La huella de la comunidad judía en Vitoria

El Gran Rabino de Madrid, Moshe Bendahan, interviene en el acto en el parque de Judimendi./R. GUTIÉRREZ
El Gran Rabino de Madrid, Moshe Bendahan, interviene en el acto en el parque de Judimendi. / R. GUTIÉRREZ

Convivieron durante siglos con los cristianos en la capital alavesa pero la relación se tornó convulsa antes de que se ordenara su expulsión en 1492

SARA LÓPEZ DE PARIZA

La historia de los judíos en Vitoria osciló entre la convivencia primero y la segregación más tarde. Una vez expulsados en el año 1492 cobró especial importancia el concepto de respeto, una promesa que se ha mantenido hasta nuestros días de cuidar su antiguo cementerio en Judimendi. Para agradecer este trato, la comunidad judía de Euskadi celebró ayer una completa jornada que comenzó con un maratón de conferencias en el Palacio de Villa Suso impartidas por cuatro historiadores especializados.

Durante el acto de inauguración, el presidente de la Asociación Cultural Euskadi-Israel, Laurence Franks, quiso poner en valor el compromiso de las instituciones a la hora de cumplir con la palabra dada hace 527 años. «No hay un antecedente histórico en todo el mundo donde un pueblo haya decidido respetar los restos de un cementerio o de cualquier otro vestigio judío», subrayó Franks. En este sentido, señaló la «diferencia positiva» que supone la actitud de Vitoria en comparación con otras ciudades que se han enfrentado a situaciones similares. «Hay mucha sangre judía corriendo por las venas de los vitorianos, y eso es algo positivo. Vosotros sois muy especiales y os podéis sentir muy orgullosos de lo que habéis hecho para nuestra comunidad», interpeló a un auditorio prácticamente lleno.

En su intervención estuvo acompañado por el alcalde, Gorka Urtaran, que incidió en lo que une al judaísmo y al cristianismo: «El bienestar de la ciudadanía, el bien común». Recordó también el caso del médico judío Antonio de Tornay, que cuenta con una calle en Judimendi. «En el momento de la expulsión colectiva, el Ayuntamiento le rogó que se quedara en la ciudad para cuidar de los enfermos y así hizo. Se mantuvo aquí para brindar su apoyo sanitario a los vitorianos», detalló.

La fecha

1256
fue el año en el que se fundó la calle de la Judería. La comunidad judía de Vitoria, entonces una de las más importantes del norte de España, se componía de artesanos, médicos, recaudadores, prestamistas... y funcionaba con sus propias leyes aunque contaba también con representantes ante los cristianos.

Ordenanzas de segregación

Pero antes de la expulsión de los judíos de España ordenada por los Reyes Católicos en 1492, la convivencia en nuestra ciudad ya se había tornado convulsa. Según detalló el catedrático de la UPV/EHU José Ramón Díaz de Durana, en los años 1428 y 1487 se emitieron ordenanzas para la segregación de los judíos. Estas medidas antisemitas incluían «la obligación para los judíos de andar con señales coloradas, la prohibición de entrar en casas de cristianos y en el convento de San Francisco, o la prohibición para las mujeres de acceder a la calle de la Judería sin la compañía de un hombre mayor de 14 años, que era en los que se establecía la mayoría de edad».

Fue ya a finales del siglo XV cuando la Judería se convirtió en un «gueto» real y se dejó una única entrada por el portal del Rey. A esa segregación física se unió la discriminación económica y la violencia, que se desató antes de la expulsión. Díaz de Durana recordaba uno de los episodios más duros, «cuando el alcalde de Vitoria, Juan Fernández de Paternina, condena y hace torturar a Jacob Tello con cincuenta azotes y cortándole la lengua por la acusación de haber renegado de Nuestro Señor». Otras situaciones violentas fueron el ataque a la sinagoga y al lugar donde rezaban las judías, a las que se les escupió.

Antes, desde que se fundara la calle de la Judería en 1256 y se convirtiera en una de las más importantes del norte de España, la convivencia había sido pacífica. «Los judíos eran artesanos, prestamistas, recaudadores, médicos, campesinos… no eran una sociedad homogénea», explicaba el historiador. Eso sí, contaban con una organización interna independiente que funcionaba con sus propias leyes y contaba con representantes ante la comunidad cristiana.

Después de esta clase de Historia, ya por la tarde tuvo lugar en los jardines del parque de Judimendi un homenaje de la comunidad judía de Euskadi a la ciudad de Vitoria donde se levanta la escultura 'Convivencia'. Fue un emotivo agradecimiento a la capital alavesa por cumplir con la promesa ya citada de cuidar el solar del antiguo cementerio en el que descansaban los judíos enterrados antes de su expulsión. El acto contó con la presencia del alcalde, Gorka Urtaran, el Obispo, Juan Carlos Elizalde, el Gran Rabino de Madrid, Moshe Bendahan, o el presidente de la Asociación Cultural Euskadi-Israel, Laurence Franks, entre muchos otros representantes sociales, culturales y políticos.