Sangüesa, medieval y jacobea

La cúpula puntiaguda de Santa María La Real, junto al puente sobre el río Aragón, marca el perfil de la villa navarra./
La cúpula puntiaguda de Santa María La Real, junto al puente sobre el río Aragón, marca el perfil de la villa navarra.

El tramo aragonés del Camino de Santiago dio fama y riqueza a esta villa navarra pródiga en relevantes edificios religiosos y civiles

IRATXE LÓPEZ

Siempre fue tierra de paso, enclave fronterizo entre las primeras sierras pirenaicas y la depresión del valle del Ebro. El río Aragón regó la historia de esta villa situada en la parte oriental de la zona media Navarra, a 46 kilómetros de Pamplona. Su primitivo nacimiento tuvo lugar sobre un cabezo rocoso donde hoy día se yergue Rocaforte. Por entonces la labor era clara: contener el avance de los musulmanes. Hasta que en el siglo XII la Ruta Jacobea desplazó la importancia del lugar al llano, naciendo sobre esa tierra Sangüesa la Nueva, a la que Alfonso I el Batallador concedió el fuero en 1122.

Sangüesa

Cómo llegar
La localidad navarra se encuentra a 46 kilómetros al este de Pamplona por la carretera que conduce a Jaca.
Web
www.sanguesa.es.
Oficina de Turismo
Calle Mayor, 2. 948871411.

Atravesada por el Camino de Santiago procedente de Somport, el Medievo llevó hasta sus puertas a comerciantes y peregrinos, a artistas que enriquecieron su patrimonio histórico-artístico, ése que guiará nuestros pasos. Por dentro del municipio un entramado en cuadrícula distribuye el casco antiguo. Por fuera, las guerras con la vecina Aragón impulsaron el nacimiento de su cerco defensivo. Murallas con torreones y enclaves estratégicos protegían la localidad, poseedora del título de 'Buena Villa' (con asiento en Cortes de Navarra) y de 'Ciudad' en 1665.

Catequesis en piedra

Caminar por sus calles supone evocar un mundo antiguo. La primera parada debe hacerse en la iglesia de Santa María la Real, una de las obras cumbres del románico. En la portada de finales del XII los elementos se acumulan, trazados por el maestro de San Juan de la Peña, que se ocupó de la parte superior, y por Leodegarius, autor de la inferior. Quien contemplara antaño esta puerta asistiría a una clase de catequesis doctrinal con triunfo indudable de Cristo. Ángeles, apóstoles, guerreros, clérigos, peregrinos, músicos, artesanos… todos conviven en este paseo de vicios y virtudes.

Arco de la calle Amadores, un resto de la antigua muralla.
Arco de la calle Amadores, un resto de la antigua muralla.

El segundo alto acaece frente a la Casa Consistorial, construida en 1570 por Domingo de Aya. Cuenta con galería porticada de arcos rebajados, amplios balcones y alero en saledizo. Además de ser reconocido como uno de los edificios emblemáticos de Navarra por su antigüedad, tan original que está reproducido en el Pueblo Español de Barcelona.

Un palacio-castillo, el de Príncipe de Viana, asegura la continuidad de la belleza. Aprovechó en su creación el flanco de la muralla y su foso, entre los dos torreones. La torre oriental acabaría utilizada como residencia para distintos monarcas y en él se celebraron Cortes del Reino. Tras contemplarlo hay que dirigirse hasta el gótico palacio de los Sebastianes (XV), propiedad de una noble familia, saga de ricos comerciantes locales y prestamistas de los reyes navarros. Por eso entre sus paredes nació en 1503 Enrique de Labrit, último Príncipe de Viana, hijo de los reyes Juan y Catalina.

Edificios civiles

El edificio religioso del convento San Francisco de Asís surge a continuación. Asegura la tradición que el santo fundó en Sangüesa la Vieja (Rocaforte) un eremitorio, en la iglesia de San Bartolomé, a su regreso de Compostela en 1213. Sí parece seguro que en 1250 varios frailes se habían asentado en Sangüesa la Nueva, protegidos por el rey Teobaldo II, quien en 1266 fundaría la iglesia conventual antecesora del convento. Terminada la observación, los pasos continúan hasta la iglesia de Santiago (XII y XIII), templo-fortaleza en el flanco sureste del recinto amurallado. Remarca su fuerza una torre cuadrada con almenas que emerge sobre el presbiterio. Románica y gótica, contiene imagen en piedra del apóstol peregrino, una de las más fabulosas de la Ruta Compostelana.

La estatua del padre Llevaneras, obra de Oteiza, domina el claustro de San Francisco de Asís.
La estatua del padre Llevaneras, obra de Oteiza, domina el claustro de San Francisco de Asís.

El siguiente edificio luce nombre distinguido: el palacio Ongay-Vallesantoro (XVII). Barroco, su gran portada presenta el escudo de armas de la familia, así como elementos coloniales de Méjico y Perú. Hay que fijarse en el alero de madera, uno de los más espectaculares de la provincia. En los animales fantásticos que atrapan cabezas humanas, flora, frutas exóticas, y en los fondos con indios y figuras grotescas.

Más adelante, la iglesia de San Salvador fue levantada a finales del XIII en estilo gótico para los vecinos del barrio de La Población. La portada representa el Juicio Final. Poco después espera el renacentista palacio Iñiguez de Medrano (XVI), famoso por haber acogido el estudio de gramática de la villa, del que fue discípulo San Francisco Javier.

Afamado es también el convento Nuestra Señora del Carmen. Actual Conservatorio y Auditorio de Música, el exterior muestra restos de muralla del segundo cerco, aunque lo más destacable es el magnífico claustro gótico. En el sobreclaustro del Carmen, final del recorrido, se encuentran cinco lienzos de personajes ilustres de Sangüesa-Zangoza: Fray Raimundo Sos y Lumbier, Fermín de Lubián y Sos, Doña Fermina de Ripalda y Vidarre y un prior cuyo nombre no es legible pero que, junto a los demás, permanece atento, vigilando esta hermosa localidad.

Las foces de Lumbier y Arbaiun

Tras el atracón de inmuebles es hora de contactar con la naturaleza. Basta recorrer 25 kilómetros hasta la foz de Lumbier, desfiladero que toma su nombre del término municipal que lo acoge. El paisaje es espléndido, fácil de recorrer pues en él se desarrolla la Vía Verde de Irati, seis kilómetros accesibles andando o en bicicleta, localizados entre Lumbier y Liédena. Cañones kársticos, ribera fluvial, las reservas naturales de Lumbier, Arbaiun y los acantilados de La Piedra y San Adrián saldrán al encuentro del explorador. El cañón horadado por el río Irati convierte el emplazamiento en un pasadizo estrecho y espectacular. La vegetación roba territorio a las paredes de piedra y emerge desde los escarpes rocosos, entre las grietas, roturas y repisas donde pelean por la vida quejigos, coscojas y arbustos como el tomillo y el espliego. A la entrada y salida de la foz, imperan los bosques de álamos, sauces y fresnos.

Los verdaderos pobladores del lugar son las rapaces, entre las que se hallan buitres leonados, quebrantahuesos y aves de menor tamaño como el alimoche. Y un conocido mamífero: el jabalí. Las vistas pueden disfrutarse gracias a la recuperación de la antigua vía del tren de Irati, el primero eléctrico de pasajeros en España, que unió Sangüesa con Pamplona entre 1911 y 1955. Su objetivo pasaba por contribuir a la explotación forestal del monte Irati, aproximar la madera a la fábrica de Aoiz, pero pronto se convirtió en transporte puntero de personas para los valles.

El ferrocarril perdió la batalla a mediados del siglo XX, con el auge del automóvil. El puente de los hierros sobre las aguas del río Salazar, a la salida de Lumbier, anuncia el inicio de una ruta acompañada por el agua que supera dos túneles excavados en la roca caliza. Traspasado el segundo, aparecen las ruinas del puente del Diablo, que llega a nuestros días desde el siglo XVI. Estación, andenes, almacenes y las viviendas del personal permanecen como fantasmas en Liédena.

Antes de emprender el camino, el Centro de Interpretación de las Foces de Lumbier engorda las datos del visitante. El senderista aprenderá allí que las foces de Lumbier y Arbaiun fueron talladas por los ríos Irati y Salazar, cargados en el Pirineo navarro. El espacio habla de estas tierras y de sus gentes, de los oficios que mantuvieron la economía de la cuenca. Profundiza en datos sociales, naturales, históricos y culturales que ayudan a comprender toda la comarca.

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