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El otro descubridor de Troya

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El otro descubridor de Troya

Frank Calvert fue el primer arqueólogo que excavó en Hisarlik e identificó el yacimiento con la ciudad cantada por Homero, pero ha caído en el olvido, ensombrecido por la fama de Heinrich Schliemann

12.07.13 - 19:19 -
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Hay dos nombres a los que Troya está asociado inevitablemente. Uno es el de Homero, el otro es el de Heinrich Schliemann, que figura en la mayor parte de los manuales de historia de la arqueología como el genial descubridor de la ciudad mítica. Sin embargo, el arqueólogo aficionado alemán no fue el primero en identificar su emplazamiento ni en abrir una excavación en él. El honor corresponde al comerciante y diplomático inglés Frank Calvert.

La biografía de Frank Calvert es difícil de construir por motivos opuestos a los que impiden trazar una historia fiable de Heinrich Schliemann. Éste, que llegó a definirse en su correspondencia como "un fanfarrón y un farolero", elaboró todo un mito sobre su vida plagado de embustes y exageraciones, a través de una bibliografía casi inabarcable que incluye 11 libros, 18 diarios de viajes, una cifra récord de 20.000 artículos y 60.000 cartas, según detalla Michael Wood en su libro 'En busca de la guerra de Troya' (editado por Crítica). Con Calvert sucede todo lo contrario: aunque publicó sus hallazgos, lo hizo en artículos breves. Buena parte de su documentación personal ha desaparecido y su correspondencia se conserva parcialmente. Esta falta de datos y el 'papel' menor o hasta inexistente en el descubrimiento de Troya que le adjudicó Schliemann hacen que haya sido pasado por alto o se le perfile mal, confundiendo incluso su nacionalidad o su identidad con las de sus hermanos.

El otro descubridor de Troya

Una de las pocas fotos de Frank Calvert que se conservan.

Frank Calvert nació en La Valeta, Malta, el 3 de septiembre de 1828. Era el menor los siete hijos de un matrimonio inglés expatriado. El padre, James Calvert, era comerciante de cereales y también ejerció ocasionalmente de cónsul. La familia tuvo que abandonar Malta por problemas económicos y se trasladó a Grecia. Al igual que sus hermanos, Frank asistió a la escuela, pero dejó de estudiar a los 16 años y no recibió educación superior, circunstancia que, ya adulto, le avergonzaría y frenó sus intentos de hacerse valer en el mundillo arqueológico. Sin embargo, sus conocimientos eran notables. En el colegio había aprendido matemáticas, italiano, cartografía, latín y griego, pero además era un lector voraz que disponía de una bien nutrida biblioteca familiar. Se convirtió en un erudito autodidacta, muy aficionado a las antigüedades y con buen ojo para identificar yacimientos arqueológicos sobre el terreno.

Frank se trasladó hacia 1845 con tres de sus hermanos y su hermana Louise a Çanakkale, en los Dardanelos (Turquía), donde trabajaron en los negocios de su tío materno. Como explica Wood, "la familia tenía negocios locales y comerciaba sin escrúpulos de forma más bien feudal, pero eran siempre serviciales y amables". Frank desempeñó trabajos muy diversos: además de los negocios familiares de exportación e importación, era el representante de la naviera de Liverpool Moss Steamship Company, administraba dos explotaciones mineras con su hermano James y ejercía de corresponsal del 'Levant Herald', periódico para lectores ingleses y franceses que se editaba en Estambul. Según recoge Susan Heuck Allen en su exhaustivo libro 'Finding the walls of Troy: Frank Calvert and Heinrich Schliemann at Hisarlik', Frederick y James Calvert empezaron a alternar sus negocios con el trabajo como cónsules de varios países (Prusia, Bélgica y Holanda, Reino Unido y Estados Unidos), en el que eran asistidos por Frank. Hacia 1852, el más joven de los Calvert se encargaba de redactar la mitad de la correspondencia diplomática en francés e inglés de sus hermanos. Sorprende que tuviera tiempo para topografiar la región y realizar estudios arqueológicos, botánicos y geológicos. Estos trabajos le dieron cierto renombre en la zona y le convirtieron en un guía muy solicitado para visitantes ilustres.

Del Consulado a la arqueología

La implicación en negocios poco claros de Frederick durante la Guerra de Crimea puso en entredicho la honorabilidad de la familia, pero también hizo que Frank acabara haciéndose cargo ocasionalmente del Consulado británico. En 1874 se convirtió también en el cónsul de Estados Unidos, cargo no remunerado que hasta entonces había desempeñado su hermano James.

Los Calvert compartían su interés por la arqueología y la cuestión de Troya era un tema de conversación habitual en la casa familiar, una bonita mansión con vistas al estrecho de los Dardanelos. En torno a 1850 Frank era partidario de la localización de la ciudad homérica que defendían la mayoría de los eruditos: Burnabashi. No está muy claro en qué momento el menor de los Calvert cambió de opinión y se inclinó por Hisarlik ('lugar de la fortaleza' en turco), montículo que cubría las ruinas de la acrópolis de Ilium Novum, la ciudad fundada por los romanos en tiempos de Augusto sobre lo que ellos identificaban con la Ilión -es decir, Troya- cantada por Homero. Probablemente empezó a considerarla después de leer 'Una disertación sobre la topografía de la llanura de Troya'. Su autor, el escocés Charles Maclaren, defendía que la Troya de 'La Ilíada' tenía que estar en Ilium Novum. Maclaren visitó la zona en 1847 y, aunque no está documentado, es posible que conociera a los Calvert.

El otro descubridor de Troya

El teatro de Ilium Novum, la 'Nueva Troya' romana.

A quien sí conoció Frank fue a Charles Newton, diplomático y conservador del Museo Británico, que recorrió la región en 1853. Ambos visitaron Burnabashi y llegaron a la conclusión de que no podía ser Troya. También inspeccionaron la colina de Hisarlik. A partir de este punto la secuencia de acontecimientos es confusa y los autores difieren sobre en qué momento Frank Calvert abrió su primera trinchera en la colina. Según Wood, esto no ocurre hasta 1865, pero Joachim Latacz indica en 'Troya y Homero' (editado por Destino) que realizó "pequeñas prospecciones a partir de 1863".

Según detalla Susan Heuck Allen, Calvert empezó a considerar en la primavera de 1863 la posibilidad de excavar en Hisarlik, donde solo se habían documentado restos clásicos, las ruinas de los edificios de la acrópolis de Troya descritos por Homero. El arqueólogo aficionado inglés compró la parte oriental de la colina a un granjero local, con intención de excavarla. Abrió sus primeras trincheras en la ladera norte del montículo, a lo largo de su perímetro y en la ladera sureste. Además inspeccionó los agujeros abiertos por los lugareños para extraer piedras labradas.

En septiembre de 1863 había abierto varias trincheras en forma de abanico. No fue una gran excavación, pero sí lo suficiente como para que el arqueólogo se diera cuenta de que el yacimiento era muy complejo y correspondía a una ciudad que había vivido muchas fases de ocupación. Encontró parte del templo helenístico dedicado a Atenea, así como estructuras y murallas que reconoció como de diversas épocas, algunas prehistóricas. Pero, a pesar de los resultados prometedores, los negocios familiares obligaron a Calvert a interrumpir el trabajo de campo. Necesitaba fondos para continuar. Enterado de que Newton había sido destinado como cónsul a Rodas, se apresuró a escribirle para que intercediera por él ante el Museo Británico.

En busca de un patrocinador

La carta, fechada el 24 de septiembre de 1863, dice: "Como sabe soy propietario de gran parte del sitio de Ilium (Novum), que contiene muchos restos de la antigüedad enterrados bajo su superficie. (...) He descubierto que el templo de Palas (Atenea) ocupó el montículo prominente que se levanta sobre la llanura. Una excavación que hice de doce pies de largo por ocho de ancho y tres de profundidad sacó a la luz una serie de columnas estriadas, un capitel, una inscripción y frisos, mientras que otros restos aparecen enterrados y a los lados. Nuestro amigo mutuo W. Waddington piensa que se pueden realizar importantes descubrimientos en este templo". Después de comentar algún detalle más, Calvert iba al grano: "Si se puede hacer algo para que el Museo Británico realice excavaciones aquí (y en otros lugares, si así lo desearan) estaría encantado de ofrecer mis servicios. Permitiría que se abrieran todos mis terrenos y que todos los objetos hallados pasaran a ser propiedad del Museo Británico (con la excepción de los duplicados que el Gobierno turco probablemente reclamaría como su derecho por la concesión del permiso de excavación)". Además, Calvert pedía ser el director de la excavación, firmar las publicaciones resultantes y que su nombre fuera asociado a los hallazgos que diera el yacimiento.

El otro descubridor de Troya

Detalle del bastión de Troya VI.

Newton transmitió la petición sin demasiado entusiasmo al Museo Británico con la sugerencia de que, de aprobarse el patrocinio solicitado, la ayuda fuera de 100 libras. Pasaron los meses y Calvert no recibía respuesta. El 11 de diciembre de 1863, el arqueólogo estaba tan ansioso por saber qué iba a ser de su proyecto de excavación en Hisarlik que, cuando se enteró de que Newton estaba en un buque francés fondeado en los Dardanelos, cogió un bote en plena madrugada y remó hasta el barco. Subió a bordo por sorpresa y su furibundo capitán lo echó de malas maneras, sin que pudiera entrevistarse con su amigo. Las tibias gestiones de Newton no funcionaron y el Museo Británico rechazó apoyar los trabajos del comerciante inglés.

Decepcionado, Calvert siguió realizando sus excavaciones en Hisarlik en la medida en que se lo permitían sus trabajos mercantiles -que no iban bien- y consulares. En 1865 hizo prospecciones en cuatro puntos diferentes del yacimiento y descubrió que los constructores clásicos que habían reedificado la ciudad habían nivelado su acrópolis. Además, localizó un bastión de lo que ahora se conoce como Troya VI (en torno a 1700-1300 aC) y lienzos de muralla. A esas alturas, estaba convencido de que el lugar era la Troya de la 'Ilíada', pero también sabía que hacía falta una gran excavación para "zanjar la cuestión principal de 'ubi Troja fuit' (dónde estuvo Troya)". Entonces apareció Heinrich Schliemann.

La llegada de Schliemann

En contra de lo que afirmó en la elaborada leyenda que sobre sí mismo construyó Schliemann, el comerciante alemán convertido en arqueólogo no estuvo fascinado por Troya desde su niñez. Su correspondencia privada demuestra que hacia 1850, cuando se planteó retirarse de los negocios para dedicarse a alguna actividad intelectual de prestigio, no había escogido un campo de estudio y no sentía una inclinación especial hacia la arqueología. Según afirma Wood, es cierto que "conocía a Homero y su relato, pero probablemente fue su visita a Grecia y a Troya en el verano de 1868, y su encuentro con Frank Calvert, lo que propició que se dedicara a la arqueología, y lo que le sugirió la idea de descubrir la Troya de Homero mediante excavaciones".

En realidad, Schliemann ya llevaba un tiempo dedicado a la cuestión antes de conocer a Calvert. De hecho, fue su desconcierto ante los restos de Burnabashi lo que le llevó el 12 de agosto de 1868 hasta la casa del comerciante y diplomático, considerado una autoridad en las cuestiones arqueológicas de la región. Cuando se conocieron, Schliemann era partidario de la teoría que situaba Troya en Burnabashi, y fue Calvert quien le habló de Hisarlik y le convenció de que la ciudad homérica estaba allí.Animado por éste, decidió emprender sus propias excavaciones en la parte del yacimiento de propiedad turca.

Calvert ayudó en todo lo que pudo a Schliemann, e intentó asociarse con él, pero el alemán nunca le consideró un igual y simplemene se limitó a aprovecharse de sus contactos y conocimientos . Schliemann le consultaba por carta todas sus dudas, desde las metodológicas a las burocráticas (cómo sobornar a los funcionarios turcos, básicamente), sin descuidar las más nimias ("¿Debería llevarme un armazón de hierro para la cama y una almohada?"). Como explica Marcelle Robinson en 'Schliemann's silent partner: Frank Calvert (1828-1908)', el alemán se sirvió de toda la ayuda que pudo obtener del inglés, y que éste le prestó de forma casi servicial. "Schliemann nunca respetó a Calvert", afirma Robinson. Una vez famoso como 'descubridor' de Troya, el arqueólogo alemán "persuadió al mundo de que Calvert fue simplemente una figura menor, alguien que merecía poco o ningún interés especial".

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Schliemann, sentado en el centro, y Calvert, de pie a la derecha, posan en una foto de grupo.

Durante un tiempo, Calvert creyó que Schliemann y él podrían llegar a ser socios y trabajar juntos. En 1868 le planteó excavar su parte del terreno a cambio de la mitad de los hallazgos. Calvert se encargaría de los permisos y el papeleo, y Schliemann del salario de los obreros. Se lo propuso varias veces e incluso, en los momentos de mayor apuro económico, le ofreció en venta su parte del yacimiento en 1871. Alarmado por las actividades de Schliemann, el ministro turco de Cultura, Safvet Pasha, había comprado para el Gobierno la parte occidental del montículo. El arqueólogo alemán se dedicó a presionar a Calvert para que le consiguiera los permisos de excavación o le facilitara la compra del terreno al Gobierno. Calvert supuso que Schliemann estaría interesado en compartir o adquirir su propia parcela y le hizo una oferta. Schliemann le dio largas mientras seguía sirviéndose de su ayuda y la rechazó un año y medio después, cuando ya no le necesitaba.

En 1869, antes de empezar sus grandes excavaciones (seis campañas entre 1870 y 1879), Schliemann publicó 'Ítaca, el Peloponeso, Troya' (editado en 2012 por Akal). En él escribe sobre Hisarlik: "Por las fosas que el ingeniero Frank Calvert practicó en esta colina, reconoció que en gran parte es artificial y que se ha formado por las ruinas y los restos de templos y de palacios que allí han existido durante largos siglos. Haciendo una pequeña excavación en su cima, al este, sacó a la luz una parte de una gran construcción, palacio o templo, construida con grandes piedras talladas, puestas una sobre la otra sin cemento. Lo poco que se ve de esa construcción no permite dudar de que no haya sido de grandes proporciones y ejecutada con un arte perfecto. Después de haber examinado atentamente en dos ocasiones toda la planicie de Troya, comparto plenamente la convicción de ese sabio: que la alta meseta de Hisarlik es el emplazamiento de la antigua Troya". Este tono de reconocimiento desaparecerá en la obra posterior de Schliemann.

“Malvado demonio”

Calvert se dio cuenta de que Schliemann solo le quería para servirse de él. Los roces fueron inevitables a medida que el alemán empezó a imponerse como 'el' descubridor de Troya. En 1872 rompieron un acuerdo que habían alcanzado para que Schliemann excavara en la parte del montículo que pertenecía al inglés. El 4 de febrero de 1873 Calvert publicó un artículo en el 'Levant Herald' en el que reconocía el hallazgo de su para entonces rival de los niveles prehistóricos de Troya, debajo de los romanos, pero en el que señalaba que "falta un importante eslabón entre el 1800 y el 700 aC, un vacío de más de 1.000 años, que incluye la fecha de la guerra de Troya, 1193-1184 aC, pues no se han descubierto todavía vestigios de la época intermedia transcurrida entre la fecha indicada por las herramientas de piedra prehistóricas y la cerámica de estilo arcaico”. Schliemann reaccionó furiosamente y arremetió contra Calvert, al que llamó “malvado demonio... difamador y embustero".

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Las excavaciones de Schliemann, en un grabado de la época.

Calvert y Schliemann tenían muchas cosas en común: ambos eran hombres de negocios, autodidactas y arqueólogos aficionados. Pero su relación siempre fue asimétrica. La avasalladora personalidad del alemán se impuso a la del mucho más tímido inglés que, cuando surgieron los problemas entre ambos, siempre intentó evitar el enfrentamiento, lo que Schliemann interpretó como un signo de debilidad. Mientras el alemán acumulaba publicación tras publicación, Calvert no podía dar a conocer sus hallazgos, por falta de tiempo y fondos, así que decidió tirar la toalla y centrarse en sus estudios botánicos y geológicos.

La figura de Calvert ha sido reivindicada por estudios recientes, como los realizados por Marcelle Robinson y Susan Hueck Allen. "Fue un erudito cuyos estudios pioneros de la Tróade y las regiones circundantes cubrieron un amplio rango de las ciencias naturales", afirma Robinson. Como arqueólogo descubrió 17 yacimientos y excavó 30. Publicó sus hallazgos en artículos breves, concisos y minuciosos en revistas especializadas y, sobre todo, fue indiscutiblemente el primero en tratar de demostrar a través de una excavación arqueológica que Troya estaba en Hisarlik, siete años antes que Schliemann.

Por fortuna, Frank Calvert no se sintió nunca poco reconocido. Murió en 1908 y sobrevivió a su rival 18 años, durante los cuales recibió comentarios elogiosos sobre su trabajo en Troya por parte de algunos de los principales especialistas. Sobre todo -y curiosamente- alemanes.

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