Denuncian el abandono del entorno del santuario de Urkiola

Imagen del santuario de Urkiola. /E. C.
Imagen del santuario de Urkiola. / E. C.

La retirada de contenedores genera la acumulación de basuras en el aparcamiento próximo al templo

MANUELA DÍAZ

Se conoce como 'littering', palabra del inglés que define el abandono de basuras. Un fenómeno que ni siquiera escapa a los parques naturales. Latas, envases, bolas de papel de aluminio que minutos antes envolvían bocadillos, colillas e incluso cartuchos se cuelan de manera furtiva junto a los senderos que atraviesan los montes. Pero si al acto de algunos incívicos se suma la falta de contenedores, el problema se agrava. Desde hace meses, el entorno del santuario de Urkiola, emplazado en el corazón de la reserva y punto de partida y llegada para los cientos de montañeros y excursionistas que recorren sus entrañas y visitan el cresterío, no tiene contenedores.

«Me llevo la basura que genero a casa, pero hay gente que la deja en bolsas donde antes estaba la caseta de los contenedores del aparcamiento. ¿Tanto cuesta meterla en el coche o tirarla en los contenedores ubicados abajo, junto a la carretera?», señala Iñaki García. Tilda de «vergonzosa» la falta de conciencia ecológica de quienes, a pesar de decidir pasar un día de ocio en la naturaleza, luego «no pestañean al tirar la bolsa de restos de comida al suelo».

Un gesto que conoce a la perfección el vecindario de la zona. Durante los últimos meses se han dedicado a recoger residuos abandonadas en el aparcamiento de acceso al Anboto o al Alluitz para evitar que los animales salvajes arramplen con las bolsas, esparzan la basura y se acostumbren a ir a por comida fácil a la zona. Y entre tanto la sociedad pública Basalan echa una mano a hurtadillas cada lunes, pese a haberse retirado su servicio hace meses.

Esta situación no es sino una pieza más del abandono en el que se encuentran los aledaños del parque natural pese a que cinco instituciones –el Gobierno vasco, la Diputación, el Obispado, el Ayuntamiento de Abadiño y la Mancomunidad de Durango– tienen propiedades en torno a este espacio «Son tantas que, al final, la casa se queda sin barrer», explican.

A las basuras se suman los columpios estropeados en la trasera del templo, que apenas tienen uso por el miedo de las madres a que sus hijos sufran algún daño. Buena parte de la escalinata de acceso al templo desde la carretera se cae a pedazos.

Y los vecinos se ven obligados a podar, a despejar de ramas y hojarasca los caminos al concurrido mirador de las tres cruces, y a mantener un lugar que acoge tanto a amantes de la naturaleza como a fieles católicos, solo por su amor a Urkiola. «Estamos volviendo a la situación que se vivía hace medio siglo, cuando los sacerdotes eran quienes se encargaban de limpiar y adecentar el entorno», advierten los residentes.

La caseta donde ya no hay contenedores y daños en la escalinata.
La caseta donde ya no hay contenedores y daños en la escalinata. / e. c.

La gestión del turismo

Entretanto, la Diputación de Bizkaia y el Obispado tratan de llegar a un acuerdo para renovar su colaboración en la zona en cuanto al mantenimiento del área de esparcimiento. No olvidan que es frecuentado cada fin de semana por numerosas personas y que esa cifra tiende al alza.

En este sentido, tal y como se ha constatado en el primer plan estratégico de turismo de la Mancomunidad de Durango, el Parque Natural de Urkiola se está convirtiendo en parada habitual de turistas que recorren Euskadi. «Está empezando a aparecer más gente que decide pasar el día o media jornada y no estamos preparados para el turismo», lamentan los residentes.

Pese al esfuerzo de la hostelería, que cada día levanta la persiana para ofrecer su mejor servicio, son conscientes de la revitalización que supondría una adecuada gestión de este flujo de personas. «Urkiola tiene mucho por ofrecer», afirman.