El 'okupa' muerto por asfixia llegó al bajo de Aretxabaleta «hace más de un mes»

A la izquierda, el bloque de la calle Erentxun donde el miércoles apareció el cuerpo de Mario. /Jesús Andrade
A la izquierda, el bloque de la calle Erentxun donde el miércoles apareció el cuerpo de Mario. / Jesús Andrade

El Ayuntamiento aclara que el local «pertenece a una entidad financiera». Mario, nombre de la víctima, vino a Vitoria en 2014 desde Barcelona

David González
DAVID GONZÁLEZ

Se llamaba Mario. Era catalán. Divorciado y desencantado con la sociedad actual, abandonó su ciudad, Barcelona, hace tiempo. En 2014 descubrió los encantos de la Green capital, de donde ya no se movería. Tras dar tumbos por varios emplazamientos, y según fuentes policiales, «desde hace más de un mes» 'okupaba' un bajo en el número 28 de la calle Erentxun, en el corazón de Aretxabaleta. El mediodía del miércoles, bomberos municipales que acudieron a apagar un fuego en este bloque semi abandonado, y perteneciente casi en su totalidad al Ayuntamiento, descubrieron su cadáver.

Los primeros informes manejados por la Ertzaintza y por el Juzgado de Instrucción número 3, como ya adelantó ayer en exclusiva este periódico, apuntan a un fallecimiento por «asfixia». Las llamas alcanzaron el sofá donde yacía y le afectaron a la parte superior. Se ha descartado la muerte violenta.

Ayer, el Gabinete Urtaran, dueño a través de la sociedad Ensanche 21, de nueve de las doce viviendas del inmueble aclaró que la trastienda 'okupada' por Mario pertenece a «una entidad financiera». En un comunicado, el equipo de gobierno agregó que «en aquellos casos en los que se avisa de posibles ocupaciones de viviendas, Ensanche 21 ha actuado denunciando, desconectando instalaciones, tapiando ventanas y puertas y así seguirá actuando».

Tanto la Policía Local como la Ertzaintza han recibido al menos «una decena» de llamadas ciudadanas en las últimas semanas alertando de presuntos inquilinos ilegales en el número 28.

«Pueden contar conmigo»

Mario y su perro «nunca» dieron problemas en este pueblo engullido por la creciente Vitoria. Y en Aguirrelanda le recuerdan bien. La noche del 29 de septiembre se recibió una comunicación en el 092 de un móvil. Era Mario. Avisaba de que «extraños» habían accedido al bloque. «No quería problemas».

Quienes le trataron le tildan de «correcto» y «educado». Ante otra llamada vecinal de alerta 'okupa', Mario salió a la calle. «También fui propietario en su día, les entiendo, pero deben estar tranquilos. Estoy aquí para tener un techo. Si alguna vez necesitan algo, pueden contar conmigo», dijo a agentes y vecinos.

 

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