La futura sede del Instituto Foral de Bienestar Social (IFBS), quizá el principal 'proyecto estrella' del Gabinete Agirre, empieza a tomar forma. La Diputación, según ha podido saber EL CORREO, ya tiene cerrado un principio de acuerdo con el Obispado de Vitoria para disponer durante un periodo de 99 años del convento de las Brígidas, vacío desde 2007 -las pocas hermanas que quedaban se trasladaron a Valladolid- y ubicado en la calle Vicente Goikoetxea. Finalmente, no habrá compra, sino que se pagará un canon anual a modo de alquiler de las instalaciones. Aunque fuentes oficiales del bipartito foral PNV-EA se escudaron en la «cautela» para no aportar números de la operación, medios de toda solvencia consultados por este diario cifraron en unos 250.000 euros el pago anual que deberá realizar la Diputación.
La noticia de la construcción de la nueve sede saltó a los medios por sorpresa el 18 de julio de 2008, cuando el diputado general, Xabier Agirre, se reunió con los medios para hacer balance de su primer año de legislatura y anunciar que «tras la revisión y puesta a punto del 'vehículo foral', la Diputación ha comenzado a levantar el vuelo».
Ha costado, sin duda, porque en lo referido a este proyecto, la burocracia administrativa lo ha retrasado dos años. Parece que ahora todo comienza a carburar. Para muestra, el inicio de la tramitación para modificar de forma puntual el Plan General de Vitoria, condición 'sine qua non' para edificar la nueve sede, ya que el complejo actual está catalogado como un equipamiento religioso. El proceso será largo. Se prevé que pueda durar «en torno a seis u ocho meses», de ahí que las previsiones más optimistas apuntan al segundo semestre del próximo año como inicio de las obras.
Las nuevas oficinas centrales del IFBS, que tendrán una superficie aproximada de 7.000 metros cuadrados, darán cobijo a sus más de mil trabajadores ahora esparcidos por numerosos sitios de la ciudad. En la zona, además, se construirá un parking subterráneo de al menos 100 plazas destinadas a los empleados forales. Las oficinas, eso sí, se habilitarán en lo que actualmente es el convento, quedando de momento la iglesia exenta a la espera de poder recibir algún uso como el de albergar las Aulas de la Tercera Edad, que también se reubicarán en las futuras dependencias junto a una nueva guardería que, aunque en un principio se habló que sólo era para funcionarios forales, estará abierta a más público y estará gestionada por el consorcio Haurreskolak.
Tres accesos peatonales
Pero quizá lo más novedoso del proyecto es que el corazón de Vitoria ganará un espacio hasta ahora desconocido para el común de la ciudadanía. Una especie de balón de oxígeno urbanístico para los siempre congestionados centros urbanos. La reconversión del convento permitirá construir una gran plaza abierta a los viandantes donde ahora se ubican las huertas que utilizaban las monjas. Tendrá tres puntos de acceso: dos por la calle Vicente Goikoetxea y un tercero por Magdalena, por el jardín público de la famosa secuoya, plantada en 1860 -frente a la parada del tranvía de la plaza Lovaina y en la parte trasera del colegio Urkide, cuyos responsables ya conocen el proyecto-.
EL CORREO muestra hoy cómo se ha ideado el futuro espacio, que tendrá que ser matizado por la empresa a la que se le adjudique tanto el proyecto como la obra. La licitación pública, eso sí, no se producirá hasta el próximo año. Preguntado por este periódico y tras confirmar los pasos ahora desvelados, el diputado de Administración Foral y teniente de diputado general, Claudio Rodríguez, evitó concretar más detalles en aras a la «prudencia que caracteriza al Gabinete Agirre» aunque sí declaró que el papel del Ejecutivo foral en la mediación con el Obispado ha sido «fundamental» para que este proyecto siga adelante. «El potencial es tremendo. Se ubica en el mismo centro, está magníficamente comunicado... Será una referencia para la Diputación y para Vitoria», se felicitó.
El acuerdo alcanzado entre las partes corta de raíz cualquier tipo de especulación urbanística ya que nunca podrá destinarse a la construcción de viviendas o a edificios de oficinas de carácter privado. Xabier Agirre ya tiene uno de sus grandes proyectos encima de la mesa. Ha costado, pero eso ya son cosas del pasado.