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Viajar sola y hacerte fuerte (I): así cambió mi vida

Viajar sola y hacerte fuerte (I): así cambió mi vida

Este verano decidí encontrarme a mí misma mediante un retiro de silencio y un recorrido por Grecia con la mochila a cuestas que me han convertido en una mujer mucho más libre y segura

ÁNGELA SAIZ ALONSO

Desde pequeña, siempre he querido ver mundo. Me fascinaban las películas de viajes y me gustaba poner chinchetas en mi mapamundi. Recuerdo que mi aita nos llevaba en coche, desde bien txikis, de vacaciones por toda la península. «Carretera y manta», decía. «¿Para qué vamos a coger un avión si todavía no conocemos bien nuestro país?». No le importaba viajar de noche, hacerse casi 1.000 kilómetros al volante, de punta a punta, de Euskadi a Andalucía, de Bilbao a Huelva, con tal de estar con nosotros y conocer sitios nuevos. Éramos felices así. También recuerdo que cuando crecí y me convertí en una «incomprendida» adolescente, empecé a quejarme por ello. Quería salir de España y conocer Europa. El primer viaje sola lo hice cuando mi ama me dio permiso para cogerme un autobús y bajarme a Madrid a visitar a una amiga que había conocido por Internet (sí, así de curiosa era yo con 15 años). De ahí en adelante, todo fue in crescendo. Cogí más buses, más trenes y más aviones sola (con el pesar de mi padre, que prefería que me centrara en mis estudios y que viajara menos y con la alegría de mi hermano, que me seguía a muchos de ellos). No podía -ni quería- dejar de viajar y todo se resumía en que, al volver a casa, me sentía más... ¡viva! Mi vitalidad era diferente, estaba más enérgica y más feliz. Viajar me abría los ojos, me hacía desconectar, entenderme a mí misma, crecer y sentirme bien. Descubrí así que ese era uno de los tantos motivos por los que me apasionaba recorrer países.

Antes de seguir contándoos mi afición por viajar y mis ganas de encontrarme a mí misma, dejad que me presente. Soy Ángela Saiz Alonso, periodista y modelo de Bilbao. Lo de periodista, fue fácil: supe a qué quería dedicarme tras engancharme a la serie de Smallville allá por 2001. No tenía claro si era por el papel de Lois Lane (Erica Durance) en The Daily Planet o porque estaba coladita del personaje de Clark Kent (interpretado por un fornido Tom Welling), el joven Superman, que se enamoraba de Lois, la periodista. Ambos tenían un interés amoroso (y sexual, que no se diga) mutuo. No voy a negar que siempre he sido muy enamoradiza, aunque ahora mismo, con mis 27 años, si me dieran a elegir, no sabría decir con quién me quedaría, ¿Lois o Clark? Difícil decisión... pero como no es real, no tengo por qué decantarme por ninguno. Fin del tema. ¡Que para eso también soy libre! Sigamos. Lo de modelo fue porque me ofrecieron apuntarme a una agencia y comencé en el mundo de la fotografía y la publicidad. Con mi 1,60 de estatura, no podía llegar a ser un ángel de Victoria's Secret (tampoco aspiraba a ello y menos mal que está en proceso de desaparecer ese icono de mujer irreal sin imperfecciones que NO EXISTE), pero gracias a meterme a hacer campañas como imagen y ganar dinero, empecé a viajar más.

Os preguntareis qué tiene que ver todo esto con el momento actual y por qué os lo estoy contando. Ese es el quid de la cuestión. Desde los 16 años a los 26 he estado emparejada, vivendo una relación tras otra. Sin quererlo, sin buscarlo o sin saber por qué, estuve cinco años con mi primer novio, dos con el segundo y casi cuatro con el tercero. Viajé mucho con ellos (sobre todo con el primero y el último) y siempre era yo la que organizaba los viajes. ¡Me encantaba compartir todo con alguien! Quizá debería haberme centrado más en mí, pero nunca lo hice. [Pequeño paréntesis. Siempre me ha gustado Disney, devoraba cada uno de sus títulos una y otra vez; ahora lo odio. Pensemos fríamente en las ridículas historias de machismo oculto en cada una de las películas y en lo que nos ha enseñado a las mujeres. Cerremos paréntesis.] Es por eso que, este 2019, comencé el año soltera, por primera vez en muchísimo tiempo. Se me hizo raro, atípico y, por qué no decirlo, triste. Así me sentía, no os voy a engañar.

Por si os lo estáis preguntando, sí, sigo soltera. Sigo buscándome a mí misma. Y no es nada fácil, os lo aseguro. En ese punto estoy. Está teniendo lugar mi etapa de autoconocimiento, de estar y vivir sola -de verdad- y de hacerme fuerte. Por supuesto, en cuanto se presentó ante mí la idea de hacer un retiro espiritual de silencio y meditación (sin móvil, sin libros, sin poder hablar con nadie...) en una ciudad que no era la mía y seguido hacer un retiro de yoga (ya lo venía practicando desde hacía años) en Grecia, no me lo pensé dos veces. Cogí los billetes de ida y lo planeé todo. Bueno, a decir verdad, no planeé nada. ¡Pero eso mejor lo dejo para el próximo jueves! Si me pongo a escribir, no paro y quiero contaros las cosas tal y como fueron y tal y como son, poco a poco. Solo os puedo asegurar que, sin duda, este ha sido MI VIAJE sola y aún sigo asimilándolo y haciéndome fuerte, muy fuerte. Una experiencia que ha cambiado mi vida.

¡Hasta el próximo jueves!