Por los caminos del Bierzo

Las minas romanas de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad./
Las minas romanas de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad.

Cuatro recorridos por los caminos de la región leonesa que pisaron peregrinos, ermitaños, templarios, mineros y guerrilleros antifranquistas

PEDRO ONTOSO

La primera vez que pisé el suelo de El Bierzo era casi un territorio virgen. Mientras en la discoteca del Hotel Temple de Ponferrada las bolas y los cañones de iluminación se reflejaban en la pista, en lo alto de Piornedo las excavadoras abrían una carretera para mejorar la calidad de vida de la aldea, donde ancianas con el pañuelo atrapado en el moño se asomaban entre las pallozas. Me perdí en Los Ancares y comí entre colmenas aisladas con paredes de piedra para defenderse de la voracidad golosa de los osos. Manché mis zapatillas con la tierra dorada de Las Médulas y saboreé las anguilas fritas de Posadas. Entonces se empujaba con un vino gordo que nada tenía que ver con los mencía de ahora. La queimada reconfortaba y abisagraba la amistad en aquellas noches en las que los abuelos contaban historias de pastoreo y de lobos, de picos y pistolas en los años del hambre. Fue hace más de 30 años. Luego he vuelto varias veces más.

El Bierzo (León)

Cómo llegar
Ponferrada, la capital de la comarca, se encuentra a 110 kilómetros al oeste de la ciudad de León.
Web
turismodelbierzo.es .

Las últimas he fijado la base en Molinaseca, un pequeño pueblo pegado a Ponferrada por el que discurre el Camino de Santiago. Es casi una aldea, un enclave tranquilo con un puente medieval de siete arcos que invita a pasear por su calles -conservan el sabor jacobeo-, y a conversar con sus vecinos. He subido varias veces hacia la Cruz de Ferro, aduana obligada de los peregrinos, que depositan una piedra cuando pasan por este punto. Antes he pasado por Riego de Ambrós y El Acebo en una subida con grandes vistas hacia los Montes Aquilanos. A media ruta, hay una bifurcación hacia la herrería de Compludo, que data de la época medieval. Ubicada junto a un pequeño río, ha estado cerrada los dos últimos años, pero ahora la intención es abrir la fragua con la contratación de un vigilante. En el pueblo contiguo hay una taberna con carácter para reponer fuerzas.

Los antiguos poblados mineros

Playa fluvial de Molinaseca.
Playa fluvial de Molinaseca.

Desde Molinaseca se puede hacer senderismo hacia los puentes de Mal Paso o los molinos. Hay una ruta menos conocida, la del hierro, que nos lleva hasta Onamio y Paradasolana, antiguos poblados mineros, vinculados al Coto Wagner. El yacimiento fue descubierto en 1897 por el ingeniero vasco Julio Lazurtegui. Proyectó en esta zona cercana a Ponferrada su sueño una nueva Vizcaya a crear en el Bierzo, una planta de altos hornos por la abundancia de hierro, agua y carbón en la zona. En Molinaseca son recomendables para dormir La Posada de Muriel o El Palacio. Para comer siempre paro en el Mesón Puente Romano, el primer edificio, una casa amarilla junto al río Meruelo, que ven los peregrinos que llegan desde Foncebadon. Lo regenta Juan Carlos Aldonza, un cocinero de moda, que lo mismo te prepara un botillo que te coloca un chuletón. Una gran persona, servicial a más no poder, que siempre tiene la sonrisa en la cara pese al mucho trabajo que tenga. Prepara un caldo que dispara las endorfinas.

Castrillo de los Polvazares

Calle empedrada de Castrillo de los Polvazares.
Calle empedrada de Castrillo de los Polvazares. / VÍCTOR MARQUÉS

Hacia el otro lado, por la Maragatería, en dirección a Rabanal del Camino se llega a Castrillo de los Polvazares. Es un pueblo pintoresco, con calles empedradas y casonas, que se ha puesto de moda por la oferta de cocido maragato en sus numerosos restaurantes. Compuesto por sopa, berza, patatas, garbanzos y siete variedades de carne se acostumbra a comerlo al revés. Es un plato recio que resucita a un muerto. Hace años reconfortaba a los arrieros de la ruta de Astorga a Galicia y proporcionaba combustible a los peregrinos del Camino de Santiago, sobre todo en los duros inviernos. Casa Maruja y Casa Juan Andrés son dos buenas opciones para comer.

El Valle del Silencio

VIsta nocturna del castillo templario de Ponferrada.
VIsta nocturna del castillo templario de Ponferrada. / MAITE BARTOLOMÉ

En dirección a Ponferrada, que merece una visita para recorrer el castillo de los Templarios y su plaza mayor, parten numerosas rutas. Algunas son imprescindibles. He estado varias veces en Peñalba de Santiago, una aldea de los montes Aquilanos, con casas de tejado de pizarra apiñadas junto a su iglesia mozárabe. Merece la pena el paseo hasta la cueva de san Genadio, donde vivió como eremita el obispo de Astorga en el siglo IX. La vistas del Valle del Silencio son espectaculares. La cecina de la única taberna del pueblo es inolvidable. Más abajo está San Pedro de Montes, un monasterio en su día poderoso y hoy casi abandonado. La zona se conoce como la Tebaida Leonesa, en paralelismo con los ermitaños cristianos que se establecieron en el desierto de La Tebaida, en el antiguo Egipto. Los anacoretas supieron elegir, es un valle tranquilo.

Rutas con sabor literario

Casas típicas de Villar del Monte, en la comarca de La Cabrera.
Casas típicas de Villar del Monte, en la comarca de La Cabrera. / C. HERNÁNDEZ

El Bierzo se deja querer. Atrapó a George Borrow, un viajero inglés del siglo XIX. Y a Juan Benet. El Bierzo era su Región, su Macondo, un territorio en el que, como ingeniero de caminos, construyó los canales de Quereño y Cornatel y el pantano de Porma. En la soledad de aquellas largas noches empezó a escribir. Luego llegaron 'Volverás a Región' y 'Herrumbosas lanzas'. Rutas literarias por el valle del Selmo, Oencia y la Peña del Seo, donde se ubica la antigua explotación del wolfram, un mineral que se disputaron los nazis y los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Lo ha narrado muy bien Raúl Guerra Garrido en su novela 'El año del wolfram'. El valle del Cabrera por los embalses del Sil. Puente de Domingo Flórez. La Baña, con un lago que es monumento natural. Una zona perdida. El profesor Ramón Carnicer publicó 'Donde las Hurdes se llaman Cabrera' en el que denunciaba las condiciones de vida de los habitantes de estos pueblos, dejados de la mano de Dios.