Los gigantes que dan energía a 85.000 personas

Un ciclista toma un respiro cerca de la cumbre del monte Oiz. /Luis Ángel Gómez
Un ciclista toma un respiro cerca de la cumbre del monte Oiz. / Luis Ángel Gómez

Sesenta personas trabajan para mantener a punto los 40 molinos del parque eólico del monte Oiz, el primero que empezó a instalarse en Bizkaia en 2003

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

Iker y Javier supervisan los monitores desde el centro de control del parque eólico del monte Oiz. Su misión es que los molinos estén funcionando el máximo tiempo posible. Y para ello reciben más de 200 datos que les proporciona cada aerogenerador: velocidad y dirección del viento, temperatura, presión atmosférica... Toda la información es importante para adelantarse a los problemas que puedan surgir. El objetivo es siempre el mismo: hacer rendir al máximo a estas gigantes velas de acero de 55 metros de altura para conseguir convertir en energía algo tan escurridizo -pero tan limpio- como el viento.

El día ha amanecido sin mucho aire en la cumbre del Oiz, uno de los cinco montes bocineros de Bizkaia, a 1.026 metros de altitud. Sólo hay un molino girando. Las veletas situadas a más de 50 metros de altura se mueven buscando el viento, «a la caza del recurso». Este pequeño aparato es quizá el más importante del aerogenerador. Básicamente, porque es lo que hace que el molino se sitúe en la mejor posición frente al viento para que puedan empezar a funcionar las enormes palas de 25 metros de largo. Iker Cardoso y Javier Marcos se acercan a realizar labores de mantenimiento en uno de los 40 aerogeneradores, que fueron instalados entre 2003 -en una primera fase- y 2007 -cuando se construyeron los diez últimos-. El de Oiz fue el primer parque eólico que se construyó en Bizkaia. Se trata de un parque ya maduro -como lo son el 35% de los aerogeneradores instalados en España- y los trabajos de mantenimiento resultan cada vez más necesarios. A Javier, Iker y a los otros tres operadores del parque dedicados por completo a esta instalación -otras 55 personas trabajan de forma indirecta-, los momentos de cierta calma les permiten hacer tareas preventivas: engrase, limpieza, cambios de filtros... Informan al centro de Operación de Iberdrola de Toledo, desde donde se controlan los 197 parques eólicos instalados por la compañía eléctrica en España, y se introducen en uno de los cilindros. «Aquí siempre hay algo que hacer», explica Iker.

Pronto empieza a notarse el viento y las aspas de fibra de vidrio comienzan a girar. Al principio, lentamente. Los molinos del Oiz están clasificados de clase 1-A. Pueden producir 850 kilovatios de energía eléctrica. No son especialmente grandes, al menos si se comparan con otros modelos. Y parecen de juguete si se ponen al lado de los gigantes marinos que producen 7.500 kilovatios. Pero son los que mejor se adaptan a las características orográficas del denominado balcón de Bizkaia, donde predominan los vientos racheados.

«Esto no es un experimento»

Los técnicos de Iberdrola utilizaron veletas y anemómetros durante 8 años. Lo hicieron para decidir qué aparatos instalar en una línea perpendicular al viento, predominante del suroeste. Los aerogeneradores de Oiz, construidos por Gamesa, empiezan a funcionar con vientos superiores a los 10 kilómetros por hora. Están diseñados para producir energía hasta un límite de 95 kilómetros por hora e incluso podrían soportar vientos huracanados de 250 kilómetros por hora sin venirse abajo. Traducido a una escala más cercana, Oiz produce la electricidad que consumen en sus casas 85.000 personas en un año. Como si fuese una gran vela de 2.000 metros cuadrados.

Manuel de Martín Más es el responsable de gestión de activos de Iberdrola Renovables. «Esto ya no es un experimento, es una tecnología madura», explica. Y aporta una serie de datos que dan idea de la importancia de un sector que es especialmente puntero en Euskadi. El País Vasco, de hecho, cuenta con la mayor concentración de tejido industrial especializado en energía eólica de todo el mundo, como se pudo comprobar en el WindEurope, el principal congreso del sector que se celebró hace unas semanas en el BEC.

Manuel de Martín resalta la importancia del viento a a la hora de avanzar hacia la denominada «descarbonización de la energía», que consiste en sustituir los combustibles fósiles -petróleo, carbón- por otros renovables. En la actualidad, se genera un mínimo del 10% de la energía de España con el viento. La media anual se sitúa en torno al 20%. E incluso ha habido momentos puntuales en los que se ha llegado a producir a partir del aire el 80% de la electricidad del país. «En los próximos tres años queremos desarrollar 3.000 nuevos megavatios. Lo que supone un 52% de lo que estamos generando ahora. Y para 2030, el objetivo es generar 10.000 nuevos megavatios», explica de Martín.

Celia González de Heredia es técnica de integración en el entorno. Su misión es la «protección» del lugar en el que se instalan los parques, no siempre bien vistos por todos los ciudadanos. El «mínimo impacto» se ha convertido casi en «una obsesión». Uno de los pilares en este compromiso es -insiste- la «garantía de desmantelamiento». La compañía depositó en el Gobierno vasco un 5% del total de la inversión como aval para garantizar que acometerá la restauración del entorno cuando llegue el momento de desmantelar los molinos. Y se adoptaron otra serie de medidas, como llevar la línea eléctrica bajo el suelo durante 12 kilómetros hasta la subestación de Abadiño, la plantación de leñosas en unos 110.000 metros cuadrados o el seguimiento de la fauna de la zona para identificar «posibles impactos».