ME PONES A NOVENTA

Un operario se dispone a cambiar una señal de 90 en la N-124 a su paso por Álava en dirección a Haro./EFE
Un operario se dispone a cambiar una señal de 90 en la N-124 a su paso por Álava en dirección a Haro. / EFE
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Reducir la velocidad en las carreteras secundarias de 100 a 90 por hora me induce a reflexionar en varios sentidos. Así, en plural, como los de esas vías por las que circulan vehículos de frente. Algunos pensamientos me brotan como afirmaciones y otros, a modo de preguntas. Oigo o leo las dos palabras encadenadas y mi memoria viaja a los Martínez (Ignacio Martínez de Pisón, autor de la novela; Emilio Martínez Lázaro, que dirigió la película basada en el libro). Sí, escribo de 'Carreteras secundarias', las mismas por las que la Dirección General de Tráfico recomienda ahora pisar el freno.

Hasta los de Letras, aquellos estudiantes que crecimos zaheridos por la superioridad de los de Ciencias, entendemos que la rapidez al volante es directamente proporcional a la distancia de frenado y esos metros pueden separar la vida de la muerte. La comunidad autónoma vasca sólo conserva 90,5 kilómetros de estas calzadas subalternas, de los que 84 (el 93%) se asientan sobre suelo alavés. Y digo yo que a ver si semejante estadística abona la creencia victimista de habitar un territorio de segunda dentro de Euskadi. Me gustaría pensar que no, pero prefiero el refrán de 'a las administraciones rogando y con la maquinaria ensanchando'. Ya, versión libre, lo reconozco.

Pero de todas las meditaciones alrededor de la noticia prefiero centrarme en una encarnación con abundante sentido común y muy buena materia gris. En Pere Navarro, concretamente, repuesto director general de Tráfico que ocupó el cargo durante los mandatos de Zapatero y ha recuperado su sitio tras la patada a seguir de Sánchez. Me refiero al ideólogo del carné por puntos y al causante necesario de que los accidentes se redujeran a la mitad. Y, sin embargo, por este uso bastardo de la política que aqueja a los aparatos partidistas, ¡y que asumimos como algo natural!, le quitaron la silla durante la presidencia de Rajoy. Hasta el PP ensalzó su labor -había elogios unánimes- al frente de la DGT pero, claro, tenía que colocar a una de las suyas. Agencias de trabajo ¿temporal?

 

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