Kaplan anticipa la decadencia de Estados Unidos

Robert Kaplan. /
Robert Kaplan.

El prestigioso analista, de visita en España, vislumbra más división en los países y augura que la Unión Europea «no va a funcionar en el futuro»

ÁLVARO SOTOMadrid

En la estela de los viajeros británicos del siglo XIX, Robert Kaplan (Nueva York, 1952) lleva 30 años recorriendo el mundo con los ojos bien abiertos. Sin dejarse deslumbrar por las noticias de última hora, este escritor y periodista intenta ir siempre un poco más allá y analiza la geografía de un lugar, habla con la gente y visita los museos para diseccionar el contexto en el que se levantan y se hunden los países. De esa observación nacen unos libros que son verdaderos tratados de geopolítica y que están sobre la mesa de los personajes más poderosos del mundo. De hecho, una fotografía de Bill Clinton, en 1993, con su obra Fantasmas balcánicos debajo del brazo fue la que lo convirtió en un analista imprescindible: después, la revista Foreing Policy lo ha considerado en dos ocasiones como uno de los cien pensadores más importantes del mundo. Kaplan, heredero de periodistas como Kapuscinski, visitó Madrid para presentar su última obra, A la sombra de Europa. Rumanía y el futuro del continente (editorial El Hombre del Tres, Malpaso), y para recibir el Premio Internacional de la Sociedad Geográfica Española.

«La globalización, que ha hecho que millones de personas vivan fuera de sus países, no se va a parar. Pero algunos han ganado con ella y otros han perdido. Por eso han crecido los populismos y por eso hay profundas divisiones dentro de cada país», analiza Kaplan. De ahí se explica la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos o el Brexit. «Estados Unidos son dos países dentro de uno, no tiene nada que ver Kansas con Nueva York, igual que en el Reino Unido no se parece en nada el eje Londres-Oxford-Cambridge a otras partes del país», subraya. «Estados Unidos es un contraste en sí mismo: hay una América que ha mejorado su calidad de vida y otra que lo ha hundido», asevera.

Una de las teorías del escritor es que en los próximos años aparecerá un nuevo país que se llamará Mexicoamérica y que lo formarán, por un lado, el sur de California, Arizona y Texas y, por el otro, México. «Tendrá una cultura unificada», destaca el autor, que ve las relaciones entre la nación más poderosa del mundo y su vecino del sur como «paradójica». «Ya no va a haber migración del sur al norte porque México está creciendo económicamente a un ritmo mucho mayor que Estados Unidos», anticipa Kaplan, que considera que esta frontera es la única que le plantea problemas a la superpotencia.

Sin embargo, el poder global de Estados Unidos «empieza a caer por primera vez en los últimos 75 años, desde que acabó la segunda guerra mundial». A su juicio, la decadencia de Estados Unidos se observa en que, por ejemplo, el yerno de Trump, «sin experiencia en cargos importantes», será su principal asesor, mientras que los altos cargos militares chinos «se han formado en las mejores universidades del mundo». Y el hecho de que el país que lideró el mundo libre renuncie a sus ideales, como ha quedado demostrado en la negociación del TTIP, está abriendo la puerta a las aspiraciones de otras potencias. «El discurso de Xi Jinping en Davos, en el que declaraba a China como líder del mundo, hubiera sido impensable años atrás», dice Kaplan.

El otro gigante que despierta es Rusia. En su opinión, Putin busca recuperar el antiguo imperio; por un lado, amenazando a los países de su entorno («podría invadir las repúblicas bálticas en 24 horas») y por otro, fomentando un sistema de mafias y corrupción y alentando revueltas en los países que considera bajo su influencia. «El nuevo imperio ruso es a bajo coste», resume el escritor, que no tiene dudas de que el escudo antimisiles desplegado en Polonia y Rumania busca frenar las aspiraciones de Putin, «aunque públicamente Estados Unidos diga que trata de protegerse de Irán».

Tampoco vislumbra Kaplan un futuro brillante para la Unión Europea. Considera el también autor de Rumbo a Tartaria que el artefacto europeo «es muy ambicioso, ha tratado de unir tradiciones imperiales muy distintas y cuenta con zonas, como el sureste del continente, muy débiles». «Pensar que Alemania y Grecia podían compartir moneda es una visión terriblemente idealista. Eso no funciona», sostiene Kaplan. «Ahora aparece una Unión Europea a cuatro o cinco velocidades y quizá su futuro económico pueda hasta ser bueno, pero es muy difícil que países tan diferentes puedan estar siempre unidos», agrega.

Kaplan recuerda que visitó por primera vez España en 1971. «Me pareció el Oeste americano. Había zonas semidesérticas y las mujeres vestían de negro», sonríe. El autor cree que el país es «muy vulnerable» a los cambios demográficos y los conflictos de África, pero también lo considera afortunado por sus tranquilas fronteras con Portugal, Francia y el mar. «España no es como Rumanía», concluye.