Algunos buscan la catedral que enamoró a Ken Follet. Otros prefieren el anillo verde, los museos y las terrazas de un inmenso 'salón de estar' peatonal. Tampoco faltan los que vienen de compras o a las fiestas de La Blanca, cada vez más agitadas y mestizas. Todos ellos son los responsables de que el turismo de Vitoria registre unas cifras de récord y se haya convertido en una especie de oasis en el desierto de los circuitos vacacionales. La oficina de información de la plaza General Loma recibió 22.185 visitantes en agosto, un 17% más que en 2009. Agentes del sector coinciden en que los datos son «espectaculares» y afianzan un ascenso que muchos ya intuían.
Vitoria tiene tirón a pesar de la crisis. O, mejor dicho, gracias a ella. El turismo de interior aumenta cuando los presupuestos son ajustados, coinciden los expertos. La ausencia de atentados de ETA es otro de los puntos fuertes del despegue. «Nadie busca un lugar inseguro. La normalización política se transmite y nos beneficia», explica la jefa del servicio de Turismo, Ana Lasarte. A su vez, agrega que Vitoria 'se vende' cada vez mejor «y ahora llegan los resultados».
Más franceses
Como es habitual, la mayor presencia de visitantes nacionales procede del propio País Vasco -5.787 en agosto-. A partir de ahí, las personas llegadas desde Cataluña -3.773- y la Comunidad Valenciana -que con 2.080 turistas consigue desbancar a Madrid del segundo puesto- lideran el ranking. El apartado internacional está dominado por los franceses -670-, italianos -511- e ingleses -187-.
«La valoración es muy positiva. Teníamos buenas expectativas y se están cumpliendo», explica Inés Cibrián, gerente de Alava Incoming, la sociedad empresarial promotora de congresos y actividades turísticas. «Hemos hablado con establecimientos como el restaurante El Portalón y el hotel Jardines de Uleta y sabíamos que el atractivo de Vitoria iba a más», celebra.
Y es que el sector se guía mucho por los resultados de las pernoctaciones. El ejemplo está en el hotel El Boulevard, en Zaramaga. Su director, Asier Aguirre, dice que tardará en olvidarse de este verano. «Yo llevo aquí desde 2003 y ha sido el mejor desde entonces. En julio hemos superado el 70% de ocupación, y en agosto el 80%. ¿La razón? La calidad del establecimiento, nuestros precios y la crisis. La gente se iba antes a destinos internacionales y ahora prefiere otras opciones más económicas». En todo caso, Aguirre huye del triunfalismo. «Esto es un balón de oxígeno en un año nefasto. Nosotros vivimos de las empresas, y cuando tienen problemas lo primero que hacen es recortar en gastos de viaje y en personal».
Eduardo Ugarte, director de gestión externa de la Asociación de Hostelería de Álava, resume que «está claro que la situación económica nos beneficia, pero además se está haciendo un gran trabajo en el sector».