¿Son realmente seguros los altavoces inteligentes?

De izquierda a derecha: Homepod, Amazon Echo y Google Home/Web
De izquierda a derecha: Homepod, Amazon Echo y Google Home / Web

2018 ha sido el año de los asistentes virtuales

SARA BORONDO

Una de las tecnologías que en 2018 ha crecido más, incluso por encima de las previsiones, es el de los altavoces inteligentes, dispositivos que se controlan por voz y son capaces de realizar diferentes funciones: poner canciones en una app; responder a dudas realizando búsquedas por internet; dar información sobre la meteorología, el tráfico o la cartelera del cine; recordar tareas o fechas destacadas; mejorar la domótica con los programadores de electrodomésticos; enviar y recibir mensajes de voz y llamadas; subir persianas; encender luces o mover el termostato… siempre que sean «inteligentes» y compatibles. Todo de forma tan sencilla como decir en voz alta: «Alexa, llama a la abuela», «Oye, Siri, añade plátanos a la lista de la compra», «Ok, Google, ¿qué tiempo hace hoy?». Parece algo del futuro, pero es muy del presente.

Según estimaciones de eMarketer, en 2016 había en Estados Unidos 16 millones de estos dispositivos, y en 2020 la cifra será de 76,5 millones, con una tasa de crecimiento anual del 47,9%. El perfil que la empresa de investigación de mercado apunta como principal comprador de un altavoz inteligente a un hombre de 25 a 35 años con buena situación económica, aunque está creciendo el número de compradores entre las mujeres de entre 35 y 45 años (las más jóvenes de la generación X) con hijos. La previsión de eMarketer es que el 27,6% de la población estadounidense utilice el control por voz al menos una vez al mes en 2018. Este año las ventas están siendo espectaculares; según Strategy Analytics, en el segundo trimestre de 2018 se vendieron 11,7 millones de altavoces inteligentes en todo el mundo, la mayoría de ellos fabricados por Amazon y Google.

Inteligencias artificiales que imitan el habla natural

El éxito de los altavoces inteligentes es en realidad el de los asistentes virtuales, las «inteligencias artificiales» que llevan en su interior y que intentan que la comunicación de la persona con el ordenador sea lo más natural posible, de forma que no haga falta pantalla ni teclado y el usuario tenga la sensación de estar hablando con una persona. Las más destacadas son Alexa, creada por Amazon; Google Assistant, de Google; y Siri, la de los dispositivos de Apple. Estas dos últimas llevan ya años utilizándose en los teléfonos con Android y iOS, respectivamente. En España también se ha empezado a vender hace unas semanas Movistar Home, que utiliza el asistente Aura, aunque sus posibilidades son muy limitadas de momento y le falta naturalidad; gestiona la televisión de Movistar, el teléfono y el Wi-Fi.

Para que funcionen los altavoces inteligentes, primero hay que activarlos pulsando un botón o diciendo en voz alta una palabra o frase determinada. A continuación hay que realizar la petición de viva voz y el aparato la graba y envía a unos servidores donde se procesa la respuesta. Aquí es donde surge la duda de qué ocurre luego con estas grabaciones. Amazon reconoce que las utiliza para mejorar el reconocimiento de voz de Alexa y su comprensión del lenguaje natural («entrenar a Alexa con grabaciones de voz de un rango diverso de usuarios ayuda a conseguir que Alexa funcione bien para todos» indica la web de ayuda de Amazon). Es decir, las utiliza para el aprendizaje automático (el conocido como 'machine learning') con el que el asistente irá aprendiendo más sobre los usuarios y responderá de forma más adecuada a sus peticiones. Pero también comparte esas grabaciones con otros desarrolladores de funciones para su asistente y las asocia a una cuenta de Amazon para, por ejemplo, elegir las canciones que puedan responder a los gustos del usuario. Claro que, en el caso de Amazon, los Echo tienen un botón para apagar y encender el micrófono y la cámara en modelos como Echo Spot, que también envía imágenes a la nube.

El Homepod de Apple tiene un funcionamiento algo diferente. La empresa con sede en Cupertino siempre ha mostrado especial preocupación por mantener a salvo los datos de sus clientes almacenándolos en sus dispositivos en lugar de utilizar la nube, encriptando los datos y no identificándolos luego de forma individual, sino que forma grupos de similares características para que los anunciantes sepan a qué grupo quieren dirigirse. Por ejemplo, el Homepod da acceso al correo del usuario solo cuando la aplicación HomeKit detecta que está en casa y reacciona solo con ese usuario, mientra que los altavoces con Google Assistant y Alexa reconocen diferentes voces.

Dudas sobre la privacidad y la seguridad

Si el mercado de altavoces inteligentes no ha crecido más es porque muchos usuarios temen que usarlos ponga en peligro su privacidad y seguridad. Hay que tener en cuenta que el aparato está 'escuchando' siempre a su alrededor, vigilante por si se pronuncia la frase mágica que le despertará. Con la transmisión de datos a la nube la privacidad sale por la ventana: ningún aparato conectado a internet es seguro; menos aún si se conecta a aplicaciones de terceras empresas, como es el caso de buena parte de las peticiones que se realizan a los altavoces inteligentes.

Además, un dispositivo que envía y recibe datos es susceptible de ser hackeado. Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager de Panda Security en Bilbao, explica que los ciberdelincuentes quieren entrar en el dispositivo y robar información o grabar conversaciones; entrar en un altavoz inteligente, dice «da pie a secuestrarlo y transformarlo en parte de un ejército de dispositivos zombis con fines muy distintos a los que originalmente estaban previstos. No dejan de ser 'procesadores' conectados que pueden hacer cosas muy diferentes».

Varios equipos de hackers y universidades han demostrado, explica Lambert, que se puede acceder al altavoz y grabar conversaciones aunque no se haya activado por voz gracias a errores en los protocolos de comunicación, vulnerabilidades de software o problemas de configuración del dispositivo así que «potencialmente, se puede escuchar un dispositivo a pesar de que el propietario no lo ha activado por voz».

Los fabricantes son conscientes de estos riesgos y constantemente están mejorando los sistemas de seguridad, pero nunca está de más tomar precauciones. Lambert recomienda buscar en Internet noticias sobre la vulnerabilidad de un modelo antes de comprarlo, «muchos especialistas están haciendo un excelente trabajo detectando problemas de seguridad en productos de este tipo», especifica, y añade que conviene actualizar periódicamente el firmware de todos los dispositivos para reducir el riesgo de ser atacado. En cualquier caso, sentencia: «ningún aparato conectado a la red es 100% seguro, incluso aunque su sistema operativo sea lo bastante robusto como para resistir intentos de intrusión».

Comodidad y cambio de hábitos

«Pese a estos inconvenientes, los compradores se sienten atraídos por la comodidad que ofrecen los altavoces inteligentes para consultar información sin tener que estar pendientes de la pantalla del móvil o el ordenador. El informe The Smart Audio Report (basado en mil encuestas) cifra en 43 millones los estadounidenses que tenían un altavoz inteligente cuando empezó el año, un 18% de la población, lo que indica que ya se está convirtiendo en un dispositivo habitual en los hogares del país americano. El informe detectó que, a medida que estos aparatos fueron siendo más baratos a lo largo de 2017 ha bajado la edad del comprador, y que la mayoría de quienes adquirieron uno el año pasado tienen intención de comprar otro para tenerlo en otra habitación de la casa, probar una marca nueva o incluso usarlos de intercomunicadores.

El informe de NPR y Edison muestra que los altavoces inteligentes están incluso cambiando los hábitos de los estadounidenses, que están sustituyendo las radios para escuchar música y noticias por estos dispositivos. Entre los usos que los encuestados respondieron como principales están, en orden decreciente: escuchar música, el pronóstico metereológico, realizar preguntas generales, fijar alarmas e iniciar temporizadores, saber la hora, escuchar las noticias, que les contase un chiste, escuchar la radio, conocer resultados deportivos, establecer un recordatorio, enterarse del tráfico, añadir una cita al calendario, buscar recetas de cocina y encontrar un establecimiento cercano, controlar otros dispositivos como luces, termostatos, monitores o incluso aspersores, añadir algo a la lista de la compra, hacer una llamada, conectar con otros altavoces del hogar, escuchar un podcast y jugar.

El mismo informe indica que la mitad de quienes han comprado un altavoz inteligente han empezado a utilizar después el asistente activado por voz del teléfono móvil. La proporción de mujeres que compran estos dispositivos es ligeramente superior a la de los hombres, y en el 75% de las casas en las que hay niños, ellos utilizan también los altavoces incluso para que les ayuden en sus deberes (en un 25% de los casos) o les lean cuentos (un 10%).

Reticencias para realizar compras

Las previsiones sobre las ventas de estos dispositivos se quedaron cortas, y tampoco han acertado quienes apuntaban a que uno de los principales usos de los altavoces inteligentes iba a ser realizar compras online. Según publicó en agosto theinformation.com, solo el 2% de quienes tenían un altavoz con Alexa habían realizado una compra a través del dispositivo y, de estos, solo el 10% lo hacía de forma habitual. En el caso de este asistente, los miembros de Amazon Prime pueden comprar lo que esté a la venta en Amazon o usar alguna funciones de terceros desarrolladores y establecer algún código de confirmación verbal o desactivar la opción de compras por voz.

2018 ha sido el año del despegue de los altavoces inteligentes, que pueden ser uno de los regalos estrella de estas navidades y, tal vez, un cambio en los hábitos cotidianos, con menos tiempo mirando las pantallas y la posibilidad de consultar el correo o contestar mensajes mientras estamos haciendo otra actividad. Hasta hace unos meses los expertos apuntaban a que los teléfonos serían quienes convencerían a los usuarios para el uso habitual de los asistentes de voz, y, según datos de Kantar Worldpanel, el año pasado uno de cada cuatro consumidores españoles ya usaba el asistente virtual de los smartphones, pero el auge de los altavoces inteligentes demuestra que estos se han convertido en la punta de lanza de esta tecnología. Su uso en el hogar es lo que puede convencer a los usuarios a utilizar con más asiduidad el asistente en el teléfono móvil y la voz empezaría a sustituir a las pantallas táctiles como forma de navegar e interactuar con los dispositivos.

Asistentes inteligentes: Alexa, Siri y Google Assistant

Alexa, Siri y Google Assistant son los tres asistentes más difundidos para los altavoces inteligentes, al menos hasta que Microsoft se decida a lanzar al mercado uno de estos dispositivos con Cortana o Samsung haga lo propio con su asistente Bixby. Aunque las funciones que proporcionan son similares, cada uno de ellos (o de ellas, ya que todos tienen voz femenina) tiene características propias y versión en español.

Siri

Integrada en los dispositivos de Apple. Aunque el primer paso en el uso de la voz para dar órdenes a un asistente virtual lo dio Google en 2009, Siri fue la primera que llegó a un producto de gran consumo (en 2011, con el lanzamiento del iPhone 4S).

Siri es el cerebro del Homepod (399€), altavoz inteligente que apuesta por el sonido de calidad. Como otros dispositivos de la manzana mordida, está pensado para utilizarse con productos de la marca y requiere una cuenta de Apple para su sincronización.

Alexa

Creada por Amazon. Se basa en funciones -una especie de apps llamadas skills- que desarrollan otras empresas.

Utilizan Alexa múltiples dispositivos, desde la gama Amazon Echo -Echo Dot (60€), Echo Plus (150 €), Echo (100€) y Echo Spot (130€)- a Facebook Portal (centrado en videollamadas) o diversos modelos de Sonos (Sonos One ha sido el último en llegar al mercado, por 229€) o Bose (como Bose Home Speaker 500, con un precio de 405€).

Google Assistant

La utilizan los dos modelos Google Home (149 euros cuesta Google Home y 59€ Google Home Mini) y otros de Mobvoi (el Tichome Mini cuesta 100€) o Sony (el LF-S50G tiene pantalla e incluye reconocimiento de gestos con un precio de 150€).

Uno de los grandes triunfadores de 2018 es el Google Home Mini: de los 12 millones de altavoces inteligentes que se vendieron entre abril y junio de este año, 2,3 millones correspondían al modelo pequeño de Google, que también es uno de los más baratos (59 €). Entres sus funciones específicas están el control de dispositivos Chromecast y el uso de todas las aplicaciones de Google (Maps, Play Musica, Fit, Gmail…), para lo que necesita vincularse a una cuenta en Google.

 

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