De Miguel solo admite que un constructor le pagó la obra de su casa en Gorliz

Alfredo de Miguel, a su llegada a la Audiencia Provincial de Álava, antes de la celebración de una de las vistas del juicio. /Blanca Castillo
Alfredo de Miguel, a su llegada a la Audiencia Provincial de Álava, antes de la celebración de una de las vistas del juicio. / Blanca Castillo

El antiguo 'número dos' del PNV alavés afirma que lo hizo por ventajas fiscales y que se lo fue devolviendo al empresario Prudencio Hierro. Sobre el resto de asuntos en juicio niega cualquier delito

ANDER CARAZO

Segunda sesión, mismo guión. Sentado en la única silla reservada para el declarante y con los otros 25 imputados por esta red que supuestamente adjudicaba contratos 'a dedo' a cambio de comisiones irregulares a su espalda, Alfredo de Miguel insistió ayer en su inocencia ante el tribunal que preside el juez Jaime Tapia. No admitió ninguno de los delitos -que se traducen en una petición de penas de 54 años de cárcel- y que hasta la semana pasada estuvo dispuesto a confesar a cambio de una rebaja sustancial en la solicitud de penas por parte de la Fiscalía Provincial de Álava y de que no entrara en prisión su esposa, Ainhoa Bilbao.

«Ni me ofrecieron, ni yo he solicitado ningún tipo de comisión», repitió 'Txitxo', como todos conocen a quien fuese 'número dos' del PNV alavés y diputado foral de Administración Local hasta su detención en marzo de 2010. Y es que, él considera que todo aquello que se está juzgando en el Palacio de Justicia de Vitoria en el denominado 'caso De Miguel' es «totalmente plano». Sin ningún tipo de importancia.

Sólo admitió que el constructor Prudencio Hierro le pagó la reforma de su casa en la localidad vizcaína de Gorliz y que el resto queda bajo el amparo de la ley. «Me preguntó quién me estaba haciendo la reforma y me comentó que le vendría bien registrar una factura para un proyecto que estaba ejecutando en Júndiz (una zona industrial de Vitoria). Visto todo esto -en referencia al 'macroproceso'- me doy cuenta de que no lo tenía que haber hecho. Me lié. Nos llevó al sinsentido actual. Yo se lo iba devolviendo e incluso me anticipaba a que él pagase los plazos», señaló Alfredo de Miguel, quien no fue capaz de aclarar si de esta manera logró ahorrarse el pago del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Un delito fiscal, mientras formaba parte del Gobierno foral que presidía el jeltzale Xabier Aguirre.

Como sucedió en la sesión del lunes, el antiguo burukide sólo respondió a las preguntas de su abogado, Gonzalo Susaeta. Ni contestó al fiscal ni al resto de las defensas, por lo que la sesión se ciñó a unas respuestas que incluso parecían ensayadas sin que nadie pudiese rebatirlas. «Hacía años que no veía un interrogatorio tan amable. Es un diálogo, en el que se complementan mutuamente», lanzó el presidente de la Sala en tono irónico y con la clara intención de reprobar esta estrategia.

«Las elucubraciones»

El evidente objetivo de la defensa de Alfredo de Miguel era restarle importancia a la denuncia (grabaciones incluidas) de la abogada urbanista Ainhoa Alberdi, a la investigación de la Ertzaintza, a los cerca de seis años de instrucción judicial realizada por el magistrado Roberto Ramos, a las acusaciones del fiscal Josu Izaguirre y al testimonio de los 170 testigos que han participado en este juicio. «Una cosa son las sospechas y las elucubraciones y otra muy diferente, los hechos», lanzó el letrado de 'Txitxo'.

Y es que, en todo momento, De Miguel se presenta como un emprendedor que buscaba suerte en el sector de la auditoría energética y las renovables, que fracasó por los impagos y que se enredó con operaciones financieras (préstamos e hipotecas) entre las diversas sociedades que fundó. Además, afirma que fue un político sin ninguna clase de poder de influencia ni siquiera sobre los directores de la cartera foral que dirigía.

Sobre la operación en la localidad alavesa de Zambrana para instalar un polígono industrial también quiso desmarcarse aunque Aitor Tellería (su socio en Kataia Consulting, que en la investigación se describió como una sociedad 'pantalla') se encargase de realizar labores de asesoramiento. Por todo ello, Susaeta aseguró que para su cliente «el mundo se terminó en marzo de 2010», cuando la Ertzaintza procedió a su detención.

En todo caso resultó llamativo para la Sala que 'Txitxo' declarase que, durante una época, fue capaz de dirigir dos 'industrialdeas' (sociedades públicas para el desarrollo de las comarcas), coordinar auditorías de calidad, realizar estudios sobre cooperación y preparar proyectos urbanísticos. «¿De esos negocios contaba algo a su mujer o nada?», preguntó el juez Tapia a De Miguel al final del interrogatorio. «No. Yo llevo los temas más económicos y ella, los de casa. Cuando no había problemas con las cuentas, nadie preguntaba», respondió en un nuevo intento de exculpar a su mujer de sus actividades.

Con notables aspavientos también fue evidente que a Susaeta no le gustó que su cliente accediese a contestar las preguntas que lanzó el magistrado y que no entraban en el guión.