil. Y sucedía en Varsovia, donde en un barrio había una matanza de judíos y en otro no sabían nada y seguían sus quehaceres. La mezcla de lo excepcional y lo cotidiano es fascinante para un narrador. Quienes vieron el 11-S en televisión en España tuvieron una idea más clara de lo que estaba sucediendo que muchos de quienes estábamos allí.

«Todo el mundo escribe novelas sin parar, la de cuando le echaron del trabajo, la de su novia...» El pasado

«Lo requiere la escritura, pero también la vida normal si no queremos volvernos locos» Aislamiento

Eso tan humano de abstraerse de lo que sucede alrededor.

– Y fíjese en lo que pasa ahora en esta precampaña electoral:ni un solo tema fundamental forma parte de la misma. ¿Cuál es la relación de los seres humanos con la realidad, la percepción de lo que es importante y lo que no?La vida es así, estás viendo horrores en TV y enseguida se convierten en una cosa casi imaginaria.

Crear los recuerdos

El análisis minucioso de la vida cotidiana es como cuando se ve la piel en un microscopio, que termina siendo inquietante. ¿En esta novela usted hace eso, poner el microscopio en las rutinas?

– Siempre me ha interesado mucho cómo analizan los científicos la realidad. El modo en que miran una lámina de cerebro en el laboratorio. Es algo profundo e inquietante. Han demostrado que nuestras reacciones son impulsos que vienen de una etapa evolutiva muy anterior. Casualmente vi hace algún tiempo algo que he incluido en la novela:una especie de celdas con monos a los que los investigadores habían operado en el cerebro para ponerles sensores y a los que tenían viendo la CNN.

La esposa del protagonista trabaja en un proyecto para eliminar de la memoria experiencias traumáticas. ¿Teme un mundo así?

– No hace falta esperar. La memoria, de manera natural, es engañosa y frágil. Tendemos a fiarnos de nuestros recuerdos pero ahora sabemos que la memoria es muy poco fiel y elabora continuamente versiones de la realidad. Cualquier pequeño problema físico la puede alterar. Le pasa a la gente mayor.

¿Puede trabajar un escritor sin memoria?

– Sin memoria no se puede escribir ni vivir. La ficción consiste en elaborar a partir de la memoria, en la destilación de los recuerdos. Una parte importante de esta novela está escrita a partir de mis recuerdos del 11-S.

¿Yla invención de recuerdos?¿Cómo afectaría a un novelista?

– Eso es la ficción justo, inventar recuerdos. Cuando escribía esta novela inventaba los recuerdos del personaje. Pero no es solo algo que afecta a los novelistas. Todo el mundo escribe novelas sin parar. La de cuando le echaron del trabajo, la de su novia, la de su adolescencia. Todos son elaboraciones que vamos haciendo y que cambian de modo continuo.

Ha dicho que escribe con los materiales de la actualidad. ¿Cómo se hace con el ruido que hay ahora: elecciones a todo, juicios, gritos en las redes sociales, populismos?

– Es lo que hay. Es como la arquitectura popular. Donde hay piedra se hacen casas con piedra, y si no la hay, con ladrillo o madera. El acto de aislamiento que requiere la escritura se parece mucho al de la vida normal, también en ella se precisa para no volverse loco. Dice Montaigne que todo el mundo necesita una trastienda para retirarse un rato. Hay que preservar la capacidad de vivir, razonar y sentir, limpio de todo ese ruido.