El último penalti de Uri Geller

José María Íñigo y Uri Geller en el programa en el que el mentalista dobló cucharas./
José María Íñigo y Uri Geller en el programa en el que el mentalista dobló cucharas.

El mentalista desvela su relación con Carrero Blanco, un penalti de Escocia o la llegada al poder de Theresa May

JON URIARTE

No cabe una más. Me pregunto cuánto pesará el cadillac con tanta cuchara encima. El lugar es tan surrealista que imágenes y pensamientos se mezclan como en una centrifugadora. Sobre todo tras la conversación que acabo de mantener con el propietario de este museo. Uri Geller. Tenía 9 años cuando visitó nuestras casas, entrando por esa puerta llamada tele. Por entonces era más joven. Y en blanco y negro. A su lado, el maestro de maestros José María Íñigo traducía y describía lo que hacía aquél hombre con su mente. Más de 20 millones de personas contemplaron la escena. Al día siguiente todo el mundo hablaba del mentalista que resucitaba relojes y doblaba cucharas. 44 años después le he llamado. Dice que puede parar el Brexit con la mente y quería saber cómo. Y ha contestado. A esa y a otras preguntas. Incluso a alguna que no hice. Como su colaboración en los 70 con los servicios secretos españoles. Y si les sorprende sepan que aún hay más.

De la forma más rocambolesca, y vía Twitter, contactamos con el israelí que hace más de cuatro décadas hizo furor con su capacidad mental. Soy agnóstico hasta de mí mismo, así que no creo nada. Pero tampoco niego nada. Sobre todo cuando se trata de un tipo a quien la CIA puso a prueba hasta certificar, cosa que él se encarga de subrayar, que estamos ante alguien con poderes que se escapan de la lógica humana. De hecho trabajó para ellos y para el Mosad. Al menos ninguno lo ha negado. Y están documentados sus trabajos para localizar petróleo en México o agua en países donde no llueve ni de milagro. Les cuento todo esto porque lo que viene ahora les va a dar para hablar todo el fin de semana. Apenas habíamos comenzado cuando me explica lo del Brexit. Un tema que le afecta de manera personal. Me explico.

Uri es israelí. De hecho vive en Tel Aviv, donde tiene el museo. Pero el Reino Unido es su segunda casa. En concreto Inglaterra y un poquito Escocia, por algo que luego contaré. Pertenece a la parte de ciudadanos que se echó las manos a la cabeza al conocer el resultado del referéndum. El adiós de este país a la UE le parece una atrocidad. Así que ha decidido tomar cartas en el asunto. «Necesito que los británicos se unan a mí cada día, tanto a las 11:11 AM como a las 11:11 PM, y se concentren para evitar el Brexit». Se trata de crear juntos una oleada de presión telepática. «Suena bizarro pero funcionará. Con la CIA hice trabajos similares», advierte, ante la evidente perplejidad que mostramos. Por cierto, su idea no es influir en las votaciones sino en que se haga un nuevo referéndum, porque el anterior le pareció un fraude. Total que está empeñado en ello. Ya les decía que soy escéptico, pero Geller insistía. «La mente es muy poderosa. Hace tres años le enseñé a May mi cadillac, donde guardo 2000 cucharas y le hice tocar una que perteneció a Winston Churchill». Así arranca una historia que Theresa May no ha negado y que sigue así. «Cuando la tocó le dije 'tú serás Primera Ministra'. Ella se rió, porque no se lo creía. La he conocido muy bien». Su cierre de frase nos anima a preguntar más sobre ese conocimiento, pero el mentalista cambia el paso y rompe la entrevista con una frase que a todos nos gusta escuchar. «Te voy a contar algo que no había desvelado hasta ahora». Imaginen mi cara. Sobre todo cuando añadió: «Me pidieron que investigara sobre el atentado de Carrero Blanco».

Cuenta Geller, y nunca lo había hecho hasta ahora que en 1973 recibió una llamada de una amiga alemana cuyo nombre era Eleanor Zach. Habla rápido y no da tiempo a repreguntar. «Llamaba de parte del abogado Fernández Miranda con el fin de organizar una reunión». Se refiere al que fue vicepresidente de Carrero y presidente interino tras el atentado. «Fernández Miranda me pidió que utilizara mis poderes para saber quién había matado a Carrero Blanco. Y lo hice». Obviamente la siguiente pregunta fue si logró su objetivo. «Sí». Se hace el silencio y Geller continúa. «Tiempo después ese hombre del gobierno se puso en contacto con Eleanor y le dijo que yo había acertado al 100%». Apenas tenemos tiempo de reaccionar cuando retoma su relato. «Una vez el FBI no lograba dar con un asesino en New York. David Berkowitz, que se llamaba a sí mismo 'El hijo de Sam' y había asesinado a 10 personas. Así que me llamaron. Abrí un mapa, lo coloqué sobre una mesa y puse mi dedo en un punto. Allí había una casa de la zona de Yonkers. Fueron y lo detuvieron». El tema está documentado y Geller nos lo demuestra. De lo que no hay firma y sello, pero sí una imagen es en la siguiente historia. El penalti de Escocia.

Uri es hincha total de Inglaterra y nos lo confirma. «En la Eurocopa del 96, algunos estábamos preocupados porque Escocia podía ganar a Inglaterra en Wembley. Gary McAllister, delantero escocés iba a tirar un penalti. Yo llevaba todo el partido en un helicóptero sobrevolando el estadio y escuchando el partido por unos auriculares. Justo cuando su pie iba a golpear hice que la pelota se moviera. Y falló. Las imágenes están en mi página web». No hemos terminado de digerirlo cuando añade que aquel acto fue un error. Tras conocerse su «implicación mental», los mensajes de odio de las gentes de Escocia fueron tantos que pidió públicamente perdón. Y por aquello de tener su alma en paz, se compró una isla allí. Ahora, cada vez que va, se siente un escocés más. Hay que tener pasta para una penitencia así. Pero Geller asegura que no se mueve por dinero. De hecho, le siguen llamando deportistas de Portugal o Brasil, equipos de fútbol de Irlanda y la mismísima selección inglesa de rugby. Llegados aquí le pregunto si puede hacer algo para que mi Athletic entre en la Champions. «Si me llaman puedo ayudarles». Ya estamos tardando. No será el primer hecho inexplicable que se da en el fútbol. Como dirían en Blade Runner, «En San Mamés he visto cosas que vosotros no creeríais». Bueno si son aficionados sí. Cuanto más viejo me hago tengo más claro dos cosas. Que no es bueno tomarse todo en serio, pero que tampoco hay que tomarse todo a broma. Señor Elizegi, si hace falta, la llamada la pago yo. Pero antes que fiárselo todo al VAR prefiero hacerlo a Uri Geller. Nunca se sabe cuándo llegará el próximo penalti. En fin, que tengan un feliz sábado. Y cuidado con las cucharas.