Fallece a los 90 años Jon Castañares, el primer alcalde de la democracia en Bilbao

Jon Castañares, en una fotografía de 2007./
Jon Castañares, en una fotografía de 2007.

Elegido en los comicios 1979, permaneció durante cuatro años al mando de un Consistorio que se encontró con las arcas vacías, y al frente de un funcionariado que arrastraba aún importantes inercias de la dictadura

I. MARTÍN

Un trozo de la historia de Bilbao desapareció ayer con la muerte de Jon Castañares, el que fuera primer alcalde de la villa tras la restauración de la democracia. Elegido en los comicios 1979 en las filas del PNV, permaneció durante cuatro años al mando de un Consistorio que se encontró con las arcas vacías, y al frente de un funcionariado que arrastraba aún importantes inercias de la dictadura. Fruto en parte de esa situación fue el episodio por el que Castañares pasó «injustamente» a la historia de la ciudad: la quema de 1.500 ejemplares del ganador del primer concurso de cuentos Villa de Bilbao, una decisión de la que él se responsabilizó pero que, según defendió siempre, fue adoptada por un trabajador cuando se corrió la voz de que era un «cuentito verde».

El fallecimiento del exalcalde fue confirmado a través de Twitter por Itxaso Atutxa, presidenta del PNV en Bizkaia, que se unió al «dolor de la familia y los allegados». Castañares había dejado la formación jeltzale en 1986 y contribuyó a la fundación de EA junto a Carlos Garaikoetxea y otros dirigentes nacionalistas. Entre ellos, Rafael Larreina, que recibió ayer consternado la noticia. «Era un hombre de firmes convicciones, un abertzale radical en el buen sentido de la palabra y comprometido con los derechos humanos. Un hombre bueno, coherente y humilde», subraya Larreina.

La penuria económica marcó su mandato al frente de un municipio en el que la Policía Municipal carecía de radioteléfonos porque se estropeaban y no había dinero para arreglarlos, en el que el hospital de Basurto compraba material en las farmacias cercanas porque no recibía suministros, y en el que «nadie optaba a los concursos públicos porque sabían que iban a cobrar el día del juicio», recordaba con humor el exalcalde en una entrevista.

«Era un economista nato», cuenta otra persona que trabajó con él en aquellos duros años de la transición. «Te recibía con la calculadora, era increíble. Todo se traducía a números». Centró sus esfuerzos en equilibrar los presupuestos de la villa, en un ambiente además poco propicio por la convulsión política y social. En 1983 el PNV decidió no renovar su candidatura y volvió a su trabajo bancario, si bien mantuvo una actividad política que en 1989, ya en las filas de EA, le llevó a presentarse como suplente en las elecciones al Parlamento Europeo. Pero nunca se consideró «lo suficientemente zorro para la política».

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