Monte Hijedo: tierra de lobos

El bosque de Monte Hijedo./
El bosque de Monte Hijedo.

El bosque, que se extiende por Burgos y Cantabria, es una referencia por sus majestuosos robles

ERLANTZ GUDE

Cantabria exhala aire fresco gracias a las manchas verdes admiradas por la excelencia de su vegetación. El bosque del monte Hijedo cimienta su estatus en el galante roble albar. De hecho, solo dos comunidades albergan una presencia mayor. Su robustez le permite alzarse hasta veinte metros hacia el cielo, erigiéndose en el último capricho que esconde Cantabria en su extremo meridional, en dominios compartidos con Burgos, aunque reservando el protagonismo al municipio de Valderredible. El bosque es una joya sofisticada, que, sin embargo, ha tenido que aprender a sobrevivir. Textos de hace dos siglos atestiguan una superficie de 10.000 hectáreas, menguada hasta las 2.000, que resisten a la deforestación. Sorprende que no ostente ningún rango de protección, lo que se achaca a la inversión que exigiría, difícil de sustentar, y a la opción de que los vecinos puedan acceder para talar parte del bosque, con responsabilidad según sostienen, con el fin de cubrir sus necesidades.

Pero hay un pedazo de la despoblación que engrandece la historia del Hijedo. Gran parte de los cañones de la Armada Invencible nacieron al calor del carbón vegetal obtenido del bosque. En una época de necesidades industriales, sin el contrapunto de la conciencia ecológica, la arboleda también se esquilmó para trazar tendidos ferroviarios. A pesar de aquellos años adversos, el Hijedo ha subsistido con la fortaleza de sus propias especies, junto a algunos pinares importados para reverdecer regiones debilitadas. Aunque la huella humana se aprecia en improvisaciones como los árboles en forma de candelabro, plantados de esta forma para esquivar el crecimiento vertical, recurriendo así con más facilidad a su madera, la naturaleza también ha provisto el terreno con peculiaridad, y ha escoltado los majestuosos robles albar con robles rebollo, más pequeños y que preparan la función, como fieles teloneros, para la aparición estelar de los actores principales.

Riqueza faunística

No se puede pasar por alto la gran cantidad de hayedos, los más excepcionales abedules y acebales, patrimonio de climas más fríos, y los singulares tejos asentados sobre rocas que enroscan con sus poderosas raíces. La fauna no queda rezagada con gran presencia de jabalíes, corzos y lobos. Algunos intrépidos aseguran que el bosque acoge la mayor densidad nacional de estos últimos. Tejones, martas, armiños y nutrias ocupan su modesto lugar en la cadena evolutiva, oteada desde las alturas por buitres, milanos, halcones y hasta alguna pareja de águilas reales.

En los árboles pueden contemplarse entrañables pájaros carpinteros o exuberantes salamandras. La rana bermeja supone un caso llamativo, pues habita lejos de charcas y ríos en las hojas que en otoño caen de los árboles. Variados tritones forman un crisol de coloridos anfibios, mientras que los tres tipos de víbora que alberga España hallan en el Hijedo la única superficie compartida. En los últimos tiempos han llegado jóvenes ciervos en busca de nuevas oportunidades abandonando territorios sobrepoblados y, aunque con muy poca frecuencia, algún oso despistado se ha acercado desde bosques próximos. El centro de interpretación del monte ofrece tres rutas gratuitas para reconocer diferentes enclaves. Los itinerarios cubren distancias de entre ocho y 21 kilómetros con una mínima exigencia física. No obstante, se pueden realizar visitas virtuales en el propio centro, con talleres para los más pequeños.

Cómo llegar

A Valderredible
se llega incorporándose en Torrelavega a la A-67. Una vez allí, se debe circular hasta la salida a Polientes (122), dejando atrás este municipio por carreteras comarcales que en menos de 40 kilómetros conducen a Riopanero.

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