Cataluña decide

Las históricas elecciones de hoy miden los efectos políticos en la comunidad del terremoto por el frustrado ‘procés’

Cataluña decide
EL CORREO

Las elecciones de hoy son una oportunidad que los ciudadanos de Cataluña no pueden desaprovechar para despejar dudas sobre el sentido de su voluntad política. Hace ahora dos años, el independentismo obtuvo una mayoría absoluta del Parlamento -aunque en votos fue superado por el constitucionalismo- que ha utilizado en un descabellado intento de ruptura a la brava. Sus consecuencias resultan conocidas: un profunda fractura social, un enorme revés económico y la intervención de la autonomía. Los comicios más decisivos de la historia de Cataluña se celebran en medio de una cerrada pugna entre secesionistas y constitucionalistas, y con una incertidumbre total sobre el signo del próximo Gobierno y el rumbo que imprimirá a la relación con España tras el descarrilamiento del ‘procés’. De las urnas saldrá un Parlamento cuarteado entre siete fuerzas, divididas a su vez en dos bloques aparentemente irreconciliables, y con el reto de garantizar una complicada gobernabilidad. Una misión hercúlea, en la que sería irresponsable olvidar las traumática experiencia vivida por Cataluña tras asomarse al precipicio de la independencia al margen de cualquier legalidad. La convocatoria fue anunciada por Rajoy en el mismo instante en que explicaba los términos de la aplicación del 155. Ello ha hecho inevitable un aire de cierta excepcionalidad durante la campaña, agudizado por el hecho de que un candidato a la presidencia de la Generalitat (Carles Puigdemont) está huido en Bruselas para evitar la acción de la Justicia y otro (Oriol Junqueras) se encuentra en prisión preventiva. La masiva participación que se espera reforzará el peso del veredicto de las urnas, que, al margen de hacia qué lado se incline la balanza, dibujará una Cataluña mestiza, plural en sus identidades y sentimientos de pertenencia. Una realidad que haría bien en tener en cuenta el próximo Gobierno, sea cual sea su color político. Las insinuaciones lanzadas desde algunos sectores secesionistas para cuestionar la limpieza del escrutinio y, por extensión, la confianza en el funcionamiento de la democracia española son una burda estratagema que descalifica a quienes la emplean. Sembrar dudas con antelación sobre el recuento de votos quizás sirva para movilizar a un puñado de simpatizantes, pero carece del menor sentido y retrata a sus autores.

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