Desaparecidas

50 horas «perdidas, exhaustas y disgustadas» en la cueva de Coventosa

Las tres espeleólogas a las que se buscaba desde este domingo tras su salida de la cueva cántabra Cueto-Coventosa, acompañadas de los miembros del GREIM y agentes de la Guardia Civil en la localidad de Arredondo. / EFE

Las tres espeleólogas catalanas perdidas este fin de semana alcanzaron la salida este lunes a las cinco de la tarde tras ser escoltadas por los equipos de rescate del 112

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Las tres espeleólogas perdidas en la cueva de Coventosa fueron localizadas en torno a las cuatro de la madrugada de este lunes sentadas sobre unas rocas en la zona conocida como Pozo de la Unión, agotadas y exhaustas. Presentaban «claros signos de cansancio y de disgusto, al no ser capaces de encontrar la salida». Era la buena noticia que se esperaba en superficie y que llegó a las 15.00 horas, justo cuando uno de los rescatadores accedió a la salida para informar sobre lo sucedido.

Las mujeres, procedentes de Barcelona y Vinarós, con 39, 50 y 51 años, se encontraban bien, pero prefirieron aguardar al rescate y no arriesgar en un entorno hostil que se había convertido en un laberinto oscuro y frío. Cumplieron, claramente, con lo descrito en el manual del espeleólogo perdido. Y así lograron abandonar la salida por su propio pie, aunque escoltadas por los equipos de rescate, viendo de nuevo la luz pasadas las 16.50 horas de este lunes.

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Un final feliz para un caso que ha seguido toda España, con medios de comunicación haciéndose eco del minuto a minuto del operativo que suma un caso más a la lista de alta siniestralidad de la cavidad, que cuenta con un amplio historial de rescates. La cueva de Cueto-Coventosa, una de las más complejas de Europa, tiene 6,7 kilómetrosde recorrido, 850 metros de desnivel y el mayor pozo vertical de Europa –suma mayor profundidad que la Torre Eiffel–.

Es, de hecho, la que más siniestralidad registra desde 1975. Entre 2004 y 2008, la media anual se situó en 87 accidentes, muchos de ellos producidos por crecidas de agua y agotamiento. Y en 1991, el año más trágico, se saldó con el fallecimiento de un ciudadano británico por un corte de digestión.

Un plan fallido

El objetivo de las espeleólogas catalanas era claro. Iniciar la ruta el pasado sábado (13.00 horas) y finalizarla el domingo por la mañana (10.00 horas). Pero algo falló. Los servicios de emergencias de Protección Civil iniciaron el domingo las tareas de rescate al ser prevenidos porque las tres mujeres no salieron a la hora esperada. «Lo lógico para esta ruta, que es muy compleja, es estar un mínimo de 16 horas y un máximo de 24. Nosotros, en estos momentos, llevamos más de 48 horas», indicaba a primera hora de mañana del lunes una técnico del operativo del 112.

Dos equipos de espeleólogos de Protección Civil (Esocan) entraron en la montaña pasadas las 22.30 horas del domingo. «Las espeleólogas conocen la técnica y cuentan con material, pero es la primera vez que realizan la ruta», advirtieron desde el 112. Un grupo entró por la boca de Cueto y otro por la de Coventosa, las dos conexiones con el exterior del itinerario subterráneo.

A medida que pasaba el tiempo, los efectivos de rescate se fueron multiplicando en la zona de Arredondo y alrededores. Llegó el Greim de Potes y el dispositivo de espeleólogos prevenidos para intervenir superó los 50. Tenían aviso para acudir a ayudar en media España.

En superficie, sin posibilidad de comunicación son el subsuelo, la espera se hizo más lenta. «En este tipo de rescates, si no hay noticias, son buenas noticias», tranquilizó Manuel González Morales, presidente de la Federación Cántabra de Espeleología.

Y al fin surgió uno de los expertos del operativo con la buena nueva. Las tres mujeres estaban en buen estado de salud; aunque exhaustas. Según su propio testimonio, decidieron sentarse a esperar el rescate incapaces de encontrar la salida. Se habían perdido.

La historia recuerda que la mayor parte de los incidentes en este recorrido fueron por desorientación, incremento del nivel del agua y agotamiento. Por eso pese a que todo parecía resuelto, la tranquilidad no llegó hasta que hubieron alcanzado la salida pasadas las 16.50 horas de este lunes. Comenzó el revuelo de medios de comunicación y para ellas un largo periodo de reposo porque no precisaron atención médica pero sí necesitarán un descanso prolongado.

La cueva de Coventosa: el 'Mont Blanc' de la espeleología

6,7 kilómetros de recorrido, 850 metros de desnivel, un pozo vertical de 300 metros (el mayor de Europa) y entre 20 o 24 horas para completar el sistema. Esta es la carta de presentación de la cueva Cueto-Coventosa, situada en la localidad de Arredondo. Dicen los expertos que para presumir de ser espeleólogo hay que recorrer esta cavidad, que está considerada de «primera división». Algunos, como Martín González, el excoordinador técnico del grupo de Espeleosocorro Cántabro (Esocán), la califica como el 'Mont Blanc' de la espeleología. «Es una de las más demandadas, porque se pueden dejar los coches muy cerca de la cueva. Además, es muy atractiva porque tiene varios recorridos, ya que cuenta con cuatro entradas. Lo que sí requiere es una gran preparación física y mental».

Cueto-Coventosa es la cavidad de Cantabria que más accidentes registra desde 1975. Entre 2004 y 2008, la media anual se situó en 87 accidentes, según un análisis estadístico elaborado por el propio Martín González. En la mayor parte de las ocasiones, las intervenciones fueron producidas por crecidas de agua y agotamiento. Hasta ahora, muchas han sido las actuaciones de espeleosocorro en la cavidad, pero la más grave se registró en junio de 1991, un año aciago en cuanto a siniestralidad en la cueva, cuando el espeleólogo británico Julien Vahan Smith falleció en un accidente mortal en el segundo lago de Coventosa. Un mes después, otro experto, el madrileño Esteban Galaz, sufrió una caída que le ocasionó un traumatismo craneal, y en diciembre de ese mismo año el espeleólogo Francisco Galla se fracturó un brazo al caer por un pozo.

Los expertos también recuerdan el aparatoso accidente que sufrió, en agosto de 1985, el suizo Eric Vogel, que se fracturó la tibia y el peroné tras una caída y, tras un polémico rescate, fue evacuado previa voladura. El último herido data del año 2003. Un experto de Granada tuvo que ser rescatado tras quedar atrapado en un agujero 'soplador' del que no podía salir debido a su corpulencia.