Multitudinario abrazo contra el racismo

Imagen de la cadena humana en Durango. /BORJA AGUDO
Imagen de la cadena humana en Durango. / BORJA AGUDO

Durango reúne a 5.000 personas para reivindicar los derechos humanos y clamar contra las guerras

Eva Molano
EVA MOLANO

Amina Rashid es una niña siria que se ahogó junto a sus 4 hermanos frente a la isla de Kekova Geyikova, en Turquía, el pasado junio. Forman parte de la trágica lista de las más de 35.600 personas que han fallecido al tratar de alcanzar las fronteras de Europa desde 1993. Son víctimas de la guerra, la pobreza y el olvido. Algunos de sus nombres han resonado este domingo en las calles de Durango. Leerlos todos hubiera supuesto recitar durante más de seis horas. El homenaje formaba parte de la 'Abrazada de los pueblos, las personas y los derechos humanos', una convocatoria de Ongi Etorri Errefuxiatuak y Caravana Abriendo Fronteras a la que se han adherido 5.000 personas en defensa de «los migrantes, su acogida en Europa y en contra del neofascismo» que sirvió para reclamar, ante las próximas elecciones, un «cambio de política».

Los portavoces criticaron las guerras que matan «con armamento europeo», el racismo y las «fronteras trazadas con escuadra y cartabón», el expolio de los recursos naturales que empuja a miles de personas a migrar o morir, o las dos cosas, en los mares convertidos en cementerios con la «connivencia» de los gobiernos. «Se trata de un llamamiento que reclama solidaridad, que Europa sea una tierra de acogida y no en la que se construyan muros», explicó la alavesa Ana Rivacoba, que recordó que Gernika acogió hace dos años una iniciativa similar. Pidió que «no caigamos en rumores racistas y xenóbofos que nos confrontan con personas que enriquecen nuestra cultura y nuestros pueblos». El acto ha comenzado en la Plaza Ezkurdi, desde donde dos grandes columnas humanas con coloridas banderas tomaron diferentes caminos y se dirigieron en silencio al pabellón en el que se celebra la Azoka. Allí, con las manos entrelazadas, los participantes han formado una espiral humana gigantesca que caminó durante minutos en círculos, mientras una preciosa voz de mujer entonaba, entre otras canciones, una versión del tema revolucionario Bella Ciao.

Tras el irrintzi, los asistentes se fundieron en un emotivo abrazo de hermandad, con el sonido de los tambores retumbando entre sus aplausos. Pidieron más «corazón», y después, «futuro para nuestras hijas». Además de en Durango, la iniciativa se celebró en otras 35 ciudades más, como Madrid y Salamanca, y otra de Francia, Grecia, Italia, Inglaterra... En la convocatoria han participado activistas de todas partes, todos con grandes historias. Ali Toure, de 34 años, tardó más de dos años y medio en llegar desde Guinea Conakry, su país natal , a las costas de Marruecos en las que tomó una patera hace tres años. «El viaje fue muy duro, conocí a gente muy mala», recordaba. Ahora vive en Ermua y reclamó «derechos para todas las personas». Ibrahim Nejadi, de 33 años y nacido en Argelia, llegó a Bilbao hace dos años y cinco meses. «Vinimos para cambiar nuestra vida. Llegué en patera, en 2016, con 17 personas, entre las que había varios menores. El viaje de 180 kilómetros por mar entre Orán y Almería se hizo muy peligroso. Tardamos dos días, con un poco de agua y sin comida. Muchos mueren en el mar», relataba. «Somos iguales y hay malos y buenos en todas partes. Nuestros antepasados también emigraron», explicaba Sara Lhawadi, una duranguesa de padre palestino, que dio el primer abrazo solidario de la jornada a Rosa, una señora que vivió los bombardeos en la localidad hace 82 años. En 1948, se fundó el Estado de Israel y echaron a su abuelo del pueblo.

«Había barcos esperando en la costa y a quienes no se querían ir, les mataban». Se fue a Líbano, luego a Kuwait y después a Jordania. Su madre, de Garai, conoció a su padre en Santander. Sara vivió siete años en la capital jornada. «Y cuando empezó la Guerra del Golfo, nos propusieron volver por seguridad». Germán García vive en el Valle de Arratia. En febrero de 2016, cuando estalló la crisis migratoria, «estuve en Lesbos, recogiendo a la gente. Empezamos a formar el grupo de Ongi Etorri Bizkaia y cada vez somos más. Todos los emigrantes tienen el derecho de vivir entre nosotros y en paz».