Imaginación y consenso ciudadano. Son algunos de los ingredientes que no deberán faltar a la hora de abordar y diseñar cómo será la Miranda de los próximos años. El primero de ellos, para suplir la escasez de dinero de los ayuntamientos y de los ciudadanos en una época de crisis económica e inmobiliaria; y el segundo, para garantizar que la ciudad resulte cómoda para las personas que la habitan.
En torno a ambos ejes giró ayer la mesa redonda que cerró el curso de verano de la UBU dedicado al urbanismo y la arquitectura de una ciudad de provincias y en la que participaron el alcalde de la ciudad, Fernando Campo, y varios técnicos en la materia y que estuvo moderada por el arquitecto municipal José Ignacio Vegas. Todos ellos coincidieron en la oportunidad de ver la dimensión y la ubicación de Miranda como dos puntos fuertes, reconociendo además que, en general, no se puede seguir creciendo al ritmo ni del modo que se ha hecho en los últimos años. La ciudad tiene «un tamaño y una posición interesante, entre Vitoria, Logroño y Burgos, que hace que sirva de transición entre núcleos mayores. Eso se debe aprovechar», destacó Juan Luis de las Rivas, profesor de la Escuela Técnica de Arquitectura de la Universidad de Valladolid.
Una opinión compartida por Félix Escribano, presidente del Colegio de Arquitectos de Burgos, para quien el entramado urbano es un espacio controlado y perfectamente definido que hace posible trabajar en rematar espacios nuevos como Miranda Sur y en regenerar otros ya consolidados.
Inversión en patrimonio
El principal escollo a vencer está en la financiación. Algo en lo que hizo mucho hincapié Campo sobre todo al hablar de patrimonio. Todos y cada uno de los participantes reconocieron la necesidad de actuar para poner en valor inmuebles y elementos como el Teatro Apolo, en el que ya se trabaja, y otros como el castillo, el museo o la iglesia San Juan. Todos son importantes, pero «hay que priorizar, porque no hay dinero para todo. Es algo obvio». El alcalde lo tiene claro, tras el teatro, lo siguiente es el museo, aunque no se deje olvidado lo demás.
Un punto de vista en el que coincidió con el arquitecto Jesús Zárate, para quien la intervención en el Apolo era algo totalmente necesario para revitalizar un espacio cultural en el caso antiguo. «El resto de los proyectos «se pueden hacer poco a poco, pero hay que hacerlos», insistió. Pero se deben hacer contando con la opinión de quienes los van a usar. «Tenemos servicios, situación y voluntad. Sería posible buscar un futuro para nosotros en el que creamos nosotros»
Combinándolos además, con un trabajo de concienciación ciudadana para que los propietarios reconozcan el valor de sus casas e inmuebles y los mantengan en perfectas condiciones. El mismo ya planteó hace más de tres décadas la falta de calidad estructural de viejos edificios de Aquende, pero no se ha hecho nada hasta la puesta en marcha hace varios años del Arch.
Aún así, muchos siguen sin reformarse. Ahí entra en juego la Inspección Técnica de Edificios, una normativa que puede crear un nicho de trabajo para arquitectos y constructores, pero también un gasto para dueños de inmuebles que pueden no tener recursos para hacer frente a los arreglos prescritos. El Ayuntamiento lo está constatando ahora con los fondos del Área de Rehabilitación del Casco Histórico. Hay fondos públicos disponibles pero muchos vecinos no cuentan con la parte que les tocaría.
Pero eso, en opinión de José Antonio de Juana, otro de los arquitectos del debate, no puede conllevar que no se hagan las revisiones. La Inspección Técnica de Edificios resulta básica para tener «una ficha urbana actualizada sobre el edificio» y no siempre tiene por qué concluir en obras. «En ciudades donde se está desarrollando se ha intervenido en menos del 10% de las viviendas inspeccionas, que además han sido las más antiguas».
Pero al margen de todo esto, hay otro elemento clave para hacer de Miranda un lugar atractivo, aunque menos relacionado con el urbanismo: la generación de empleo Si no se crean trabajo «seguiremos en el mismo marco o con menos gente», insistió Campo. De ahí que para el la apuesta fundamental de futuro pase por el desarrollo industrial y logístico, y no urbanístico.