Los estrenos del FesTVal: Estoy vivo y Velvet Colección

'Cliffhanger'

Javier Gutiérrez, en una escena de 'Estoy vivo'./RTVE
Javier Gutiérrez, en una escena de 'Estoy vivo'. / RTVE

La segunda jornada del FesTVal estrena las segundas temporadas de la exitosa 'Estoy Vivo' y la almibarada 'Velvet Colección'

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

Pongamos que el prota va huyendo a toda pastilla por una carretera comarcal. De pronto aparece un camión como si brotara del asfalto, el conductor suelta las manos del volante y se protege la cara en un gesto de pánico. Fundido a negro hasta el próximo capítulo. Eso es un 'cliffhanger'. Lourdes María Lucrecia Cecilia de Todos los Santos está sentada en la taza del váter, con las bragas por los tobillos y el rímel corrido. En su mano, un predictor. Ella, que acaba de descubrir que su amante es, en realidad, su hermano mellizo ve el resultado: con un aspaviento, se lleva la mano a la boca en señal de sorpresa. Música de suspense ('chan-chan-chan') y fundido a negro. Esto también es un 'cliffhanger'. Es éste un recurso de manual con el que los guionistas pretenden, de forma literal, dejar la historia colgada del precipicio para generar expectación en el espectador. Y con uno, bien grande, terminó la primera tanda de episodios de 'Estoy vivo', una de las series revelación de Televisión Española del pasado curso que ayer presentó su segunda temporada en el FesTVal.

Un policía muere en acto de servicio para regresar a su vida desde una segunda dimensión reencarnado en el cuerpo de otro acompañado por una suerte de ángel repipi. Así contado, el argumento de la serie tenía todos los boletos para convertirse en toda una astracanada de difícil digestión para la audiencia. Pero el caso es que funcionó. Detrás del experimento se encuentra Daniel Écija, uno de los mayores expertos en engendrar series de amplio espectro (como esos antibióticos que sirven para todo) de la ficción patria. El reparto, con un sobresaliente Javier Gutiérrez, y una tremenda habilidad para sacar una risotada al espectador hasta en los momentos de máxima tensión, hicieron que 'Estoy vivo' cuajara entre el público.

La segunda temporada arranca en el mismo momento en que terminó la primera tanda: cuando el agente Márquez –y con él, toda su familia– descubre que tiene otra esposa de su anterior vida (ahí está el 'cliffhanger'). Cuando su mundo se viene abajo, el tipo desaparece para resucitar tras una elipsis de año y medio después. A partir de ahí, una boda, un secuestro en una guardería por un tipo que dice estar poseído por el demonio y la aparición de una siniestra niña fantasma vestida igualito que una de las gemelas de 'El Resplandor'. Y todo en un mismo y larguísimo capítulo, que frisa los 90 minutos. Toda esa mezcla de tramas y géneros (sobrenatural, comedia, drama, terror 'soft' y familiar) podría hacerse infumable. Pero no. En esta temporada los creadores de 'Estoy vivo' parecen haber apostado por no tomarse demasiado en serio y han trufado las tramas con todavía más humor –si no inteligente, sí avispado–, que es lo que realmente les había funcionado en los anteriores episodios.

Y siguiendo la máxima de que si algo funciona, mejor no tocarlo, los creadores del universo 'Velvet' presentaron su segunda temporada. Lo único que cambia en los nuevos capítulos de la serie de Movistar es su duración, que se reduce hasta los 50 minutos. ¡Aleluya! Y también el reparto, algo natural en una ficción coral que lleva varias temporadas en antena en dos canales diferentes. Porque sí, por mucho de que le añadieran el 'colección' al invento, esto sigue siendo 'Velvet', la almibarada telenovela con hechuras de drama glamuroso que consiguió sobrevivir a sus dos grandes protagonistas: Paula Echevarria y Miguel Ángel Silvestre.

A base de incluir en nómina a actores de percha de galán de toda la vida –esta vez, Andrés Velencoso, que provocó una pequeña revolución hormonal en la San Prudencio–, el producto, que demuestra conocer muy bien a su público, ha encontrado la fórmula para que el personal no se canse de su perfume dulzón. Conviene tener cuidado. Cuando se les añade demasiado pachulí, estas fragancias pueden acabar empalagando.

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