Atractivo donde los haya, así se presenta una vez más a los mirandeses el Mercado de la Viandas que celebra ya en la ciudad su decimosegunda edición. Y, sin duda, la continuidad en el tiempo es una consecuencia directa de la acogida que durante esta última década ha tenido la oferta de los productos alimenticios artesanales que se ofrecen en el interior del Pabellón del Ebro. Un espacio en el que este año todos los que se han dado cita en él han agradecido -de modo especial-, la colocación de calefactores porque aunque la propuesta es ya habitual en el mes de febrero, no todos los inviernos las temperaturas son tan bajas como las que se están produciendo en estos últimos días.
Y el clima, o mejor dicho, el frío que se ha autoinvitado, era tema de conversación entre los encargados de los 31 puestos ya que temían que «el tiempo haga que la gente se retraiga», eso es lo que comentaban, aunque también confiaban en que, como suele ser habitual «el domingo por la mañana haya más afluencia», decía Pablo Garrido que no ha faltado a ninguna de las citas con el Mercado de las Viandas mirandés desde que se instaurara hace doce años.
Una cita ineludible para los mirandeses que tienen muy claro que el Pabellón del Ebro se convierte en estas jornadas en un espacio donde pueden encontrar los mejores productos artesanos, esos que no siempre pueden encontrarse en las grandes superficies a las que se acude para hacer la compra diaria.
Ya en la puerta de entrada del Pabellón era fácil adivinar que los que tienen paladares más exigentes iban a poder encontrar algún producto que les atrajera, quesos y embutidos, conservas de pescado y repostería, llegados desde Extremadura, el País Vasco, Cataluña, La Rioja o incluso Baleares y, por supuesto, muchos de ellos procedentes de distintas localidades de Castilla y León.
Eso sí, antes de adentrarse en la instalación también estaba la opción de degustar los productos que se ofrecían en la pulpería; un año más, un buen reclamo para todos los asistentes. En esta ocasión en la jornada inaugural lo que ofertó fue la posibilidad de degustar, de modo gratuito, mejillones.
Una vez en el interior, pronto se hacían presentes los jamones de Guijuelo, así como los quesos de Trobajo del Camino o San Esteban de la Sierra, y el público que entraba no podía menos que acercarse para comprobar la calidad de lo que en todos esos puestos se ofrecía. Eso sí, Pablo Garrido, veterano en el Mercado de las Viandas de Miranda y llegado desde la localidad leonesa, reconoció que «este año la crisis también se nota, negar la evidencia nos sirve de nada. En esta ocasión lo que se advierte es que la gente mira mucho más los precios y hace cuentas antes de de llevarse lo que quiere».
Calidad ante todo
También el tiene claro que el éxito de este tipo de eventos gastronómicos radica en que «lo que traemos son productos artesanos, con denominación de origen», además, considera que citas así son buenas para prestigiar «los productos que son de calidad. Si hay controles eso es un hecho y este es el mejor espacio para darse a conocer»; y él por eso los trae, aunque también «para una serie de clientes que ya casi podemos decir que son amigos, después de que llevo viniendo desde hace doce años. Y vengo muy a gusto porque este es un lugar en el que este mercado está muy bien organizado».
De la misma opinión era Iratxe del Barco, que traía desde Mallabia productos de repostería. Y, es más, allí mismo podía comprobarse como hacía rosquillas de anís. El aroma era uno de los atractivos. «De eso se trata también y, como no es que haga mucho calor pues unas rosquillitas calientes apetecen y, además, es que están buenísimas».
Y sobre el éxito de este tipo de citas tiene claro que ahora la gente es más crítica y «a la hora de comprar es más exigente. A veces compra menos, pero lo que busca son productos de calidad». Ella llevaba ya alrededor de cinco años sin participar en el Mercado de las Viandas mirandés y en esta oportunidad notó «cómo no, la crisis, el volumen de las compras está disminuyendo, pero es importante que sigamos viniendo porque creo que tenemos que potenciar entre todos la promoción de nuestros productos gastronómicos, sean cuáles sean».
Los que paseaban por el pabellón tenían claro, en su mayoría, qué es lo que querían. Probablemente la propia situación de crisis haya influido, pero lo cierto es que conocedores de lo que podían encontrar iban ya con la idea del producto que deseaban adquirir para poder degustarlo en casa.
Esta edición del Mercado de las Viandas arrancó el viernes y ayer el trasiego de mirandeses fue incesante. Cuando acabe -eso será hoy a las ocho y media de la tarde- será el momento de hacer el balance definitivo, pero el ambiente fue bueno en general.
Había que animar las compras y, para ello, todos los que adquirían algún artículo recibían un boleto que debían rellenar e introducir en una urna. Será en el momento en el que se eche el cierre al Mercado cuando se sepa quién se ha hecho con una cesta. Ese es el premio a los consumidores que se han acercado en alguna de las jornadas hasta el Pabellón del Ebro para engrandecer un poco más el ya tradicional e ineludible Mercado de las Viandas que lleva haciéndose presente desde hace doce años.