El Correo

Las blancas abren juego

La ampliación de la zona de viñedos ha permitido casi 2.000 nuevas hectáreas de uva blanca en Rioja.
La ampliación de la zona de viñedos ha permitido casi 2.000 nuevas hectáreas de uva blanca en Rioja. / iosu onandia
  • La entrada en producción de las nuevas plantaciones abre nuevas vías de mercado a la DOC Rioja

Los gurús de las tendencias sostienen que el vino blanco está en aras de protagonizar la tercera revolución gastronómica, tras la eclosión del gintonic y la cerveza artesanal, como piedra angular para estar a la última en el arte del ‘postureo’. Llegue a tal extremo o se quede en el camino, lo cierto es que el blanco gana adeptos entre los nuevos consumidores de vino –los jóvenes– a mayor ritmo que el tinto y ello está provocando variaciones sustanciales en el sector.

La mesa sectorial del vino asignó a finales de 2012 nada menos que 1.750 hectáreas de la Reserva Nacional del Viñedo para el desarrollo de vinos blancos en La Rioja y dos años después –a principios de 2014– la Consejería de Agricultura dio luz verde a los expedientes de plantación para que un millar de hectáreas se destinen al cultivo de uva pálida. En la DOC Rioja la superficie total de nuevas plantaciones de blanco se eleva a dieciséis millones de metros cuadrados, con 400 hectáreas radicadas en País Vasco y otras 200 en Navarra.

Esta apuesta administrativa animó a gran parte de los viticultores riojanos a darle una oportunidad a unos caldos cuyo consumo a nivel mundial es superior al del tinto pero a los que el consumidor español, sin darle la espalda por completo, accede de forma más residual. Y aunque esta próxima semana empezarán a vendimiarse estos terruños, es a finales de este año cuando la cuenta de resultados de la DOC debe reflejar si la apuesta ha resultado rentable para las bodegas de Rioja.

Esta añada será la primera en la que el blanco recupere terreno respecto al tinto –con casi 2.000 nuevas hectáreas–, si bien el impacto total de esta transición se podrá medir en 2017, ya que la regulación establece que el 100% de la producción se recoja al cuarto año de haber sembrado la vid y la mayor parte de viñedos blancos de La Rioja son jóvenes, por lo que este año deberán conformarse con el 50% de la producción.

Que el vino blanco es una buena inversión lo tienen constatado en Dinastía Vivanco, que este año vendimiará unas 70 hectáreas de uva blanca, de las 450 de viñedo propio que posee la bodega riojalteña. Su propietario y enólogo, Rafael Vivanco, recuerda que «fui de los más insistentes en el Consejo Regulador en cuanto a la promoción de la autorización de variedades blancas» y subraya que «además hemos prestado una atención muy especial a las variedades autóctonas de blancos, como el Tempranillo, la Maturana o la Garnacha, que estaba ya casi olvidada».

«En 2010 fuimos pioneros en introducir Tempranillo blanco en un vino en el mercado (con el Vivanco Blanco) y en 2008 plantamos todas las variedades que se autorizaron en diferentes terruños para comparar y conocer la adaptación a diferentes alturas», sostiene, recordando que «en la vendimia del pasado año ya añadimos a nuestro blanco uva de Tempranillo, Maturana y Viura, con lo que estamos demostrando que el mercado asume bien las nuevas plantaciones».

Sin embargo, Rafael Vivanco lamenta que entre los nuevos viticultores de blanco «se ha plantado mucha Viura y creemos que el vino blanco de Rioja puede tener mucha más diferenciación en el mercado e interés si potenciamos las variedades autóctonas de la región».

Fernando Fernández es uno de los agricultores que recientemente se han lanzado a la apuesta por el blanco. Natural de Pradejón, explota junto a su hermano cinco hectáreas y media de Sauvignon Blanc en Santa Lucía de Ocón, de las que esperan obtener este año algo menos de 5.000 kilos de uva. «No estamos muy de acuerdo con la forma en que se amplió la masa vegetal en Rioja, pasando de golpe de 4.000 a 7.000 hectáreas, pero nos dedicamos a esto y al final se trata de seguir plantando», explica.

Dudas razonables

La ilusión convive con la incertidumbre ante esta nueva experiencia: «En principio nos daba mucho miedo lanzarnos a esta decisión porque el año pasado se derrumbaron los precios, pasando de los noventa céntimos por kilo de 2014 a los cincuenta de 2015». No obstante, los principales indicadores auguran un repunte moderado de los precios, amparado por un aumento de las ventas en el mercado nacional del 20% y en las exportaciones del 10% durante los seis primeros meses del año.

El mismo recelo respecto al mercado mantienen en Viñedos de Aldeanueva, la principal bodega cooperativa de Rioja y la más madrugadora en la vendimia –esperan hacerlo a comienzos de esta próxima semana–. Su gerente, Abel Torres, admite que «este año estamos dudando y el que viene, al extenderse al 100% la producción de los nuevos viñedos, posiblemente se puedan compensar las ventas respecto a años anteriores».

Respecto a lo que cabe esperar de la calidad de estos nuevos vinos, el cielo vuelve a tener la última palabra. «La uva está estupenda, aunque con el grano un poquito más menudo; aun así la calidad de la vendimia la da el mes de septiembre y hay que esperar». Sin embargo, Rafael Vivanco advierte: «Muchos de los blancos que entran este año en producción son de plantas todavía muy jóvenes; a menos que cuenten con mucha vegetación para combatir la sequía, su calidad se va a resentir».