Menudos redobles

La Tamborrada Txiki, en las escalinatas del Palacio Foral. /Blanca Castillo
La Tamborrada Txiki, en las escalinatas del Palacio Foral. / Blanca Castillo

Unos 130 niños, la 'cantera' de San Prudencio, atronaron las calles del centro de Vitoria en la Tamborrada txiki

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

«Dile a la lluvia que no caiga hoy», reza en euskera la conocida canción de Ken Zazpi que sonó este sábado por la tarde desde los altavoces de la plaza de la Provincia. Faltaban unos minutos para las 18.30 y los protagonistas más pequeños de San Prudencio se colocaban en orden para comenzar a desfilar por las calles del centro de la capital. Y como si hubiese escuchado la letra, a pesar del 95% de previsión de precipitaciones, el cielo dio tregua y no aguó la fiesta.

Tras una decena de ensayos y con algunos nervios en el cuerpo, los chiquillos, ataviados con sus trajes de soldados, cocineros, cantineras y majorettes, bordaron la actuación. Las siete canciones clásicas ya habían sonado una vez sobre el escenario situado frente a la Diputación, y casi todos los móviles guardaban una copia en vídeo, o fotografía, del gran momento. Antes de echar a andar, a algunas cantineras txikis les cubrían el traje con chubasqueros transparentes, otras confiaban en que el sombrero las protegería del agua que finalmente no cayó.

Entre quienes aguardaban orgullosos a que sus vástagos siguieran demostrando lo aprendido, se encontraba Beatriz Solas. Su hija Maddi, de cinco añitos, debutaba como cantinera junto a su prima Elaia, que vestía el traje por segunda vez. Pero las dos pequeñas de vestido azul en la primera fila no eran las únicas a las que Solas prestaba atención. Detrás, haciendo sonar el tambor con la precisión de quien ya cuenta con cuatro ediciones de experiencia, tocaba su hijo Kimetz, de diez años. Además, con ella, en su vientre y a dos semanas de nacer, esperaba otra futura miembro para la cantera de la Tamborrada. «Desde que empezamos a ir a ver los ensayos de sus hermanos, June está aquí dentro practicando el ritmo», reía Beatriz.

Babazorro y Barraskilo

Un total de unos 130 integrantes menores de 12 años hizo ayer posible la interpretación más joven de la Retreta. Los más pequeños fueron, otra vez, los cocineros. Junto a ellos, Babazorro chocaba los cinco y abrazaba, mientras que el caracol Barraskilo movía con gracia su exoesqueleto. Tras calentar baquetas, el desfile tuvo dos partes; una hasta la plaza de los Fueros, donde los miembros del pequeño ejército saciaron sus estómagos con una reconstituyente merienda; y otra de vuelta, enfilando de nuevo los exteriores de la Diputación Foral de Álava. «El próximo año quiero yo también», exclamó la pequeña Saioa Aguirrezabal desde el público, sobre los hombros de su aita. El tambor ya lo llevaba colgando.

 

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