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«No quiero meter a nadie en problemas»

Miranda

«No quiero meter a nadie en problemas»

Un matrimonio con dos hijas negocia con la ayuda de la PAH la dación en pago y el alquiler social de un piso comprado con aval en 2003 por 83.000 euros

31.03.13 - 00:47 -
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La suya es una historia que se repite demasiado en los últimos tiempos. L. B. y su marido compraron una casa en pleno boom inmobiliario, cuando él tenía un trabajo bien remunerado en la construcción; pero como a otros tantos, la crisis les pilló de lleno. Se quedó en el paro y, ahora, con dos niñas de 8 y un año que mantener, son incapaces de hacer frente al pago de la hipoteca de 350 euros que venían abonando con regularidad desde 2003, cuando adquirieron un piso de segunda mano de 48 metros por 83.000 euros. «En algún sitio teníamos que vivir. Estuvimos barajando alquilar o comprar, pero salía más barata la segunda opción. Por uno de renta, nos pedían 600 euros. Entonces estaban muy altas. Así que nos metimos en un crédito», reconoció.

No tuvieron ningún problema para conseguirlo. Su situación económica era muy buena. «Mi marido es encofrador, oficial de primera, y ha llegado a cobrar 2.500 euros al mes», así que ni por un instante se les pasó por la cabeza que no iban a poder hacer frente al pago de una letra relativamente baja. De hecho, no tuvieron dificultades durante bastante tiempo. Las cosas fueron bien hasta 2011.

A partir de ese momento el trabajo empezó a fallar y los ingresos se redujeron a los 800 euros que perciben de paro. «Solo de factura de luz y gas de dos mes he pagado más de 300», apuntó. A eso hay que sumar, otra cuota de 300 euros del crédito de un coche que adquirieron años atrás y que ahora tienen parado porque no pueden renovar el seguro. Tampoco consiguen venderle, pese a que llevan tiempo intentándolo.

Han ido aguantando como han podido, pero ya no pueden más. Aunque si hay una época que recuerda con especial angustia es 2011. Los últimos meses los dos estaban en paro y ella, además, embarazada. «No tenía nada para la niña y todas las cosas para bebés están carísimas». La situación se les volvió muy complicada así que aceptaron un préstamo personal del banco con el que seguir haciendo frente a las cuotas de la hipoteca, confiando en que la situación mejorara.

Pero la realidad no ha sido así y, ahora, en lugar de tener que desembolsar 350 al mes, tienen que pagar 450, más lo del coche, las facturas, la comida, los intereses de demora... Imposible con 800 euros.

Así que a finales de 2012 dejaron de pagar los préstamos. «No nos llega para todo, así que lo queremos negociar con ellos es una dación en pago (por unos 72.000 euros) y un alquiler social». Llevan casi un mes de hablando con la entidad bancaria, por un piso tasado en 2006 en 104.000 y que ahora valdría «un 25% menos».

Mejor, con apoyo

Se trata del primer caso con el que está trabajando la PAH de Miranda y, aunque el final de la historia no está escrito, ya se están viendo los resultados de esta mediación. «Antes nunca se ponían en contacto conmigo, y desde que he ido de la mano de la mano de la plataforma, la actitud ha cambiado. A las dos horas de estar allí con ellos ya me llamaron. En dos semanas lo habrán hecho 3 ó 4 veces», destacó.

Aunque en algunas ocasiones más que para negociar sea para «meter algo de miedo». Y es que sobre la cabeza le pesa, como una espada de Damocles, el aval de su suegro. «Me da igual perder dinero. Lo que quiero es irme de alquiler y no meter a nadie en problemas. No quiero que esto afecte en nada a mi familia», zanjó.

De momento, solo les queda esperar. El documento de dación en pago ya lo han entregado y el banco tiene que estudiar una propuesta de la PAH que pasa porque puedan quedarse en su casa durante 5 años con una renta de 240 euros (el 30% de los ingresos del paro).

Una mediación que esta afectada de 27 años valora muy positivamente, pero sin dejar de lado «el apoyo personal» que ha encontrado en la plataforma, porque «esto te baja mucho la moral, te llegas a sentir muy culpable por la situación. Hacen una labor impresionante».

Con su ayuda confía en «poder quitarme la deuda «y tener un techo en el que poder vivir con mis hijas. Eso es lo importante». Además de encontrar trabajo, a su marido le ha salido uno por mes y medio. Necesita decir adiós a las preocupaciones. «No pensé que esto me iba a afectar tanto, me dan muchos ataques de ansiedad», zanjó.

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