El asesino de la alavesa hallada en Miranda de Ebro usó una «brutalidad inusitada»

Funcionarios trasladan el cuerpo sin vida de Ana Belén Jiménez, arriba a la derecha, en presencia de la Policía local. / AVELINO GÓMEZ

La Policía detiene en Vitoria a su marido, del que se encontraba en trámites de separación

DAVID GONZÁLEZ | CRISTINA ORTIZ

Una viandante, en su paseo matutino por la mirandesa calle Río Ebro, se percató de la existencia de un cuerpo inerte en uno de los asientos traseros de un ‘Renault Scenic’ verde aparcado en batería. Eran las 12.30 horas del mediodía de ayer. La testigo, sin teléfono móvil encima, dio la voz de alarma en un bar cercano. Pronto, el tranquilo lugar se llenó de coches patrulla y de agentes uniformados y de paisano. El cadáver correspondía a Ana Belén Jiménez, una vitoriana de 44 años y vecina desde hace algo más de quince años de Turiso, una pequeña localidad del municipio de Lantarón, en el sur de Álava, de apenas medio centenar de residentes.

Alguien la había asesinado «con una brutalidad inusitada», según fuentes policiales consultadas por EL CORREO. Todo indica que el autor se valió de una arma contundente, «probablemente un hacha», para acabar con su vida. Ana, como se la conocía en Turiso o en el colegio Unamunzaga donde trabajaba, presentaba una incisión fatal en la parte superior del cuerpo. Se investiga si esta se produjo dentro del automóvil, perteneciente a la propia víctima, o en las inmediaciones. Y es que los agentes hallaron -y fotografiaron- restos de sangre en la carrocería del turismo aparcado al lado y sobre el asfalto. En este escenario buscaron evidencias, como huellas o restos de ADN, para comenzar a reconstruir el crimen. También rebuscaron en contenedores y en papeleras cercanas en busca del arma homicida, aunque sin éxito.

Sobre las 14.30 horas, la titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Miranda de Ebro ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al Instituto de Medicina Legal de Burgos para practicarle la autopsia. Decretó también el secreto de sumario del caso.

En su puesto en Mercedes

La Policía Nacional, que se encarga de la investigación, enseguida puso cara, nombre y apellidos al principal sospechoso. Sus primeras pesquisas señalaron a la expareja sentimental de Ana, un hombre llamado Agustín y vecino también de Turiso. En el pueblo dicen que «estaban en trámites de separación». Llegaron a principios de siglo. Vendieron su piso en Vitoria para comprar un coqueto chalé en el pueblo. El matrimonio tenía dos hijos en común.

Agustín regenta desde hace un año un lavacoches en Miranda de Ebro, pero trabaja a diario en la factoría vitoriana de Mercedes-Benz. Lo hace en la línea de montaje bruto donde ayer entró a las dos de la tarde. Puntual. Sabedores de esta circunstancia, efectivos policiales se dirigieron hacia la Avenida de los Huetos, donde se ubica la factoría.

Sobre las 16.15 horas, accedieron a la macrofábrica, ubicada a 32 kilómetros del lugar donde apareció el cadáver. Agustín estaba en su puesto de trabajo habitual. «Sin antecedentes penales», el único sospechoso les recibió con «incredulidad» y «muy sorprendido», según ha sabido este periódico de fuentes de la plantilla de la empresa automovilística.

Según varios testimonios, ayer llamó la atención entre sus compañeros por un detalle. Apareció con «una herida en la cara» -«enrojecimiento», según medios policiales-, que achacó a «haberse golpeado contra un árbol». Un conocido corroboró su versión. A partir de ahí, Agustín no dijo nada. Al cierre de esta edición, no había confesado su autoría.

Es más, el único sospechoso permaneció en el más estricto silencio. Incluso cuando, desde las 19.15 horas, fue trasladado a su chalé en Turiso para estar presente en el registro, verificado por el Juzgado de Instrucción número 2 de Vitoria. Los policías nacionales continuaron con la búsqueda de evidencias y del arma homicida, tanto en el interior del inmueble como en las cercanías. Rebuscaron también en contenedores. Una grúa se llevó el coche del único sospechoso del crimen para proceder en instalaciones policiales a su exhaustivo análisis por si apareciera alguna prueba inculpatoria.

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