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Análisis

Final Fantasy VIII Remastered o el retorno de Squall

Final Fantasy VIII Remastered /
Final Fantasy VIII Remastered

El JRPG original celebra su vigésimo aniversario

JORGE GARMENDIA

Aunque desde hace varios años los reboots, remakes y remasterizaciones de videojuegos están de moda, parece que actualmente viven uno de sus mejores momentos. Todos tenemos un lugar especial en nuestro corazón para aquella entrega que disfrutamos en su día y quisiéramos volver a jugar y es que, al fin y al cabo, revivir un título de la infancia es, para cualquier amante de los videojuegos, una experiencia evocadora de inagotables emociones. Premisa por la cual cada vez son más las empresas desarrolladoras que han decidido devolver a las estanterías algunas de sus viejas glorias de pasadas generaciones. Un claro ejemplo de ello es el estudio japonés Square Enix, que lleva tiempo ampliando su catálogo de reediciones. Presenta ahora la reformulación para Nintendo Switch, PlayStation 4, Xbox One y PC de Final Fantasy VIII, una de sus obras más incomprendidas.

Final Fantasy VIII fue lanzado originalmente hace exactamente dos décadas, tan solo un par de años después de que apareciera en escena su predecesor, FFVII, uno de los títulos más aclamados de la franquicia. Por aquel entonces, superar el éxito de los eventos de Cloud y Sephiroth no iba a ser tarea fácil, por lo que Squaresoft se propuso crear una entrega innovadora que abrazase un universo completamente nuevo e incorporase verdaderos cambios; tanto en el tono como en el sistema de combate. Inicialmente, las críticas no acompañaron al octavo capítulo de Final Fantasy, pero con el paso del tiempo le ha sido reconocida su gran calidad técnica y visual, envidiable para la época.

Final Fantasy VIII Remastered nos introduce en un planeta sumido por una guerra intercontinental. En este contexto recapitularemos las desventuras de Squall, un cadete de la escuela militar Balamb Garden que entrena junto a sus compañeros para algún día convertirse en mercenario de guerra y formar parte de los SeeD. Poco a poco conoceremos al resto de protagonistas y a Seifer, el eterno rival de Squall, quienes deberán aceptar el compromiso de luchar por la salvación del mundo tras descubrir la verdadera y sobrenatural realidad del conflicto que lo asola.

El marco político es tan solo el punto de partida de una historia a priori enrevesada y poco sustancial, pero que pronto se descubre como una trama épica y poética que aborda temas profundos como el amor, los sueños y los recuerdos.

Al igual que en la mayoría de juegos del género JRPG, la jugabilidad de Final Fantasy VIII se basa en la estrategia, los enfrentamientos contra diversas criaturas y el crecimiento de nuestro personaje a través de niveles acumulativos y puntos de experiencia que adquirimos tras las batallas. En este sentido el sistema de combate, uno de los más singulares de la serie se ha mantenido intacto.

Las mecánicas ofensivas y defensivas vienen determinadas por The Junction, una conexión decisiva entre el personaje y las Fuerzas Guardianas (criaturas fantásticas que podremos equipar para invocar en las batallas y que nos aportan características mágicas). La magia de las Fuerzas Guardianas puede combinarse con los valores de ataque y defensa del personaje para producir alteraciones en los enemigos o potenciar nuestros golpes. Por eso, manipular la magia de manera creativa al tiempo que controlamos el ATB (Active Time Batlle, una barra que se recarga durante la batalla y que permite ejecutar acciones y movimientos previamente aprendidos), es esencial para prepararse y afrontar los enfrentamientos.

Pero las Fuerzas Guardianas no son solo meras herramientas de combate, sino auténticos compañeros de cruzada. Estas crecen a la par que el guerrero, mejorando sus atributos y desbloqueando nuevas habilidades. La afinidad, por tanto, es también muy importante: cuanto más empleemos una Fuerza Guardiana, más fuerte será el vínculo que estableceremos con ella y mayor el potencial mágico que desataremos.

La aventura principal de Final Fantasy VIII Remastered, plagada de combates contra enemigos y frecuentes encuentros casuales a través del camino, nos llevará decenas de horas. Por si fuera poco, el título incorpora una gran lista de misiones y actividades secundarias. Entre ellas, imagina un adictivo juego de cartas, la Triple Triada, que se fundamenta sobre la regla básica de que la carta más alta gana. Alrededor de las partidas de naipes existe una línea completa de misiones alternativas que no solo tienen que ver con la propia dinámica del minijuego, sino que también se entrelazan con las mecánicas de gestión de personajes permitiéndonos, por ejemplo, crear potenciadores para las armas o descubrir hechizos prohibidos.

Pero todo esto no es más que un pequeño resumen de lo que ya disfrutamos hace veinte años en la experiencia original. Entonces, ¿qué nos ofrece esta nueva versión remasterizada? A decir verdad, poco más. Final Fantasy VIII Remastered es prácticamente el mismo producto que recibimos en 1999 pero pulido y abrillantado para que resulte atractivo para las generaciones actuales. Un esfuerzo de restauración demasiado escaso, que transmite la sensación de un trabajo a medio terminar.

Desde el punto de vista de la presentación, Final Fantasy VIII Remastered ciertamente es la versión más atractiva del clásico, aunque su antigüedad como título de PSX es demasiado evidente. El apartado visual y sonoro han sido restaurados en gran medida, aunque se mantienen el encuadre original en 4:3 (recortado por las perceptibles bandas negras) y la música utilizada en la versión original, lo que ayuda a que brille el arte del juego.

Los personajes, enemigos y animaciones han sido remodelados (aunque no todos han recibido el mismo trato que los personajes principales) y la interfaz de usuario rediseñada; retoques que aportan mucha más claridad al aspecto en su conjunto. Sin embargo, los fondos y los componentes en tres dimensiones del mapa parecen haber sido excluidos del proceso de perfeccionamiento de sus texturas, lo que crea un contraste extravagante entre los dos elementos presentes en las escenas. Se percibe una clara división entre lo antiguo y lo nuevo.

En lo que respecta a la jugabilidad, se han insertado tan solo tres características activables. Ahora podemos optar por triplicar la velocidad del juego, mejorar de manera ilimitada los atributos y habilidades de los miembros del grupo, o desactivar por completo los encuentros aleatorios. Estas tres características permiten una exploración más ágil y, por tanto, avanzar mucho más rápido en la aventura, lo que resultará útil para acercar la producción a una audiencia más amplia y menos dispuesta a hacer frente a videojuegos largos y pausados. Por el contrario, estas adiciones a la mecánica del juego pueden resultar cuestionables para los más puristas, que las entenderán como una traición a la naturaleza del octavo episodio. Afortunadamente depende de nosotros activarlas o desactivarlas para disfrutar de la máxima experiencia o de una alternativa más ágil.

Por lo demás, Final Fantasy VIII Remastered se mantiene, en su mayor parte, razonablemente bien en términos de ritmo general y curva de dificultad.

Nuestra valoración

Con todos sus defectos, Final Fantasy VIII Remastered sigue siendo un viaje agradable a través de una historia de amor y crecimiento, que resurge intacta pero reforzada y modernizada gracias a una nueva presentación en alta definición y la inclusión de opciones útiles.

Si nunca lo jugaste, ahora es el momento perfecto para darle una oportunidad a esta versión, que emula el que es uno de los títulos más sorprendentes de Square Enix. Si, por el contrario, ya pudiste disfrutarlo hace dos décadas, este puede ser un viaje nostálgico de redescubrimiento que te mantendrá ocupado hasta la esperada llegada del remake de Final Fantasy VII.