«Los vecinos dicen que jamás había llovido tanto en Leza, era como un huracán»

El granizo se ensañó en Leza, dejando viñas peladas de hojas. /M. A. F.
El granizo se ensañó en Leza, dejando viñas peladas de hojas. / M. A. F.

Los alcaldes de Leza, Navaridas y Villabuena, las tres localidades afectadas por la tormenta, hacen balance de daños. «Hay viñedos muy afectados pero en una zona pequeña»

DAVID GONZÁLEZ y MARÍA JOSÉ PÉREZ

Aún les duraba el susto en el cuerpo a los vecinos de Villabuena, Navaridas y, sobre todo, Leza. Ayer domingo, 24 horas después de la colérica tormenta que barrió Álava de Sur a Norte, no se hablaba de otro tema en estas tres localidades dedicadas en cuerpo y alma al vino, las más afectadas por la tromba. Los daños, al menos, parecen lejos de la maligna helada que hace un año hizo tambalear a toda la denominación de origen. En principio, quedan circunscritos a zonas y parcelas muy concretas y, si se toma como referencia toda la comarca, reducidas.

Ayer la alcaldesa de Leza, Inma Laredo, optaba por un discurso sosegado. «Ha quedado muy afectada una pequeña zona de viñedos. Van a pasarse técnicos para analizar cómo están. Nos han dicho que las viñas menos dañadas podrían recuperarse con un tratamiento», describió a EL CORREO. Las otras, las que han perdido la parra, será otro cantar. Los expertos tratarán de recuperarlas. Tienen hasta septiembre, cuando tradicionalmente arranca la vendimia.

Laredo también tenía ojos para la villa de sus amores. «El pueblo está machacado. Hay árboles quebrados, ramas tiradas. Varios caminos han quedado también afectados», ilustró. A ella, la tormenta sabatina le pilló en Vitoria, de boda. Enseguida, sus vecinos la pusieron al corriente. «Me dijeron que jamás habían visto caer así. Que era como si un huracán pasara por el pueblo. Con lluvia, vientos y piedra (granizo)».

Cuatro kilómetros al noreste, en Villabuena de Álava, un vídeo grabado por los bomberos forales (disponible en la edición digital de este periódico) reflejaba la crudeza de la lluvia caída. Un torrente de agua turbia corría desbocado por las calles de la localidad que presume de una bodega por cada diez habitantes.

«Un susto»

El alcalde, Iñaki Pérez Berrueco, lo explicaba por la orografía del pueblo y la ferocidad del vendaval. «Han sido muchos litros en muy poco tiempo», compartió a pie de calle. «Dentro de lo malo, ha quedado en un susto porque apenas ha habido daños materiales, aunque las casas y bodegas sí han quedado machacadas». Para el regidor, ese requiebro al temido parte de destrozos de hace doce meses hace que «todo haya quedado en un susto».

Y es que, pasadas las tres de la tarde del sábado, un frente nuboso arrasó Rioja Alavesa. En otros puntos de la provincia apenas se dejó sentir. Mientras en Leza cayó hasta granizo, el pluviómetro de Abetxuko registró 2,4 litros por metro cuadrado en el momento de mayor intensidad. En Alegría fueron 5. Por 2,3 de Altube. Es decir, el flanco este de la provincia se llevó la peor parte. Navarrete marcó 11,6 litros en una hora. La estación del puerto de Herrera, frontera natural de Rioja Alavesa, subió hasta los 16,1.

Navaridas completa el triángulo de afección del tormentoso sábado. Su alcalde, Miguel Ángel Fernández, puntualizó que «las partes más afectadas son Leza y la zona norte de Navaridas, donde descargó una tormenta de granizo acompañada por fuertes vientos. En concreto, lo más afectado está entre el hospital de Leza, las bodegas Eguren Ugarte y el límite con Villabuena».

Tras este nuevo percance meteorológico remarcó que van «cuatro años seguidos con incidencias así, tormentas, granizadas o la helada del año pasado. Las tormentas últimamente siempre entran por esta zona».