Por el humo se sabe donde está el fuego, así es el dicho y, además, algo innegable. Pero no es menos cierto que si a esa consecuencia del combustible prendido se le unen los aromas propios de las cocinas y los fogones, algún alimento andará cerca.
Teniendo en cuenta que todos los mirandeses conocen los actos que sirven de prolegómenos a la fiesta casi nadie precisaba guiarse por los efluvios. Aun así los ajenos, o más despistados, no tuvieron dificultades para saber que en el Pabellón del Ebro el menú para los blusas consistía en unas alubias rojas con caldo espeso y los tradicionales 'sacramentos'. Uno de ellos, la morcilla se deshizo por la tarde de la compañía de los restantes productos tradicionales -costilla, chorizo y tocino-, y se convirtió en la reina de su concurso festival. Asada, en mayor o menor grado fue llegando hasta las veinticinco mesas de las cuadrillas que merendaron en la Plaza de la Constitución. La de ayer fue sin duda una jornada con mucho, y que sirvió para que los sanjuaneros fueran ya abriendo boca.
Los Chachis se encargaron de que no faltara de nada y todo saliera bien. Preparar un plato de esta típica legumbre requiere su tiempo, pero una alubiada para quinientos precisa también de ensayos previos. «El 18 de abril hicimos una para los 25 amigos de la sociedad y ahí probamos cantidades. Y después nos llamaron de Murguía para hacer una para 200. La cosa salió bien y le propusimos la idea a la Cofradía», explica el cocinero Félix Montesinos.
Un chef que tuvo ayuda de un buen número de integrantes de la cuadrilla para preparar 300 kilos acompañadas de 600 raciones, «las compramos así», de chorizo, morcilla, tocino y costilla para preparar un plato con fundamento. Raciones que fueron servidas por treinta y cinco 'camareros de sala' por un día, que también se encargaron de colocar las mesas y de posibilitar que no faltaran platos repletos de gildas porque «unas alubias sin las guindillas no son lo mismo», reconocía la práctica totalidad de los comensales.
Con sus blusas distintivas porque para algo esta era la primera cita de las fiestas de San Juan se fueron acomodando en el improvisado comedor. A tenor de lo visto, es decir, platos vacíos y ganas de repetir, hay que felicitar a los que sudaron la gota gorda desde la mañana para preparar el menú, que fue enjuiciado por los más exigentes críticos.
Uno de ellos fue Ariadna López, de 4 años y la peña Los Procopios. «Están muy ricas y me las voy a comer todas»; afirmación esta que no parecía compartir su madre. También tenía claro Ariadna que si algo tenía que quedar en el plato eso no iba a ser el chorizo porque «es lo que más me gusta».
La merienda
Para los que aún dejaron espacio en el estómago quedaba el Festival de la Morcilla. Entre treinta y cinco y 40 kilos fueron los que asaron Montse y los suyos para ofrecer un pincho a los que alejados del humos de los asadores, eras meros espectadores del concurso en el que participaron, por sorteo, 25 cuadrillas.
El cielo, amenazante durante toda la jornada, se abrió. Y aunque la temperatura no era la de una tarde primaveral, se pudo disfrutar con el concurso en el que iban cayendo los kilos de morcilla.
En el concurso no hubo ningún tipo de problemas incluso «por vez primera las cuadrillas que han visto que no iban a poder con el último kilo que han pedido lo han entregado sin asar, y eso es de agradecer», apuntaron los responsables de la Cofradía encargados de animar a los tragones.
Y lo fueron, porque la cuadrilla La Discordia se acabó alzando con el premio después de comer 6 kilos y 900 gramos. Superaron claramente a los de El Cachondeo que se metieron entre pecho y espalda 6 kilos y 480 gramos; sólo 80 más que el Komando Patxarana que se consiguió la tercera posición.
La morcilla acompañada por pan y regada por buen vino, sirvió de merienda para algunos. Comieron durante hora y media y demostraron que todos, los primeros y los que no pudieron con grandes cantidades que lo que tienen es hambre de fiesta.