bendito mando a distancia

Una de las aulas de la UNED./igor martín
Una de las aulas de la UNED. / igor martín
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

A cualquiera nos ha ocurrido bastantes más veces que una sola en la vida. Que opinamos de ciertos asuntos con un criterio mejor formado que de otros. Por razones personales y de mi 'entorno' -ah, este vocablo del fútbol a modo de circunloquio para hablar de los alrededores sin concretar nada- sé de qué escribo cuando lo hago de la UNED. Sin ir más lejos el año pasado asistí a la jornada que conmemora este modo de cultivar intelectos y ánimas con el bendito mando a distancia y escuché el atinado discurso de una alumna y madre como portavoz de mujeres y de hombres que coincidían con ella virtualmente o en las aulas. Y me resonaron en los oídos circunstancias que siento, valga la redundancia, en torno a mí.

Habló la delegada estudiantil del enorme esfuerzo que supone compaginar el estudio abnegado con trabajos y responsabilidades familiares. Del empeño individual por mejorarse cada cual sin que ninguna autoridad obligue a ello ni necesidades de inflar currículos a estas alturas de la vida. De matricularse por el simple, o complejo, ansia de saber que hunde sus raíces en la mismísima condición humana. Trato de primera mano a estudiantes mayores de esta Universidad peculiar. Y las admiro desde las oquedades de mi cerebro.

Por todo ello leí con tristeza la entrevista que este periódico publicó el domingo a la directora de la UNED en Álava. Teresa Imízcoz, y conozco su pesar sin intermediaciones, lleva mes y pico muy tocada por la tijera del Gobierno vasco, que anuncia la reducción de sus aportaciones a la mitad. La diferencia se cifra en cien mil euros, lo que en tantas ocasiones de fondos públicos se entiende como el famoso chocolate del célebre loro. Y me apena que ese recorte suponga un retroceso para una comunidad universitaria vocacional y valiente, que merma la labor cultural de una institución necesaria. Pocos modos más democráticos hallo de extender el conocimiento, base intrínseca de la toma de decisiones libres, que la tarea de este centro señero en los confines de San Martín.