No resulta sencillo, y menos en tiempos de crisis, pero aún así una decena de personas tratan en Miranda de vivir de su arte, del trabajo artesanal y creativo que desarrollan en su taller aunque algunos están ya jubilados). Un 'negocio' que siguen entendiendo también como una afición, tanto ellos como el resto de los integrantes de la Agrupación Mirandesa de las Artes. «Es dificilísimo vivir del arte. Hay que tener mucha suerte, que te conozcan y, por supuesto, ser bueno», valoró Julio Carazo, presidente de la asociación desde hace 8 años.
Un colectivo que nació a finales de 1987 para dar respuesta a las inquietudes de un pequeño grupo de amigos y que hoy agrupa a 80 personas con intereses de lo más variado desde pintura, talla, escultura, taracea, encuadernación o bolillos. «Aquí tiene cabida cualquier tipo de manualidad», reconoció Julio Carazo,
De hecho, todos los años se incorpora alguien nuevo. «Suelen venir 3 ó 4 personas, normalmente jóvenes que estudian Bellas Artes o que acuden a las escuelas de Artes y Oficios de Vitoria y Bilbao». Ellos toman el relevo de aquellos más mayores que abandonan por la edad. Todos contribuyen a que, en estos momentos, la edad media de los socios ronde «entre los 35 y los 40 años» y a que apenas haya diferencias entre el porcentaje de hombres y de mujeres que participan.
Contar con un grupo de 80 personas interesadas en llevar a cabo diferentes proyectos artísticos es un número «muy interesante» para una ciudad de las dimensiones de Miranda. «Esta bien, es un conjunto importante», reconoció. Sin olvidar que, además, a lo largo de los años, por allí han ido pasando la gran mayoría de las personas que ha realizado algún tipo de trabajo artístico en la ciudad, algunos de sobra conocidos por los mirandeses -recordó a modo de ejemplo- como Alejandro Almarcha o Alberto César González, 'El Blusilla'.
Y es que, al final, estar asociado siempre resulta útil, aunque nada más sea porque puedes compartir inquietudes con alguien que se dedica a lo mismo; pero también porque participar y organizar exposiciones y ferias puede resultar más sencillo si se hace de manera conjunta y no en solitario. «Es la mejor fórmula para darse a conocer», valoró Carazo.
También lo pueden hacer a través de la propia sede del colectivo, ubicada en Ronda del Ferrocarril, 59, un espacio no demasiado amplio en el que mantienen una muestra del trabajo de varios de sus componentes pero que está abierto a toda la ciudad. «Nos encantaría contar con más exposiciones y que la gente se animara a mostrar aquí sus trabajos. No tienen por qué ser socios, cualquiera puede venir».
De hecho, en algún momento llegaron a plantearse la posibilidad de abrir las puertas de su sede como centro de aprendizaje, para que otras personas interesadas en cualquier disciplina pudieran aprender. Pero las limitaciones de espacio y las dificultades para conseguir otro mayor les llevaron a desechar la idea. «El local nos lo cedió el Ayuntamiento y es como es, no hay más metros. Lo aprovechamos todo lo que podemos».
Aun así, durante algún tiempo trasladaron su experiencia a las aulas, a los colegios de la ciudad que solicitaban su apoyo, aunque reconoció Carazo que hace tiempo que esta iniciativa se perdió. La oferta era variada, hubo clases de torno, pintura, marquetería... «Nosotros estamos dispuestos. Vamos a todos los sitios de donde nos llaman. Es importante enseñar a los chavales cómo se hacen las cosas», apuntó.
Aquí no tienen problema para darse a conocer, Miranda es pequeña y «creo que nuestra labor está reconocida». Cuesta más trasladar esta imagen a otros lugares, principalmente por los gastos económicos que ello conlleva. «No podemos mostrar nuestra obra allí donde nos gustaría. Económicamente es imposible exponer en muchos sitios. Sólo en traslados y montaje se va mucho dinero». De ahí que se limiten al entorno más próximo. Acaban de estar en Aranda, el próximo mes van a Haro y de cara a 2011 se plantean volver a Vitoria. «Mucho más lejos no podemos ir».
Este año han organizado 4 exposiciones en salas de arte, un número que «está bastante bien» para sus posibilidades; porque no hay que olvidar que a esto se suman distintas ferias que mueven, en función de las características, desde un par de artesanos hasta casi una veintena.