La presencia policial en las calles, puentes, túneles, puertos, aeropuertos, metros, aparcamientos y edificios de Nueva York se ha ido intensificando en los últimos días conforme se aproxima el décimo aniversario de los ataques del 11-S. Ayer, y tras confirmarse que se tenía la pista de una amenaza «creíble aunque no corroborada», la seguridad se incrementó y fue mucho más evidente en unas calles que registraban un monumental atasco dados los continuos controles policiales.
La amenaza, de la que fueron informados el jueves por la noche la Casa Blanca y los ayuntamientos de Nueva York y Washington, es «significativa», dijeron la autoridades, que no quieren dar ninguna oportunidad a un nuevo ataque. Los informes de los servicios de inteligencia con respecto a este posible atentado se han tomado con seriedad. Según informaban ayer los diarios de la ciudad de los rascacielos la preocupación es que el sucesor de Osama bin Laden en Al-Qaida, Ayman al-Zawahiri, haya dado la orden de un ataque con coches bomba en alguna de las infraestructuras de las ciudades. Aunque la estructura del grupo terrorista está muy debilitada, Al-Zawahiri podría querer dejar su impronta como nuevo hombre fuerte de la organización y las autoridades recuerdan que Bin Laden estaba planeando un nuevo golpe a EE UU en esta señalada fecha. De hecho, según un alto funcionario anónimo, habría tres individuos implicados en la trama, dos de los cuales tendrían la nacionalidad estadounidense, además de un posible coche bomba.
En una rueda de prensa convocada a toda prisa el jueves a las diez de la noche, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dijo que lo mejor que se puede hacer para luchar contra el terror es rechazar el miedo, «porque lo que no vamos a hacer es dejar que los terroristas ganen por intimidación». Bloomberg explicó que el viernes iría a trabajar en metro (como hace en algunas ocasiones) y pidió a los ciudadanos que siguieran con su vida normal. Raymond Kelly, responsable de la seguridad de la ciudad, anticipó no obstante que se iban a hacer fuertes controles, por lo que deberían esperar retrasos y planear sus viajes urbanos con tiempo extra.
Ayer, donde más evidente se hicieron estas demoras fue en el intenso atasco de una ciudad en la que normalmente la circulación es fluida cuando no es hora punta.
En Times Square, la policía apuntaba las matrículas de los camiones que bajaban por la Séptima Avenida. Los informes de radio sobre el tráfico hablaban de fuertes embotellamientos en las entradas por los puentes que conectan Manhattan con el resto de la ciudad de Nueva York y Nueva Jersey. Kelly recordó ayer, sin dar cifras, que se asignarían más fuerzas al control policial y estas contarían con tecnología para la lectura electrónica de matrículas, perros entrenados en la detección de bombas y aparatos diseñados para detectar radiaciones. La seguridad también se intensificó en algunos edificios emblemáticos de la ciudad y el servicio de grúa redobló su celo despejando aceras donde estaba prohibido aparcar.
Serenidad ciudadana
Con todo, los neoyorquinos vivieron con normalidad los controles. Acostumbrados a la presencia policial y a los estados de alerta, los habitantes de esta ciudad no tienen mayor reparo en abrir el bolso en los controles de entrada a los metros y responder a las preguntas de la policía o los servicios de seguridad contratados por las empresas privadas.
Sin tratar de minimizar la amenaza, «porque nos las tomamos todas muy en serio», el alcalde pidió a los ciudadanos que no sucumbieran al pánico ante la primera sospecha y simplemente avisaran a la policía frente a cualquier paquete sospechoso que vieran abandonado en el metro o un coche aparcado en zona prohibida. «Avísanos y deja que decidamos nosotros si es una amenaza o no», pidió. La fuerza policial de Nueva York es una de las más numerosas del mundo y desde luego la mayor de Estados Unidos, con unas 40.000 personas en el cuerpo frente a las 13.000 que tiene Los Ángeles. Por mucho que su presencia pareciera ayer en las calles más notoria que nunca, había mucho más en la sombra, según advirtió el alcalde para reconfortar a la población y desanimar a los terroristas. «Hay mucha gente ahí fuera que no ves pero que están arriesgando su vida para protegerte», aseguró.