El Correo

Sueños jóvenes en Laguardia

Javier San Pedro Ortega nos enseña sus viñedos de Laguardia.
Javier San Pedro Ortega nos enseña sus viñedos de Laguardia. / SONIA TERCERO
  • Javier San Pedro Ortega no ha cumplido la treintena, elabora sus vinos y construye ya su propia bodega

Hay bodegas grandes, pequeñas, centenarias, modernas y las hay etéreas, construyéndose en los sueños de un viticultor. Su nombre suena con fuerza en distintas publicaciones del mundo del vino como una de las promesas llamadas a revolucionar el sector en el futuro. Se llama Javier San Pedro Ortega, no ha cumplido la treintena y se prepara para emprender un nuevo proyecto dentro de su aventura en la viticultura, una nueva bodega en Laguardia.

La relación de San Pedro Ortega con el vino se remonta a prácticamente la adolescencia. De hecho, recuerda que elaboró su primer caldo a los 17 años. «Hay que tener en cuenta que represento a la quinta generación de una familia de viticultores y que me he criado en la bodega familiar», apunta. Así, no es de extrañar que la viña se haya convertido en su pasión y que decidiera emprender su propio proyecto personal en 2013 con unos pilares bien marcados.

Preservar las viñas más viejas es una de las bases sobre las que trabaja. Lo demostró desde sus inicios, ya que la primera viña que compró, de nombre La Taconera, está datada en 1920. Ese interés queda perfectamente plasmado en su gama Viuda Negra, procedente de viñedos de más de 20 años. Otra de sus apuestas pasa por elaborar vinos de parcela y así se ve reflejada en las instalaciones de su próxima bodega, que tendrá una capacidad aproximada de unos 450.000 litros, aunque divididos en pequeños depósitos para poder así trabajar con cada vino por separado. «Hacemos, por ejemplo, dos tintos de finca porque contamos con viñas que, después de labrarlas durante mucho tiempo, mantienen una calidad constante todos los años», explica. «Aparte de eso, transmiten algo más de lo habitual, son vinos con alma», apostilla.

La búsqueda de lo especial

Enmarcados en ese objetivo de conseguir vinos que vayan un paso más allá, que expresen el amor de la tierra, se encuentran el resto de las propuestas del joven de Laguardia. «Contamos, por ejemplo, con un blanco monovarietal de tempranillo cuyas uvas proceden de una parcela que, no sé si será por la altura o por estar muy cerca de la Sierra Cantabria, le proporcionan unas características especiales», expone. «Es muy aromático y cuenta con una gran acidez que hace que tenga una capacidad increíble de conservación en botella». San Pedro Ortega se atreve también con la elaboración (no todos los años) de un vino de vendimia tardía.

Ese gusto por la innovación, por la singularidad y por la autenticidad es el que el viticultor de Rioja Alavesa va a trasladar a sus nuevas instalaciones que tendrán en el enoturismo otro de sus ejes fundamentales, ya que contarán con un wine-bar en el que los visitantes van a poder degustar sus vinos. Además, la bodega albergará una pasarela a media altura para que quienes acudan a las instalaciones puedan conocer el proceso de elaboración sin la necesidad de un guía. Cuando esté operativa, la bodega supondrá la culminación del sueño de San Pedro Ortega, artífice del proyecto y del diseño de su ‘nueva casa’, que contará además con otros espacios curiosos, entre los que destaca un establo. «Queremos volver a lo que se hacía antes aprovechando los conocimientos que tenemos en la actualidad».

Su idea es vinificar en la nueva bodega el próximo mes de septiembre. «Aunque esté todavía a medio hacer», apostilla. Allí podrá seguir demostrando por qué ha sido elegido como el joven más influyente del sector del vino. Tiene las ideas claras y va a poder plasmarlas en su propia bodega. Javier San Pedro Ortega continúa firme por su camino de uvas y viñas.

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