10 Years Challenge: antecedentes y sospechas del último reto viral

#10YearsChallenge/Web
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Microsoft fue puesta en duda por una iniciativa similar

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

Hace tiempo que las modas en Internet se canalizan mediante retos ('challenges'), usualmente al amparo de una etiqueta ('hashtag'). Los hay tremendamente irresponsables, como aquel por el que medio planeta decidió morder pastillas de detergente (#TidePodChallenge) o el consistente en bajar de un coche en marcha y bailar frente a la cámara (#InMyFeelingsChallenge).

En ambos casos las autoridades se vieron obligadas a intervenir: «Las cápsulas de jabón no sirven de aperitivo. La cantidad de visualizaciones y los 'me gusta' no valen la pena. No comas veneno», escríbia en Twitter la Comisión para la Seguridad en el Consumo de Productos de Estados Unidos. Por su parte, los Mossos d'Esquadra recordaron que la seguridad vial nunca ha de tomarse a risa: «Grabar con un móvil mientras conduces, desabrocharse el cinturón durante la circulación y poner en peligro a terceros puede acabar en denuncia».

Más recientemente, 'A Ciegas', la cinta de Netflix protagoniza por Sandra Bullock, sustentó otro reto igual de imprudente. #BirdBoxChallenge motivó así infinidad de vídeos en los que personas con los ojos vendados realizaban tareas cotidianas... con catastróficas consecuencias. Tal así que la plataforma de streaming apeló al sentido común: «Es increíble que tengamos que decir esto, pero: «No os pongáis en riesgo con el 'Bird Box Challenge'. No sabemos cómo ha empezado y agradecemos vuestro cariño, pero 'Chico' y 'Chica' desean encarecidamente que ninguno acabe en un hospital por culpa de un 'meme' ».

Llegamos así a la otra cara de la moneda: 'challenges' mucho más amables e inofensivos (al menos para la integridad física) como '10 Years Challenge'.

Diez años no son nada

El reto de los diez años se ha viralizado en los últimos días a través de Twitter, Facebook e Instagram. Se ampara bajo el hashtag #10YearsChallenge o simplemente #2009, en referencia a la comparación fotográfica que lo sustenta.

Los interesados han de publicar dos imágenes de sí mismos (una actual y otra tomada hace una década), para evidenciar varaciones físicas o diferencias de estilismo. Por supuesto, el reto despegó conforme las grandes estrellas del cine o la industria discográfica lo aceptaron, copando sus redes sociales de divertidos contrastes. Entre éstas contamos a Jennifer López, Eva Longoria, Alejandro Sanz, Juan Bettancourt o Santiago Segura, quien ejemplifica la interpretación cómica del fenómeno.

Tampoco han quedado ajenas marcas como Microsoft, que ha confrontando los mandos de su consola de videojuegos; selecciones de fútbol como la francesa, satisfecha por su segundo Mundial; incluso formaciones políticas como el PSOE de Villanueva de la Serena, que presume del Pabellón Multiusos proyectado hará una década.

Luego están las fotos de nuestros familiares y amigos, a buen seguro con mayor número de comentarios y 'me gusta' que cualquier otra en los últimos meses. Tráfico exacerbado que ha hecho mirarle los tres pies al gato: ¿Y si el reto de los diez años obedeciese a una estratagema de las propias redes sociales? Hay quien lo piensa.

Sustento para las redes

El tweet publicado por la consultora Kate O'Neill hizo saltar las alarmas: «Yo hace diez años: probablemente habría coqueteado con la herramienta para envejecer tu foto de perfil en Facebook e Instagram. Yo ahora: me pregunto si todas esas imágenes no estarán utilizando para entrenar a los algoritmos de reconocimiento facial».

Los sistemas de reconocimiento facial están a la orden del día, con Apple y su tecnología Face ID como punta de lanza en el segmento de los dispositivos inteligentes. Pero las redes sociales llevan tiempo sirviéndose de los mentados algoritmos con diversos fines: desde la segmentación publicitaria en base a la edad hasta la censura de contenido inapropiado según sus términos y condiciones, pasando por la correcta categorización de nuestros álbumes digitales.

Sin embargo, resta un campo en que Facebook y compañía podría hacer avances significativos: el del envejecimiento; reconocer a una persona sin importar los cambios físicos experimentados a lo largo de las décadas. La mayor traba radica en que las redes sociales son unas recién llegadas, de ahí que apenas cuenten con instantáneas tomadas antes del 2010. En este sentido, #10YearsChallenge solventa la papeleta, con millones de usuarios desempolvando sus álbumes físicos para escanear fotos de antaño.

¿Pero existen pruebas de que los de Zuckerberg (también propietarios de Instagram y WhatsApp) están aprovechándose del último fenómeno viral? La realidad es que no, por mucho que el escándalo de Cambridge Analytica invite a la sospecha. De hecho, Facebook no tardó en ofrecer un comunicado razonable: «#10YearsChallenge fue creado por los usuarios y se viralizó por sí mismo. Facebook no lo comenzó ni gana nada con él (más allá de recordarnos los estilismos cuestionables de 2009) Además, el meme utiliza fotos que ya estaban presentes en Facebook».

La red social aprovechó para recordar que los usuarios pueden desactivar sus funciones de reconocimiento facial en cualquier momento, las cuales también se utilizan para el etiquetado de personas en las fotos; evitar que otros usuarios usen las nuestras como foto de perfil o avisarnos cuando aparezcamos en imágenes donde no estemos etiquetados. También es útil para invidentes, al indicárseles de viva voz quién figura en cada toma. Sea como fuere, librarnos de dicha tecnología en Facebook es relativamente sencillo: basta acceder al apartado de 'Reconocimiento facial' dentro del menú de 'Configuración' (esquina superior derecha), hacer clic en 'Editar' y seleccionar 'No' en el cuadro de diálogo'.

El proyecto Oxford

Se trate de un reto intencionado o no, nadie puede negar que los millones de imágenes publicadas resultan tremendamente provechosas a los algoritmos de Facebook, Instagram o Twitter. En el pasado, un gigante como Microsoft acometió una iniciativa similar bajo el nombre de 'Project Oxford', «un conjunto de herramientas que permiten crear aplicaciones más inteligentes, que pueden hacer cosas como reconocer rostros e interpretar lenguaje natural incluso si los desarrolladores no son expertos en esos campos».

En lo que al reconocimiento facial respecta, leíamos en una publicación de la propia Microsoft allá por 2015: «Esta tecnología reconoce rostros de manera automática en fotos, grupos de rostros parecidos y verifica si dos rostros son de la misma persona. Puede ser utilizado para cosas como reconocer de manera sencilla qué usuarios están en ciertas fotos y permitir al usuario ingresar por medio de autentificación facial». Justo por entonces y nada casualmente, los de Remond lanzaron hasta tres sitios web que, por su concepto, recuerdan al #10YearsChallenge: uno que adivinaba nuestra edad a partir de una foto, otro que calculaba el grado de parentesco entre dos sujetos y un tercero sobre medición de bigotes.

Las críticas tampoco tardaron en llegar ante el posible aprovechamiento de las imágenes, a lo que se esgrimió que éstas eran eliminadas al instante, tras emplearse para detectar la edad y género del usuario: «En ningún caso las almacenamos».

La conclusión última sobre la privacidad en Internet es que toda información personal tiene un precio y una utilidad para los gigantes del sector tecnológico. Visto el alcance del 'reto de la década', a pocos parece importarle.

 

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