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La sorpresa de Arlabán

ÁLAVA

La sorpresa de Arlabán

Se cumplen 200 años de la gran emboscada de las guerrillas navarra y alavesa a un convoy francés el 25 de mayo de 1811

29.05.11 - 02:52 -
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La táctica fue perfecta. Cerca de 3.000 guerrilleros alaveses y navarros (4.500 según otras fuentes) ocultos entre la maleza y los robles de ambos lados del camino real a Francia, en el puerto de Arlabán, esperaron desde las 4 de la madrugada a las 8.00 horas del 25 de mayo de 1811 -¡cuatro horas sin mover una ceja!- a recibir la orden de ataque por parte del gran guerrillero Espoz y Mina. Cuando la parte central del convoy, compuesto por 150 carruajes, 1050 prisioneros y una escolta de 1.600 soldados franceses, se encontraba en medio de la leve ascensión, sonó el disparo de aviso. Una sola descarga cerrada de fusilería y ataque a la bayoneta calada. La sorpresa de los militares napoleónicos, a pesar de su veteranía, fue mayúscula. Siete horas después de un combate feroz, la mayor hazaña de la guerrilla hasta el momento, acabó convertida en una leyenda que, gracias a los prisioneros ingleses, dio la vuelta al mundo. A pesar de toda la vigilancia sobre el terreno de los gabachos, que tenían terror a este tipo de ataques, con pelotones de guardias supervisando el camino, los emboscados no cometieron ningún error.
Sobre el camino y bajo los robles quedaron los 150 carruajes y 240 cadáveres de las tropas invasoras. Otros 160 fueron hechos prisioneros y conducidos hacia Zalduondo, el lugar donde los cuatro batallones navarros y uno alavés descansaron. Muchos de los presos -algunos murieron en la refriega junto a mujeres y niños que iban en el convoy- se unieron a los atacantes.
Pero la hazaña la habían hecho antes y era el gran arma de la guerrilla: la agilidad en sus movimientos. En dos días, aquellos hombres habían caminado 84 kilómetros por senderos de montaña. A pesar de que iban ligeros de peso, y no como los franceses que cargaban hasta 30 kilos de impedimenta, andar esa distancia era una barbaridad.
Patriotas
Los 'brigantes', como los llamaba el invasor, eran tipos normales: herreros, posaderos, panaderos, pastores, labradores, estudiantes. Se llamaban José de Abecia (Marquina, 1788), Francisco Longa (Mallavia, 1793), Sebastián Fernández de Leceta 'Dos Pelos', Martín Eguiluz, Andrés García o Eustaquio Salcedo. Algunas calles de Vitoria han elevado a alguno de ellos a la categoría de héroes aunque sus acciones son muy desconocidas. En Arlabán fue fundamental el apoyo de los vecinos de Ullíbarri-Gamboa dirigidos por el posadero Silvestre Fernández de Larrea que, al conocer el terreno, hicieron de enlaces. Fueron los únicos con licencia para moverse en la larga espera de cuatro horas.
Como escribió el navarro Francisco Espoz y Mina, el más grande de los guerrilleros, que cambió el arado por el sable, y protagonizó numerosas escaramuzas en territorio alavés, «nunca hubiese abrazado el partido de las armas. La patria, el peligro de la patria cuya libertad e independencia nos fueron atacados por un hombre, inflamó la sangre de los buenos hijos de ella».
La guerrilla o el 'corso terrestre', como se autodenominaba Mina, dominó gran parte de la provincia durante la Guerra de la Independencia y llegó a bloquear Vitoria, donde había permanentemente una guarnición de 6.000 hombres, además de destacamentos dispersos en distintos fuertes y pueblos para garantizar la comunicación entre Francia y la España ocupada. En 1810, un informe para el general Drouet describía los lugares de más intensa actividad guerrillera en el territorio: Laguardia, Labastida, Peñacerrada, Salvatierra, Aramayona, Villarreal (Legutiano), Alegría, La Puebla de Arganzón, Armiñón, Salinas de Añana, Salinillas de Buradón, Oion y Arciniega». El historiador Enrique Martinez Ruiz describe la irrupción de estos civiles como una novedad en la historia universal. «Es la milagrosa animación de un paisaje que se creía inerte; la aldea, el suburbio, el monte irrumpen en la historia militar».
El paisaje como arma
Es una nueva forma de lucha que se olvida del orden cerrado, los cuadros y las maniobras y lo cambia por la genial improvisación de convertir la geografía en un elemento más del combate. Los ejércitos napoleónicos no incluían la «utilización del paisaje» contra el enemigo en su táctica. Lo que hacían era colocar los efectivos «en el paisaje». Pero en España, ese espacio estaba controlado por la guerrilla, escribe Enrique Martínez.
El 9 de mayo de 1811, José Bonaparte, el rey intruso, había pasado por este mismo puerto de Arlabán, el pequeño paso que separa Álava de Guipúzcoa en la carretera que va a Mondragón, para asistir en París como padrino al bautizo del rey de Roma (el primogénito de Napoleón). 16 días después se produjo en el mismo lugar la emboscada, la mayor derrota que las guerrillas vascas habían infligido a Napoleón. En pleno territorio del Ejército del Norte, con 70.000 soldados y en la ruta de Francia que siempre debía estar abierta, fue un bochornoso desastre para los galos que se jactaban de tener espías y confidentes en todas partes. Aquella maquinaria de conquista casi perfecta que era la Grande Armée había sufrido una humillante derrota por parte de las «partidas de brigantes».
La reacción del mariscal Bessiéres, jefe de aquel ejército, no se hizo esperar. Además de perseguir y ahorcar o fusilar a muchos sublevados impuso contribuciones extraordinarias de 4 millones de reales de vellón a Álava, 5,5 millones a Vizcaya, 3,6 a Guipúzcoa y ¡20 millones! a Navarra. Los invasores utilizaban el terror para neutralizar el apoyo de los pueblos a los guerilleros. Por ejemplo, se ejecutaba al que tocase las campanas al paso de los franceses, que era la manera de avisar a los insurgentes de la presencia de tropas.
Recreaciones en Vitoria
La Asociación Histórica Vitoria 2013 que prepara la conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Vitoria ha organizado para el mes de septiembre una recreación al aire libre con uniformes de los diferentes ejércitos de la época napoleónica. Las campas de Armentia y la plaza de la Virgen Blanca son los lugares que se han estudiado para estos alardes que consiguen una gran respuesta entre el público.
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