Cuatro bosques extraordinarios para el otoño

Paseo por el Entzia en Álava, el Arratzu en Bizkaia, el Lizarrusti en Gipuzkoa y el Hijedo en Cantabria para ver la caída de la hoja

Pasillos forjados por el agua en la penumbra del bosque de Entzia./Daniel Rivas
Pasillos forjados por el agua en la penumbra del bosque de Entzia. / Daniel Rivas
EL CORREO
1
Sierra de Entzia (Álava)

El muro de los navarros

Ver caer la hoja y pisarla en la alfombra parda del bosque anuncia la estación de los colores más intensos. Entre todos los otoños posibles que la naturaleza nos ofrece, hay uno que brilla con tonos y texturas propias: el del hayedo. Y si existe una masa forestal donde esta especie «nace como el trigo», con un sello singular esa es sin duda la sierra de Entzia, también conocida por la institución secular que la ha gestionado y la ha conservado como un tesoro: las par-zonerías de Entzia e Iturrieta. Situadas en el oriente de Álava, en el límite con Navarra, constituyen la continuación geográfica de las sierras navarras de Andia y Urbasa. [Sigue leyendo el reportaje]

2
Robledal de Arratzu (Bizkaia)

Ecos de los tiempos oscuros

Una barrancada estrecha, húmeda y sombría, en el límite con Mendata, atravesada por el río Golako esconde uno de los bosques más secretos y bellos de Bizkaia. Es el robledal de Elexalde, en Arratzu, una arboleda reliquia integrada en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai que muestra el aspecto de nuestras masas forestales en el medievo. Antes de que los incendios, las guerras, la construcción naval y el carboneo terminaran con las arboledas autóctonas. El visitante curioso, amante de los paseos detallados y morosos, encontrará un paraje no muy amplio -sólo 3,5 ha.- que retrotrae a tiempos pasados y oscuros, de banderizos (es tierra de oñacinos), peregrinos a Santiago, ferrones y bandoleros.. [Sigue leyendo el reportaje]

3
Sendero de Lizarrusti (Gipuzkoa)

Los mitos de Barandiaran

Lizarrusti, la puerta del parque de Aralar en el límite entre Gipuzkoa y Navarra, preserva un hayedo que se extiende hasta donde alcanza la vista. Un techo verde de copas que cada otoño, cuando los pastores comienzan a recoger sus rebaños, muda de color. La carretera NA/ GI-120 pasa por el alto, donde queda la vieja casa de los miqueletes, el cuerpo policial creado por las diputaciones para perseguir a los malhechores. Es también vía de acceso al valle de Ataun o de Agauntza, la tierra de etnólogo José Miguel Barandiaran y de los gentiles, los gigantes paganos agoreros de un mundo que se extinguía. En el alto hay un aparcamiento pequeño que está siempre lleno, junto al cuartel, ahora Parketxe, así que conviene madrugar. [Sigue leyendo el reportaje]

4
Monte Hijedo (Valderredible, Cantabria)

Tierra de lobos

Cantabria exhala aire fresco gracias a las manchas verdes admiradas por la excelencia de su vegetación. El bosque del monte Hijedo cimienta su estatus en el galante roble albar. De hecho, sólo dos comunidades albergan una presencia mayor. Su robustez le permite alzarse hasta veinte metros hacia el cielo, erigiéndose en el último capricho que esconde Cantabria en su extremo meridional, en dominios compartidos con Burgos, aunque reservando el protagonismo al municipio de Valderredible. El bosque es una joya sofisticada, que, sin embargo, ha tenido que aprender a sobrevivir. [Sigue leyendo el reportaje]

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