Dos vascos y un cántabro detenidos por el crimen de un anciano en Santander en 2017

Agentes de la Policía Nacional, durante la búsqueda de pistas en el escenario del homicidio. /E. C.
Agentes de la Policía Nacional, durante la búsqueda de pistas en el escenario del homicidio. / E. C.

La Policía da por cerrada la investigación, en la que resultó clave la llamada de uno de los implicados desde Vitoria para que liberasen a la víctima

NACHO GONZÁLEZ UCELAYSANTANDER

En febrero de 2017, Ángel Prieto Cobo, de 81 años, fue hallado muerto en un local de su propiedad situado en la calle Beato de Liébana de Santander. Yacía maniatado y amordazado, a escasos 800 metros de su vivienda de la calle Alcázar de Toledo, donde tres encapuchados irrumpieron para perpetrar un robo tras inmovilizar a la mujer de la víctima. Se llevaron joyas y algo de dinero. A cambio dejaron un rompecabezas que la Policía ha completado a la vuelta de dos años.

El jefe de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Comisaría General de la Policía Judicial, Enrique Juárez, anunció ayer la conclusión de la denominada 'Operación Beato', un trabajo de investigación que ha derivado en el arresto de los tres presuntos autores materiales del crimen. Son un santanderino y dos hermanos vizcaínos que ya han ingresado en prisión. Aún faltaría por averiguar quién informó a los sospechosos de que la víctima era una persona adinerada.

Juárez explicó ayer, en un encuentro informativo con los integrantes de la operación en la Delegación del Gobierno en Cantabria, todos los detalles de lo ocurrido el 4 de febrero de 2017. Aquel sábado de invierno en el que -como tenía por costumbre cada mañana- Ángel acudió a su lonja para dar de comer a sus pájaros. En un momento no precisado entre las 9.30 y las 12.00 horas, fue abordado por tres individuos que le pidieron que les llevara a su domicilio y les diera acceso a la caja fuerte.

Ante la negativa de la víctima, los sospechosos optaron por maniatarle a una columna del local, amordazarle y quitarle las llaves. Dejaron abandonado en su garaje al octogenario, que falleció poco después al asfixiarse con la mordaza, y se desplazaron a la vivienda, donde inmovilizaron a la compañera sentimental de la víctima, saquearon el domicilio y emprendieron la huida llevándose «una importante cantidad de joyas y algo de dinero».

«Gesto humanitario»

Al día siguiente, a las 9.02 horas, «quizá llevado por un gesto humanitario», un hombre que no se identificó efectuó una llamada telefónica desde una cabina pública de la calle Paula Montal de Vitoria a la centralita de la Cruz Roja en Madrid para informar del suceso, alertar de la existencia de dos personas mayores que podrían estar heridas e indicar cómo llegar a ellas. Para entonces la Policía ya llevaba varias horas trabajando en ambos escenarios, ya que fue avisada por un vecino en cuanto la pareja de Ángel se liberó.

«La colaboración ciudadana fue esencial desde el principio», reconoció Juárez, que recordó cómo el equipo investigador empezó a trabajar sobre la pista de un vehículo al que varios testigos habían visto dando vueltas por los alrededores. «Un Ford Focus» del que sólo se sabía eso. Marca y modelo. «Había cerca de 100.000 en España». De ellos, 7.000 matriculados en Cantabria y las provincias limítrofes.

A la vez que se obtuvieron algunas pistas de las cámaras de vigilancia de establecimientos de la zona sobre los atuendos de los sospechosos, los investigadores decidieron exprimir la llamada telefónica realizada el 5 de febrero por aquel hombre de un marcado «acento vasco». «Se recibieron hasta 300 informaciones», afirmó el jefe de la UDEV, «algunas aportando datos que facilitaron el reconocimiento de la voz». Para identificar plenamente al autor de la llamada se recurrió a especialistas en acústica forense.

Una vez le localizaron, los investigadores apresaron el 8 de octubre al comunicante, P.L.G., getxotarra de 66 años. Después los agentes solo tuvieron que cerrar el círculo en torno a él. Delatado por su vehículo -un 'Ford Focus'-, el 5 de febrero fue capturado uno de sus dos cómplices, un santanderino de 58 años. Y el pasado 18 de febrero, las pruebas recopiladas llevaron a un tercer arresto, el de un vizcaíno de 53 años y hermano del primero. Presos los tres, «el caso queda cerrado», se felicitó el responsable policial.