Los pueblos que engulló el pantano de Ullíbarri

El sistema de presas y saltos del Zadorra, una gran obra de ingeniería que abastece Vitoria, Álava y el Gran Bilbao, fue construido entre 1947 y 1957

FRANCISCO GÓNGORA
La presa con las compuertas abiertas. / Eduardo Argote/
La presa con las compuertas abiertas. / Eduardo Argote

Abrir un grifo o encender una bombilla es un gesto carente de misterio para todos. En el caso de Euskadi, un millón cien mil vascos, la mitad de la población de la Comunidad Autónoma, recibe ese líquido desde el embalse de Ullibarri-Gamboa, en Álava, un complejo sistema de presas y saltos. Una sorprendente obra de ingeniería de la década de los cincuenta.

Tras el muro grisáceo de medio kilómetro que cierra el embalse de Ullíbarri-Gamboa se esconde una presa de bóvedas y contrafuertes, como una gigantesca escultura de hormigón, revestida de piedra labrada una a una. Actualmente sería imposible acometer un proyecto así. Está situado a unos 7 kilómetros al Norte de Vitoria y almacena las aguas del río Zadorra. La de Almendra, en Salamanca, por poner un ejemplo, contiene 2.649 hectómetros cúbicos de agua frente a los 147 de la alavesa y tiene una altura máxima de 202 metros ante los cortos 36 de Ullíbarri. Las técnicas de construcción, sin embargo, fueron tan excepcionales que 56 años después de su llenado los trabajos de mantenimiento son mínimos.

La sorpresa salta al entrar por una pequeña puerta metálica en la pared de apariencia ciclópea. De repente, como si algún fantástico animal hubiera quitado las piedras, asoman las 25 bóvedas, de unos 20 metros de altura, de una catedral de hormigón que los ingenieros llaman patios. La presa está hueca por dentro. Las paredes están festoneadas por las cales blancas que suda el hormigón y algunas goteras. Al otro lado del muro de casi tres metros de grosor las reservas vascas de agua presionan en busca de su salida natural al mar Mediterráneo. Todavía se ven los dibujos del encofrado y parece que acabaron apresuradamente porque las pasarelas que comunican un patio con otro están hechas de las varillas de la ferralla sobrante.

La sala de controles está llena de paneles. En un cuadro de cotas aparece la cifra clave: 546,5 metros, el nivel máximo permitido. La tecnología permite conocer al instante ese dato fundamental en todas las salas de control de Iberdrola y del resto de usuarios del embalse como Aguas Municipales de Vitoria (Amvisa) o el Consorcio. En febrero de 2003, durante una de las inundaciones más terribles que se recuerdan, se estuvo a un centímetro del desbordamiento de la presa.

El único ruido dentro de la estructura del dique es una vieja turbina Siemens tipo 'Francis', encargada de bombear desde el embalse al cauce del Zadorra los 675 litros por segundo que corresponden al caudal ecológico que mantienen la vida del río, desprovisto, sin embargo, de cienos y lodos que tanto enriquecen las tierras de las orillas .

Concesión republicana

El vizcaíno Pedro Bernardo de Villarreal fue considerado en el siglo XVII el primer ingeniero genuino de presas y otro, Manuel Uribe Echevarría, pidió en 1926 la concesión del aprovechamiento del Zadorra y sus afluentes. Se la otorgó el Gobierno de la II República como el primer gran trasvase de cuenca a cuenca permitido en España, sin apenas rechazo. En 1945 la concesión pasa a Altos Hornos de Vizcaya y en 1947 a Aguas y Saltos del Zadorra que ejecuta las presas y el salto.

Una galería de 2,50 metros de diámetro y 3,5 kilómetros de longitud con una capacidad de 7 metros cúbicos de agua une Ullíbarri con el embalse de Urrúnaga o Villarreal, situado a casi 10 kilómetros al Norte de Vitoria. Esta presa, de 72 hectómetros cúbicos, regula las aguas del río Santa Engracia. Es uno de los talones de Aquiles del sistema. El tubo es estrecho para acoger el volumen lo que entra por la cuenca del Zadorra. «Ullíbarri se llena lentamente, pero puede ser un verdadero monstruo», advierten los expertos. El temor a abrir las cinco compuertas de Urrúnaga, preocupa a los gestores de los embalses.

Las presas de Urrúnaga y Ullíbarri son gemelas. El mismo diseño, igual hormigón, la misma piedra caliza y oscura de Landa, labrada por canteros gallegos y traída mediante un teleférico. Pero a algunos vecinos de Urrunaga la modernidad de aquella obra fue el quebranto de salir de sus casas situadas en el mismo muro de la presa de Urrúnaga y construir otra con las vigas, los cuarterones y las piedras que se pudieron coger apresuradamente. A dos reales el comunal y a una peseta el metro cuadrado de la finca. Los afectados por la pérdida de sus tierras aún recuerdan con tristeza aquel decenio maldito.

Tras viajar por una tubería de 12,5 kilómetros, el agua de los embalses cae 328 metros en vertical con la fuerza suficiente para mover turbinas y generadores de la central subterránea de Barázar. Todo el suministro de Bilbao se aprovecha hidroeléctricamente en su caída con cuatro grandes generadores.

Las galerías de la central hidroeléctrica se abrieron a barrenazos de dinamita. Los obreros tenían que andar 756 metros bajo tierra, y atravesar zonas de aguas sulfurosas, para alcanzar las cámaras de la central, que se abren como un templo de hormigón en el corazón del monte Barázar. Las condiciones de trabajo eran malísimas. Muchos murieron electrocutados con las lámparas portátiles y aplastados entre muros que se venían abajo. Trabajaron 3.500 obreros.

Fue una obra que transformó paisajes, cambió la forma de vivir de mucha gente, atrajo a una gran inmigración y anticipó el gran desarrollo del País Vasco en la década de los sesenta. Todavía el agua que bebemos y parte de la luz que nos ilumina depende de este peculiar 'gruyere' de túneles y galerías abierto en la Llanada Alavesa y en Barazar hace 56 año s.

Los pueblos que desaparecieron

Con motivo de la construcción del pantano desapareció el municipio de Gamboa. Gamboa estaba formado por los pueblos de Azúa, Garayo, Larrínzar, Marieta, Mendíjur, Mendizábal, Nanclares de Gamboa, Orenin y Zuazo de Gamboa. Su término municipal se extendía por 41,14 km2. En 1940 contaba con más de 630 vecinos.

La construcción del embalse del Zadorra hizo que el 10 de mayo de 1957 el Gobierno decretara la disolución del municipio de Gamboa y su división entre los municipios vecinos. El reparto se hizo de la siguiente manera: Garayo, Larrínzar, Marieta, Mendíjur y Zuazo de Gamboa fueron al municipio de Barrundia; Nanclares de Gamboa y Mendizábal fueron absorbidos por Arrazua-Ubarrundia y finalmente Azúa y Orenin por el municipio de Elburgo.

Una vez que se procedió al llenado del embalse la mayor parte de los pueblos se vieron afectados de una u otra manera por la inundación. Mendizábal y Orenin, por ejemplo, quedaron totalmente sepultados bajo las aguas desapareciendo para siempre.

Garayo se vio afectado también casi totalmente por la inundación, aunque se salvara alguna casa. Ello hizo que el pueblo quedara prácticamente despoblado. Actualmente Garayo ha sido reconvertido en zona de baño y esparcimiento.

Zuazo de Gamboa se salvó de la inundación, pero quedó convertido en una isla en mitad del pantano, por lo que acabó también despoblado. Actualmente es utilizado como campamento de colonias juveniles por la Diputación de Álava.

Azúa y Nanclares de Gamboa quedaron a orillas del lago. Sin embargo sus habitantes perdieron muchas tierras de cultivo y se vieron obligados a emigrar. Azúa quedó deshabitado y Nanclares, sin llegar al mismo extremo, si vio reducida su población en gran número e incluso perdió la condición de concejo.

Progresivamente los antiguos concejos de Gamboa fueron también extinguiéndose de forma oficial: Zuazo de Gamboa (15-1-1959), Mendizábal (2-3-1959), Azúa y Orenin (2-4-1959), Nanclares de Gamboa (31-5-1961) y finalmente Garayo (15-6-1961). Las poblaciones que menos sufrieron por la recrecida del embalse fueron Marieta, que se fusionaría con la vecina Larrínzar en un único concejo y Mendíjur. Estas dos poblaciones siguen existiendo como concejos en la actualidad, aunque también se vieron afectados por la construcción del embalse, ya que también perdieron tierras de cultivo.

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