Dorados como el sol

Centro neurálgico. La arena conforma el elemento más característico de la armoniosa Plaza Mayor./Reportaje fotográfico: I.P. Rubín de Celis.
Centro neurálgico. La arena conforma el elemento más característico de la armoniosa Plaza Mayor. / Reportaje fotográfico: I.P. Rubín de Celis.

Un agradable paseo permite descubrir el valioso patrimonio histórico, monumental y gastronómico de la capital de la comarca de Osona

IRATXE PAÑEDA RUBÍN DE CELIS

Casas señoriales, iglesias, conventos, murallas... y hasta un templo romano. Todo estos monumentos y muchos más conforman el patrimonio del casco antiguo Vic, la capital de la comarca de Osona, famosa por su llonganissa -para nosotros salchichón-. Goza también de un interesante entramado comercial heredado quizás de la importancia de su mercado, destacado escenario de intercambios del comercio de la zona desde tiempos inmemoriales. A poco más de una hora de Barcelona y de las playas de la Costa Brava, este destino interior de la provincia de Barcelona es también un buen campamento base para disfrutar de la naturaleza.

Treinta puntos de interés están marcados en la ruta que facilita su Oficina de Turismo para callejear y conocer los rincones que no hay que dejar de visitar. Una señalización específica y un código QR permiten, mediante el móvil, visualizar el interior de edificios cerrados al público y consultar información complementaria de esta ciudad que en el medievo se formó a partir de tres núcleos principales: el castillo, el mercado y la catedral.

Pero sus orígenes se remontan al Neolítico, cuando llegó a estas tierras uno de los siete pueblos íberos: los ausetanos. Su nombre podría traducirse como 'dorados como el sol', llamados así por la capital de su asentamiento, Aura o Ausa, la actualidad Vic. De hecho, además de vicenses, también reciben el gentilicio de ausetanos. Derrotados por el general cartaginés Aníbal, serían sometidos después por el Imperio Romano.

Castillo con sorpresa

Precisamente de esta época (siglo I d. C.) data un templo que ha sobrevivido al paso del tiempo porque sus paredes fueron utilizadas para levantar una torre medieval que posteriormente se convirtió en el castillo de los Montcada. El bastión pasó con el paso del tiempo a ser residencia para el Veguer, sede la Curia Real, granero de la ciudad y prisión. Debido a su estado ruinoso, el castillo fue derribado a finales del siglo XIX y he aquí cuando afloró el templo romano.

Las calles que lo rodean son bastantes tranquilas. El mayor bullicio se centra ante el ayuntamiento, en la Plaza Mayor o del Mercado, bajo cuyos pórticos se instalan tiendas y bares con terraza. Productos de la tierra, flores, artesanía, aves, ropa, complementos... llenan los puestos que se dan citan los martes y los sábados en los dos mercados semanales que atraen tanto a visitantes de la comarca como a turistas. Pero lo que llama la atención al viajero es la arena que pisa, ni asfalto ni empedrado han cubierto jamás su suelo, manteniendo la esencia de lo antiguo, un mercado a campo abierto, que hunde sus raíces en el siglo IX, alrededor del cual comenzaron a construirse las primeras casas en los siglos XII y XIII.

Vic (Osona) | Barcelona

Cómo llegar
. A una hora de Barcelona, a hora y media de Lérida y a tres horas de Zaragoza.
Oficina de turismo
Plaça del Pes - Llotja del Blat 938862091.
Web
www.victurisme.cat.

En aquel Vic medieval no podía faltar el poder de la Iglesia y su catedral se erigía como un importante núcleo aglutinador. Impulsada por el obispo Oliba (fundador del monasterio de Montserrat), su construcción fue modificada con el paso del tiempo al gusto del gótico, barroco y neoclásico, aunque de aquel periodo románico inicial se conservan la cripta y la torre del campanario, utilizada en más de una ocasión como símbolo de la ciudad junto al Puente Queralt (siglo XI). Desde él se puede contemplar el barrio de las curtidurías, obradores donde antiguamente se trataban las pieles conformando la industria del curtido, una de las más tradicionales de Vic.

Templo romano. A continuación, Puente Queralt, uno de los símbolos de la ciudad. Finalmente, la torre de la catedral, que alcanza los 40 metros.

Tanto si se sigue la ruta recomendada como si se callejea sin rumbo siempre saldrá al paso alguna de las iglesias de la capital de Osona. Y es que la condición de sede episcopal desde época visigótica ha marcado el carácter religioso y cultural de la ciudad. Así, Vic cuenta con Palacio, Museo Episcopal (que acoge una de las mejores colecciones europeas de arte medieval con importantes piezas del románico y gótico catalán) y el edificio del Seminario Viejo.

Capa y sombrero de copa

La tradición de estudios superiores de la ciudad encuentra su germen en la Escuela Catedralicia Medieval y a través de los siglos ha desembocado en su actual Universidad. En la hermosa placita de Don Miguel Clariana encontramos la escultura del Estudiante de Vic, en honor a los alumnos del Seminario. Con capa y sombrero de copa, es un fiel reflejo de la indumentaria que vestían los estudiantes del siglo XIX. Pero además, en este el paseo por la ciudad, la mirada se detendrá ante la belleza de sus casas, como la Masferrer, con elementos modernistas y esgrafíados en su fachada. También modernista, Casa Comella destaca por sus mosaicos de las cuatro estaciones. Mención especial requieren las señoriales y barrocas de la calle Dues Soles -amén de la Casa Cortada, una de las mejores de la ciudad-, levantadas cuando Vic se amplió fuera de sus murallas, de las que desgraciadamente poco queda. El tramo conservado se encuentra cerca del Puente Queralt, acceso a la ciudad de los viajeros medievales procedentes de Barcelona. La imagen actual de los restos de las murallas se debe a Pedro el Ceremonioso, que ordenó reforzarlas en el siglo XIV. Llama la atención una hilera de anillas utilizadas para atar el ganado que se iba a vender en el mercado.

Callejeando llegaremos a nuestro punto de partida, la Oficina de Turismo, ubicada en la antigua Lonja de Trigo, en la parte inferior del Ayuntamiento. Quién sabe si por el camino habremos caído o no en la tentación de probar alguna tapa de llonganissa con la excusa de reponer fuerzas. Si ha sido así y su sabor nos ha conquistado, entre los comercios de la Plaza Mayor y sus calles aledañas encontraremos dónde hacernos con alguna pieza para saborearla de regreso a casa, porque los recuerdos no solo son fotografías, sino también olores y sabores.

Para saborear

Si hay algo que caracteriza la gastronomía de Osona son sus embutidos: la butifarra, el bisbe, la somalla, el fuet, la baiona... entre los que destaca el famoso salchichón de Vic o llonganissa con Denominación de Origen Protegida, cuya etiqueta garantiza su procedencia y calidad. Elaborado con las mejores partes del cerdo, tocino, sal y pimienta, la característica niebla de la zona favorece su proceso de secado. De estas tierras de payeses también destaca la cebolla vigatana o vicense, alargada, de piel violada y de fuerte sabor dulce. Y si hay que hacer referencia a algún dulce, otro producto reconocido de la ciudad es el pa de pessic, un esponjoso bizcocho que se encuentra en todas las pastelerías. La patata del bufet, la trufa negra -una de las joyas invernales de los bosques de la comarca-, las alubias de Collsacabra, el pan de Osona, quesos y mató (requesón) conforman lo más destacado del patrimonio gastronómico de Osona.

 

Fotos

Vídeos