NI POPULISMO NI DEMAGOGIA

Un hombre camina por las inmediaciones de la fábrica, con numerosos vehículos estacionados en el arcén./Rafa Gutiérrez
Un hombre camina por las inmediaciones de la fábrica, con numerosos vehículos estacionados en el arcén. / Rafa Gutiérrez
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Hay veces en que uno se repite sin problemas de conciencia ni pedir clemencia por ello. Lo he escrito con anterioridad, pero tampoco me arrepiento de insistir porque todos mantenemos cierto orgullo de clase y rendimos culto a unos orígenes que miramos por el retrovisor con la cabeza alta y la dignidad erguida. A lo que voy, que dijo el tuerto con un ojo en la mano mientras veía con el restante cómo rifaban otro. Sé de dónde vengo y no es precisamente del Palacio Real. Vivíamos en las casas de una fábrica donde hace un cuarto de siglo se edificaron pisos de alto 'standing' y recuerdo aquella residencia modesta, fría y húmeda en un entorno hermoso del modo en que se rememoran las batallas libradas. Y hasta las guerras vencidas.

Viene esto a cuento cuando me informan sobre los planes de Mercedes y reivindico para mí mismo un estado de opinión libre y sincero, ajeno a vasallajes indeseables, populismos de un signo y demagogias de otro. Servidor -nunca semejante término me parece tan inapropiado- se considera tan mal súbdito, la rebeldía natural manda, como mediocre jefe. Vamos, uno de esos tipos a los que conviene dejar a su aire confiando en el sentido común que debe provenirle de serie. De ahí que proponga, sin conductas meapilas que valgan, el reconocimiento a las grandes empresas de automoción (incluyan también aquí a Michelin) que procuran el sustento a miles de familias alavesas de forma directa. Teniendo en cuenta, además, a las firmas que a través de ellas facultan empleos indirectos.

Parece necio negar el papel de la lucha de clases para un equilibrio social basado en razones de justicia. Como suena anacrónico resistirse a la evolución que deja mentalidades estancadas con las vergüenzas al aire. Se trata de admitir la calidad de vida que genera el sello automovilístico alemán en Vitoria sin genuflexiones (im)propias de tiempos afortunadamente superados a la vez que se vela por sus cumplimientos fiscales. Pero reconociendo que sin ciertos pesos pesados, la capital alavesa sería menos próspera de cuanto es.

 

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