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El bañador del 'Brexit'

El bañador del 'Brexit'

«Diez años no es nada si se trata del Príncipe paciente, sea traje de baño o corona»

JON URIARTE

«Prenda, generalmente de una pieza, usada para bañarse en playas, piscinas, etc». Eso dice la RAE respecto al término 'bañador'. Pero el diccionario se queda corto. Que se lo pregunten a Carlos, Príncipe de Gales. Ya saben que hay valientes, encantados, el de Bell-Air, el de Zamunda... y luego está él. El Príncipe eterno. 70 años y sigue esperando pillar trono. Luego nos extrañamos de que su traje de baño tenga más de 10 décadas. Eso no es nada para él. Está casi nuevo. Tiene menos color que Iniesta, es verdad, pero ahí sigue. Como el primer día. De hecho hay quien asegura que es un modelo de 2003, con lo que puede cargar todavía con más solera. Es lo que tiene lo bueno. Que dura. Y este lo es. Costó 220 euros. A él o a sus súbditos, pero ese fue el precio. Yo también lo desgastaría. Por cierto, es de marca francesa. Al final el continente también tiene sus cosas buenas, ¿eh, Don Charlie? El caso es que a raíz de esta pequeña historia quiero compartir con ustedes un tema que no les será ajeno. Todos tenemos una prenda que jamás tiraremos, por mucho que envejezca o pase de moda. O que desapareció en una mudanza y casi nos da un infarto. La mayoría de las veces ese amor nace sin razón aparente. De hecho, no hace falta que sea bonita, lujosa o cara. Pensemos en ello.

Recuerdo cierta chamarra vaquera comprada en EEUU, allá por el 96, que mi mujer odiaba y yo adoraba. Quizá porque fue comprada en una tienda de Sausalito, frente al Golden Gate, durante el viaje de novios. Y luego dicen que no soy romántico. En fin. Pues sepan que un día desapareció. No pregunten. Por asuntos menos graves ha habido divorcios. Y lo mismo con unas zapatillas cuyo color original debía ser azul. Ojo que también sucede al revés. Prendas de mi mujer que nunca entenderé que sigan en el armario. Algo previsible, porque el fetichismo solo se entiende en una dirección. Que yo siga usando la camiseta de Montreal 76, a la que ya le faltan los aros, es normal. Pero que ella guarde esa camisa con hombreras de los tiempos de Madonna no se entiende. Y eso que no hablamos de otros objetos, más allá de la ropa.

Una compañera de trabajo me contaba hace unos meses que su marido casi pilla depresión cuando vendieron el sofá por wallapop. Ese que él compró cuando aún era soltero y que fue la estancia para todo en aquellos años sin muebles donde cada día estrenabas nueva vida. «¡Pero es que además es sofá cama!», argumentaba desesperado, para evitar desprenderse de él. Y ella que jamás vio en el mueble nada del otro mundo, tuvo que encargarse de la venta y entrega porque su marido se sentía incapaz de hacerlo. «Es la mayor bronca que hemos tenido en 15 años», me decía, aún sorprendida. Por cierto, el sofá estaba guardado desde hace décadas en el trastero acumulando polvo y durmiendo el sueño de los justos. Pero era su sofá y punto. Lo que me lleva al planeta de las ruedas. Mi reino por ese coche o aquella moto.

No hablaré de quienes guardan un clásico y lo miman más que a nada y a nadie, porque ese es otro asunto del que hablaremos otro día. Sino de quien se resiste como gato panza arriba a cambiar de vehículo. Da igual que se caiga a pedazos o que la matrícula esté en números romanos. Hay cariños que no son amores, pero resultan más intensos y duraderos. Recuerdo ahora el coche del teniente Colombo. Un Peugeot 403 cabrio. Bueno, en realidad no es buen ejemplo, porque no se quitó la gabardina en toda la serie. A este le das el bañador del Príncipe Carlos y lo usa hasta para andar por casa. Y lo mismo Starsky con su eterno jersey de lana. Que, por cierto, lleva más delito. Un bañador no es prenda de diario. Salvo que seas 'Vigilante de la playa' o Jesús Gil en los 90. Así que, sea como fuere y visto lo anterior, no entiendo el revuelo montado por el traje de baño del hijo de la Queen. Si para decidir si se quedan o se van de la Unión Europea llevan más debates que la suma de los que presentaron Balbín y Hermida, imaginen para cambiar de calzón playero. Lo del Brexit no lo sé, pero lo del bañador lo tengo claro. Lo cambiará cuando se lo tire a la basura Camilla. Puede que jamás suceda. Pero hay más posibilidades de que veamos un cambio de bañador que un cambio de corona. Al tiempo.