Historias de Tinder

«A mí me dice una chica que está sola en casa y aparezco con dos amigos, una pizza y una cinta de vídeo»

«A mí me dice una chica que está sola en casa y aparezco con dos amigos, una pizza y una cinta de vídeo»

En Bizkaia Dmoda recogemos cada semana los testimonios de usuarios vizcaínos de una de las aplicaciones para ligar más populares

Bizkaia Dmoda
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En Bizkaia Dmoda recogemos cada viernes los testimonios sobre Tinder que llegan a nuestro email (). La semana pasada descubrimos la historia de Andrea, de 26 años, que se enamoró de una chica . Hoy traemos el relato de Iñaki:

Con un pie en la cincuentena, de vuelta a la soltería después de una larga relación y visto que 'de copas' nunca he conseguido conocer a nadie (salvo descubrir los más profundos horrores de la noche), y teniendo en cuenta que a estas alturas es difícil contar con los amigos de toda la vida, me introduje en el desconocido mercado de la carne online.

Me lo recomendaron conocidos y amigos, que me dijeron que me lo tomase como un juego, porque ya veían que de lo contrario no iba a rascar en ningún lado. Y es que yo para las indirectas soy un desastre: a mí me dice una chica que está sola en casa y aparezco con dos amigos, una pizza con piña y una cinta de vídeo. Sí, cinta de vídeo beta, en plan 'vintage' total, que actualmente ni siquiera existen reproductores para verla. Y encima mis dos amigos estarían de mejor ver que yo. Si es que soy medio tonto...

En fin, el kinder, perdón el Tinder, que no el Grindr, detalle importantísimo para no meter la pata, porque te puedes meter en un lío (dicen que una vez que lo pruebas no hay marcha atrás), es un mercado de la carne total, que se basa simplemente en unas fotos y unas descripciones breves.

El funcionamiento es sencillo, si mueves la foto a la izquierda haces 'nope' y si deslizas el dedo hacia la derecha das un 'like'. Si se cruzan tu 'like' y el mío, hacemos un 'match'. Menudo algoritmo se han 'apretao' los programadores del Tinder. ¡Joer que fácil!.

En primer lugar, hay que decidir qué nombre poner. Tengo que pensar si utilizo mi nombre real o si me escondo bajo un seudónimo…. tal vez 'Jazmin' o 'Pasión de Gavilanes'. Pero desecho la idea del seudónimo porque creo que va a disminuir mis posibilidades.

En segundo lugar, hay que decidir el tramo de edad que tendrán tus conquistas. Por ejemplo, ¿de 30 a 45 años? Seamos realistas, hay que ir al mercado de segunda mano que es lo que soy. Más bien tirando a 42-48 años… ¡Madre mía! El número de posibles candidatas se reduce considerablemente.

En tercer lugar, hay que seleccionar la distancia, es decir, a cuántos kilómetros máximo queremos que estén las chicas. Pues si tengo que contar con mi coche, que de edad podría decirse que somos parejos…. ¿Cómo va esto? ¿Un año humano equivale a siete de un coche o eso era con los perros? Pues entonces de 500 metros a 1 km, con lo cual las opciones se reducen a cero. Vamos a suponer que me muevo en transporte público, así que distancia… ¡infinita! (No estamos para desperdiciar oportunidades). Menos mal que no vivo en un pueblo perdido de Burgos, en plan 'Aldea de la Sierra de la Quintanilla', porque en 50 km a la redonda no pillas ni con las del pueblo de al lado.

En cuarto lugar, la selección de las fotografías que debes poner para 'venderte' bien. Buf esto es difícil, porque no soy feo, pero tampoco fotogénico. Así que busco una de cuerpo entero, pero que la pose no parezca que me he caído de un tercero, y también un primer plano en el que salga sonriendo, pero sin que parezca forzado. ¡Madre mía! Voy a tener que tirar de 'justformen'+'Grecyan 2000' porque lo llevo crudo, no hay forma de ocultar las canas.

Por último, descríbete, ¡¡ha llegado la redacción!! (Aquí voy jodido, porque ni idea). Pero he descubierto por qué el mundo no avanza... ¡¡Porque todo el mundo es «SENCILLO»!! Resulta que todo dios tiene más escamas que una merluza y más capas que una cebolla, pero a la hora de describirse es «sencillo»... ¡Y lo de aventurero es lo más! (Si no eres Indautxu Jones con látigo y sombrero de Fedora incluidos... ¡no eres nadie!). Sencilla pero aventurera, tímida pero lanzada, seria pero graciosa. Decídete, ¡que me tienes hecho un lío! Ya sé que no vende que te describas en plan: «Me gusta montar pollos por nada», pero un poco de coherencia....

Una vez finalizada la etapa de configuración del perfil… ¡Venga! ¡Al lío! No, no, no, sí, sí, no, no, sí, no.... Es como cuando cambiabas cromos en el colegio, 'lotengo', 'lotengo', 'lotengo', 'nolotengo'... ¡Eso sí! Cuando dices que no, es que no. ¡No hay marcha atrás! A menos que vuelvas a crearte el perfil y vuelvas a empezar.

¡Hombre! ¡Una conocida! (¡Nope! ¡Ni de palo!). Y a esta otra... ¡también la conozco! ¡Pero si salimos en la universidad! ¿Querrá una segunda temporada? Mejor no, porque vaya trueno… espero que no se haya descrito como sencilla, porque por lo menos era tripolar sociópata.

En el Tinder, la clave son las fotos y, sin embargo, hay pocas fotos decentes. ¡Madre mía! Qué afición a las puestas de sol, flores, mariposas... Pero, ¿de qué va esta aplicación? ¿No va de conocer gente o/y ligar? ¿Qué se pretende? ¿Qué 'te enamores de la persona'? ¿Y si eres un tío de 55 años de 120 kg que se llama Andrea? ¿O si mides 1,10cm? ¿O tienes dos cabezas? ¿Y desde cuándo las fotos borrosas o movidas son buenas fotos y favorecen? Por no hablar de la gente que sale en las fotos con sus hijos, ¿en serio? (En plan, ¿este es el paquete que te llevas?)

Otro clásico parecen ser ¡las frases de autoayuda o motivadoras! No sé si Paolo Coelho cobrará un céntimo de copyright por cada vez que utilizan una frase suya porque, joder, el tío tendrá una flota de Rolls Royce en el garaje. ¿Y las fotos de mar? He visto tanto mar que podría reescribir 'Moby Dick'.

Luego está la gente que declara tener 50 años… ¡y venga ya! Dan ganas de escribirles ¡Señora! Le voy a decir dos cosas, primero pídale a su nieto que le calibre la sensibilidad del ratón porque evidentemente ha pulsado el botón equivocado sin querer o le paso directamente con el CAU para que le den instrucciones de uso de esta aplicación. Y por otro lado, pero sus hijos... ¿Ya saben que anda usted jugando por aquí?

Finalmente, el primer 'match', (suena el coro de ángeles de fondo.) Tiene 42 años, residente a dos kilómetros, con una sonrisa preciosa, mona pero sin ser guapísima…. ¡allá vamos! Le mando un mensaje para recibir como respuesta un mail alegando que tiene problemas con la aplicación. Desde una dirección de email de usar y tirar (por favor no hagáis esto en casa sin la supervisión de un adulto y sin tomar las precauciones informáticas mínimas), le contesto y recibo un correo de una mujer que vive en Rusia y que al ver mi perfil se ha enamorado locamente de mi persona (uno de los encantos que nunca hubiese sospechado tener). Dice que está deseando conocerme en profundidad y adjunta varias fotos más. O por lo menos es lo que entiendo en la traducción realizada por algún traductor automático ruso-español en fase beta y que ruego encarecidamente a Google que lo mejore. Tras una ardua investigación de cinco minutos, descubro para mi estupor que las fotos son de la actriz rusa Liuba Tolkalina ¡Quién lo hubiera sospechado! ¡Escribirme con una conocida actriz!

Se trata de un timo clásico en el que algún incauto caerá… (es una cuestión de estadísticas). Supongo que tras unos meses de 'tórrido romance online', terminan pidiendo dinero o ayuda para el billete de avión, visado o cualquier elemento que está separando a dos personas del amor de su vida. En realidad, se tratará de un hacker de 150 kg que responde al nombre de Misha o Ivan o un 'bot', un programa que genera respuestas automáticas.

Durante los siguientes días recibo un par de mensajes similares, pero uno ya está resabido y denuncia esos perfiles de forma que casi se convierte en una especie de deporte, comienza la caza de rusas escondidas en perfiles falsos (que nadie se asuste, se trata de caza sin muerte). Así que la semana siguiente, las condiciones para elegir los 'likes' bajan a mínimos y empiezan a gustarte los atardeceres y las frases motivadoras empiezan a tener su aquel…

La aplicación también permite compartir los gustos musicales a través de Spotify. Por lo que finalmente 'matcheo' con una aficionada al rock sinfónico. El 'match' se produce casi automáticamente, así que las sospechas de que se trate de un 'bot' son altas, aunque parece que en realidad se trata de una usuaria de pago que tiene permisos para ver quién ha pulsado 'me gusta' a su perfil. Eso sí, esto es como los bares, si no empiezas tú la conversación me parece que nada de nada. ¡Así que allá vamos de nuevo!

Una mujer de Valencia (¡algo era ello! Del centro de Bilbao seguro que no iba a ser) me envía un par de fotos estratégicamente recortadas. Está de visita turística, va a pasar tres días en la villa. Intercambiamos teléfonos después de una tarde de chateo (rozando a veces el tono picante) y quedamos para tomar algo el sábado por la tarde. Ese mismo día por la mañana, mientras hago unos recados por una de las zonas turísticas de la ciudad, escucho una voz que grita: «eso es al más puro estilo valenciano», me giro y es ella, ¡para que luego digan que Bilbao es grande! Estuvimos hablando durante unos segundos, lo suficiente para descubrir lo rápido que desaparece la química una vez que no existe la separación electrónica. Vamos, que no era mi estilo de chica, ni yo de su estilo.

Durante la tarde recibo un mensaje para anular la cita, ¡Menos mal! Porque llevaba horas buscando el botón de abortar el lanzamiento. Tal vez pequé de clásico, pero no quiero correr el riesgo de que me encuentren al día siguiente atado sobre un pentáculo dibujado en el suelo y rodeado de oraciones escritas en arameo en plan rito satánico. Una vez leí un 'meme' que decía que lo emocionante de las aplicaciones de citas es que nunca sabes si vas a encontrar a tu media naranja o aparecer descuartizado en varias bolsas.

Esta redacción hay que leerla desde el humor y solo desde el humor, que conste que no me río de estas personas, si no de la situación. Es muy triste ver cómo nos obligamos a enseñar nuestras esperanzas públicamente. Este es un país de escombros en el que todos nos estamos reconstruyendo. Pero no es más que el reflejo de las dificultades para encontrar o conocer a alguien, la terrible falta que hay en general, que se solucionaría con un simple «hola».

Nos vemos en el Tinder.

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