A los nórdicos les sobra el 'cash'

A los nórdicos les sobra el 'cash'

Dinamarca es el último país en sumarse a la carrera por los medios electrónicos de pago y olvidarse de las monedas y billetes

ANA BARANDIARAN

Estas últimas semanas se ha hablado mucho de la propuesta del Gobierno danés de ofrecer a gasolineras, tiendas de ropa y restaurantes la opción de no aceptar pagos en efectivo a partir de 2016. Pero no es un fenómeno particular de Dinamarca. Al otro lado del puente de Oresund, en Suecia, hasta los vendedores del homólogo sueco de La Farola tienen dispositivos para cobrar con tarjeta. Noruega no se queda atrás. Todos los países nórdicos están volcados en una carrera por convertirse en cash-free libres del metálico y olvidarse de la incómoda calderilla en los bolsillos.

Detrás de esta lucha hay, cómo no, razones monetarias. Se estima que el coste del dinero físico es el doble que el del electrónico. El cash sale caro por la producción y distribución de los billetes, los gastos de gestión de bancos y establecimientos... También se piensa que su eliminación reduciría el riesgo de robo y ayudaría en la persecución de la economía sumergida puesto que es mucho más fácil seguir el rastro de los pagos electrónicos. «Todas las actividades en negro requieren metálico», denuncia el miembro de Abba Björn Ulvaus. El autor de la canción Money, Money, Money es uno de los líderes de la campaña para convertir a Suecia en territorio cash-free.

En el norte de Europa hasta los artículos más baratos como un paquete de chicles o la barra del pan se abonan con tarjeta. En Dinamarca, por ejemplo, ya solo un 25% de las compras se realizan en metálico. La tendencia se ha intensificado desde que irrumpieron los smartphones teléfonos inteligentes que permiten pagar con el móvil. Estas tecnologías se están desarrollando con gran rapidez en los países nórdicos, donde ya existía una gran penetración de la banca online, con un 80% de clientela frente al 33% de España o el 22% de Italia.

El pago con el móvil está creciendo allí a una velocidad de vértigo. En Suecia se implantó en diciembre de 2012 el sistema Swish, respaldado por la mayoría de bancos del país. Los clientes se registran en el servicio a través de su entidad y vinculan su cuenta a su teléfono, lo que permite hacer transferencias entre usuarios. Unos seis meses más tarde, en mayo de 2013, el Danske Bank lanzó su propia versión que también puede ser utilizada por cualquiera de los bancos suizos. Según la entidad, ya tiene dos millones de usuarios, lo que representa el 36% de la población.

España tardará mucho en convertirse en un país cash-free. Aunque el móvil está impulsando el uso de la banca digital, su penetración todavía es baja y la mayoría de clientes acuden a las sucursales para cualquier operación. Las transacciones con dinero físico suponen un 80% del total, según fuentes del sector. De todas formas, cada vez se tira más de dinero de plástico y menos del contante y sonante. Las compras con tarjeta sumaron 105.854 millones de euros en 2014, un máximo histórico que casi dobla la cifra de hace una década. Está a punto de superar el volumen retirado en los cajeros, que alcanzó los 111.404 millones.